DirecciĂłn y guion: Christopher Nolan; ProducciĂłn:Â Syncopy (Emma Thomas y Christopher Nolan); FotografĂa: Hoyte van Haytema; Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Zendaya, Charlize Theron, Lupita Nyong’o, Jon Bernthal, John Leguizamo, Ben Safdie; PaĂs: Estados Unidos, Reino Unido, 2026; GĂŠnero: Aventura; DuraciĂłn: 172 min.
La cĂĄmara se desplaza mostrando el ambiente cargado de un comedor atestado de hombres inquietos, que pretenden la mano de la reina de Ătaca, PĂŠlope (Anne Hathaway). SegĂşn la ley debe tomar esposo ante la falta de noticias de Odiseo (Matt Damon), que partiĂł a la guerra de Troya y lleva desaparecido veinte aĂąos. Su hijo TelĂŠmaco (Tom Holland) hace de anfitriĂłn, ofreciendo cena y alojamiento a los pretendientes en el palacio real, a la espera de la decisiĂłn de la reina, que se resiste a tomar nuevo esposo con toda su inteligencia y habilidades desplegadas para evitarlo. Los ĂĄnimos estĂĄn caldeados y los intrigantes, como un AntĂnoo (Robert Pattinson) cobarde y miserable, acechan y presionan para obligarla âambicionan ocupar el tronoâ mientras los oradores relatan las gestas de Odiseo en la batalla de Troya.
Con esta escena comienza La Odisea de Christopher Nolan, metiendo a los espectadores en el relato clĂĄsico de la Grecia arcaica, que ha llegado hasta nuestros dĂas por ese conglomerado de voces que conocemos bajo la firma de Homero, que parece recogiĂł cantares orales componiendo un legado para la posteridad escrito en versos de poema ĂŠpico. SegĂşn afirma Irene Vallejo en El infinito en un junco fue âun autor cargado de misterio, que es un nombre sin biografĂa, o tal vez el mote de un poeta ciego â el nombre âHomeroâ se puede traducir como âel que no veâ â. Los griegos nada sabĂan sobre ĂŠl y ni siquiera se ponĂan de acuerdo cuando intentaban situarlo en el tiempoâ. Nolan actualiza el relato, lo trae al presente con su propio lenguaje cinematogrĂĄfico, contraponiendo voces que narran, situaciones y hechos, empleando saltos temporales que van conformando la historia desde el punto de vista del propio Odiseo, y desde otros ojos que le conocieron y compartieron con ĂŠl hechos y sucedidos, asĂ como por los relatos de los poetas que traen noticias en forma de gestas y leyendas. Nolan trama la historia como un puzle, en el que va encajando cada pieza para tejer un mensaje que lleva a reflexiones y conexiones pegadas a nuestro tiempo. La primera de ellas, desde estas escenas iniciales en el palacio real de Ătaca, es la del valor de la hospitalidad con los viajeros que llegan a sus costas. Entendiendo la hospitalidad como ley humana que engrandece a aquĂŠllos que la ofrecen y, por el contrario, empequeĂąece a quienes la ofenden.
Odiseo, fabulosamente interpretado por Damon, que llena la pantalla y construye un personaje real, humano, de carne y hueso, tocable, aparece como un ser reflexivo, que hace balance de su vida a la vez que recobra la memoria de su existencia. Calipso (Charlize Theron) se apiada de ĂŠl y tras siete aĂąos de âfelizâ descanso en su amorosa compaĂąĂa, deja de darle adormidera de flor de loto para que recupere su yo y recuerde quiĂŠn es. Y los recuerdos propios del guerrero son terribles y dolorosos âviolamos todas las sagradas convenciones entre las personasâ, porque âquemar los muros de Troya era quemar el mundo enteroâ. Odiseo reniega de AgamenĂłn, que lleva a una guerra infame a los griegos. Usa la excusa del rapto de Elena (Lupita Nyong’o, sin duda la mujer mĂĄs bella del mundo) para conseguir âdominar todas las rutas comercialesâ, que era lo que verdaderamente ansiaba. Y aquĂ Nolan lanza un mensaje directo antibelicista, porque se siguen cometiendo atrocidades y en la actualidad se violan todas las sagradas (y legales) convenciones entre las personas para dominar las rutas comerciales, como hace Trump emprendiendo su guerra ilegal contra IrĂĄn. Hoy quemar Gaza es quemar el mundo entero. AllĂ, un Netanyahu feroz, apadrinado por un Trump absolutamente salvaje, violan todas las sagradas convenciones entre las personas. Por cierto, Trump perfectamente puede estar debajo del atuendo de AgamenĂłn, al que nunca vemos la cara, que lleva oculta con un casco guerrero que se la cubre y una coraza que recuerdan al âCaballero Oscuroâ del propio Nolan, Âżse homenajea a sĂ mismo?
Estos recuerdos que Odiseo va verbalizando ante Calipso con dolor, denotan una enfermedad del alma del soldado que ha vivido demasiadas atrocidades y que ha participado en sanguinarias luchas en las que ha visto morir a propios y ajenos en condiciones terribles. Tal como hoy sucede a los soldados que no terminan de expirar su estrĂŠs postraumĂĄtico. Los cuerpos muertos de los hombres abandonados, de las personas engaĂąadas y masacradas en las guerras, siempre pasan factura. A Odiseo se le aparecen para saldar cuentas y gritar sus agravios en el Hades, retratado como un lugar oscuro y gĂŠlido, magnĂficamente rodado en las arenas negras de Islandia, con una fotografĂa espectacular que sobrecogiĂł a esta espectadora. Fabulosa como siempre la fotografĂa de Hoyte van Haytema para esta pelĂcula.Â
AdemĂĄs del recuerdo del propio Odiseo sobre su periplo para regresar a Ătaca, en la pelĂcula aparecen los relatos ĂŠpicos, que sobre ĂŠl lanzan compaĂąeros de armas como Menelao (Jon Bernthal), esposo de Elena que accede al trono de Esparta al casarse con ella, y que admira la fortaleza, el ingenio y las dotes de estratega de Odiseo.Â
Como decĂa mĂĄs arriba, en la pelĂcula Nolan va tejiendo el relato encajando cada pieza desde diversos lugares y visiones, que se contraponen y enriquecen el cuento. Como en la vida, cada sucedido tiene puntos de vista diversos y, en ocasiones, incluso divergentes, que es mejor conocer para conseguir un friso amplio y contrastado.Â
La pelĂcula tiene una duraciĂłn de casi tres horas. Sin embargo, estĂĄ tan bien contada que el tiempo desaparece, el tiempo no importa. Importa el relato, el cuento, la historia en sĂ, las imĂĄgenes que envuelven con una mĂşsica apropiada para cada escena, la magia de unos paisajes que llenan los ojos y de unas historias fantĂĄsticas, que hacen disfrutar al mĂĄximo en la butaca, como la del episodio del terrorĂfico Polifemo, el mĂĄs famoso de los cĂclopes, un gigante de un solo ojo en medio de la frente, al que Odiseo ciega y humilla. En la intimidad que proporcionan la oscuridad y el silencio compartido en una sala de cine, este film es tambiĂŠn un peliculĂłn de aventuras contado con toda la grandeza y la ĂŠpica de las grandes obras del sĂŠptimo arte.Â
Hay mucho saber cinematogrĂĄfico puesto al servicio del arte de contar en imĂĄgenes, que es el CINE, en La Odisea de Nolan. Una pelĂcula rodada con cĂĄmaras IMAX y en localizaciones hechas en seis paĂses (Escocia, Malta, Islandia, Marruecos, Grecia e Italia), con un presupuesto de 250 millones de dĂłlares. Pero, eso sĂ, rodada con elementos y usos clĂĄsicos, y con tĂŠcnicas como la de la perspectiva forzada, que se empleĂł en la batalla contra el ejĂŠrcito de gigantes de los Lestrigones, para evitar recurrir a imĂĄgenes creadas de forma digital. El resultado es fabulosamente real. Con curiosidades como que a Matt Damon lo doblĂł una especialista de acciĂłn para las escenas de riesgo de 1,37m de estatura, Devyn Dalton, de la que el actor afirmĂł que âtenĂa los mejores brazos que he visto en mi vidaâ. En el rodaje, Odiseo y sus hombres son un ejĂŠrcito de especialistas de baja estatura, que frente a actores enormes de mĂĄs de dos metros ârepresentando a los Lestrigonesâ con esa perspectiva forzada se ha conseguido una escena ĂŠpica, propiciando que se multiplique el tamaĂąo de los segundos como gigantes de mĂĄs de tres o cuatro metros. Magia pura. Â
Mirada feminista
Para completar todo lo dicho, cabe hacer tambiĂŠn una lectura feminista a la pelĂcula de Nolan. Es necesario âpor mucho que me haya gustado la pelĂcula, que me ha encantadoâ seĂąalar que la cultura patriarcal tambiĂŠn estĂĄ presente en esta narraciĂłn. En el relato homĂŠrico es obvio, ya que los griegos excluĂan a las mujeres. Sin embargo, no lo es tanto en la narraciĂłn cinematogrĂĄfica que nos ocupa, en la que bien se podrĂa haber dado mĂĄs peso propio a los personajes femeninos que aparecen. Y esto es necesario seĂąalarlo siempre, para que se tenga en cuenta a la hora de ver un producto cultural, el que sea. TambiĂŠn este.Â
El peso de la narraciĂłn lo llevan personajes de gĂŠnero masculino, como sucede, por otra parte, en la mayorĂa de las pelĂculas de Nolan. De hecho, no creo que tampoco esta pelĂcula pase el test de Bechdel. Las mujeres que aparecen siempre estĂĄn subordinadas al peso que tienen ellos y sus circunstancias. Entre los personajes femeninos que aparecen, no tienen ninguna conversaciĂłn que no tenga a un hombre como tema central. Atenea, que en el film parece una especie de âconcienciaâ del propio Odiseo. Aparece siempre junto a ĂŠl cuando reflexiona, pero apenas tiene voz, simplemente la diosa aparece a su lado, escucha y asiente, pero ni se la nombra; Calipso, que todo el rato dialoga con ĂŠl, con el hĂŠroe, sobre ĂŠl y sus circunstancias, intuimos sus sentimientos, pero se los traga con generosidad y se aparta para permitir que ĂŠl siga su camino; Circe, que aparece en un principio como una vengativa bruja, pero que no es mĂĄs que un ser que actĂşa por miedo y se defiende con sus propias herramientas de los hombres y sus violencias. Dialoga con Odiseo en una escena de convencimiento, que queda un poco pobre de argumentos; Elena, cuya belleza desatĂł una guerra. Por cierto, y hago un inciso, un personaje que ha levantado las iras de fascistas de la hegemonĂa blanca, como Elon Musk, que desatĂł una campaĂąa contra la pelĂcula porque la actriz que la interpreta, Lupita Nyong’o, es negra. Como si supiĂŠramos como era Elena de Troya, mĂĄs allĂĄ de las recreaciones colonialistas fijadas a partir del siglo XIX, donde lo âblancoâ era sĂmbolo de belleza y de pureza. En la pelĂcula su papel tambiĂŠn estĂĄ subordinado al de los hombres y sus ânecesidadesâ; y, por Ăşltimo, PenĂŠlope, que tambiĂŠn toda su realidad gira en torno âa ser la mujer deâ, ligada a Odiseo y obligada a una espera que parece eterna, sin final. Este personaje, sin embargo, tiene algo de voz propia, que en esta ocasiĂłn salva un poco a Nolan. PenĂŠlope contesta a su hijo TelĂŠmaco, que la quiere obligar y la quiere mandar imponiĂŠndole una serie de actos para poner fin al impasse y poder optar al trono, âtengo una experiencia de veinte aĂąos gobernando sola, Âżpor quĂŠ no puedo ocupar yo el trono? ÂżPor quĂŠ soy una mujer?â y se sigue contestando, âen este mundo los hombres hacen lo que quieren, yo hago lo que puedoâ. Â
Por todo lo expresado, contando tambiĂŠn con estas Ăşltimas consideraciones con mirada feminista que enriquecen el anĂĄlisis, recomiendo La Odisea de Nolan porque es un film singular, esplĂŠndido, ĂŠpico, que aborda la epopeya de Odiseo para regresar a Ătaca tras la batalla de Troya, desde un lugar que tiene conexiĂłn con el momento actual. Y lo hace con un lenguaje y un mensaje que conecta con el presente. TambiĂŠn porque es un producto cinematogrĂĄfico que hace disfrutar.
El film no elude la crĂtica al hecho polĂtico de la acogida a los viajeros que vienen, tan actual. Tampoco elude la crĂtica al hecho atroz, de raĂz puramente econĂłmica de apropiaciĂłn y control que suponen las guerras, las inhumanas guerras, dominadas siempre por el afĂĄn de lucro de unos pocos. Lo hace desde la reflexiĂłn y la medida de un hombre, Odiseo, abrumado por los acontecimientos que ha desatado con su ingenio. Unos acontecimientos que traerĂĄn dolor, porque pueden desatar la locura generalizada que provoca saltarse todas las normas. No hay nada mĂĄs peligroso que un mundo en el que los acuerdos y las convenciones saltan por los aires, quedando âexpuestos a las hordas que vienen del marâ.Â
De la pelĂcula de Nolan me llevo, asimismo, imĂĄgenes espectaculares, que son autĂŠnticas metĂĄforas, como el momento en el que en un mar embravecido aparece un grupo de delfines saltando en medio de las aguas, una imagen rodada de forma real y con la suerte inmensa de captar y registrar ese regalo de la naturaleza para nuestros ojos; o como esa visiĂłn onĂrica del inmenso y magnĂfico Caballo de Troya medio sumergido en la arena al albur de las olas de la orilla, una bellĂsima pero peligrosa y mentirosa ofrenda a Atenea, que abriĂł la puerta para destruir Troya; o la oscura, lĂşgubre y desesperada escena del Hades, con esa tonalidad de ponzoĂąa que provoca la corrupciĂłn y la podredumbre de la que somos capaces los humanos. TambiĂŠn me llevo la imagen de Odiseo atado al mĂĄstil de su barco escuchando el terrible canto de las sirenas, una tortura insoportable pronunciada en una metĂĄfora que puede golpear la cabeza de cualquier persona como golpea la del propio Ulises: âEl canto de las sirenas es el canto de todas las promesas que no pude cumplirâ.Â
Vayan al cine, vean La Odisea. Dialoguen y piensen, porque pensar es el acto Ăntimo que mejor nos define como seres humanos.
