En 1848, William Thomson Kelvin propuso una nueva escala de temperatura. En kelvin, el cero es un cero absoluto. Tan absoluto, que no existe siquiera el calor que pueda desprender el movimiento molecular. Todo estĂĄ detenido, todo parado. Sin vida. La polĂtica espaĂąola se encuentra prĂłxima al cero kelvin. Si busca la polĂtica, eso que consiste en negociar, ceder, acordar, condicionar con el propĂłsito de hacer mejor la vida de los ciudadanos, ya le digo que frio, frio. Pablo Iglesias estĂĄ detenido en sus posiciones o cargos. Rivera ni existe. Solo hace el vacĂo de una polĂtica vacua. Se tapa los ojos y dice, âno estoyâ. No estoy con Vox, aunque estĂŠn ahĂ. No estoy para acuerdos con SĂĄnchez, ni para nada que no sea yo. Ciudadanos es una casa desnuda camino de convertirse en una casa tomada (a lo CortĂĄzar) que expulsa a quienes la habitaban. Casado tiene tal descomposiciĂłn electoral que no se atreve polĂticamente ni a toser.
ÂżQuĂŠ le queda a SĂĄnchez en una situaciĂłn donde el peso polĂtico del entorno se mantiene en una dieta de 0 calorĂas? Rivera, en un discurso lo reconocĂa sin vergĂźenza alguna. Destacaba que en el caso de que SĂĄnchez fuese presidente, no lo serĂa para cuatro aĂąos y sĂ para diez. Y esa es la verdad. El Ăşnico objetivo es que no sea. O lo liquidan ahora, o despuĂŠs ya es tarde. Valga Borrell como ejemplo, puestos a hacer polĂtica. Lo de Rivera no es trabajo, es personal. En el caso de Iglesias, escapa a cualquier comprensiĂłn. Hacer polĂtica no serĂĄ repitiendo la misma que hizo tras las elecciones de 2015.
Ya desde 2011 los ciudadanos espaĂąoles estĂĄn en crisis con sus representantes. Especialmente con los polĂticos que no hacen polĂtica. Aquellos que de polĂticos solo les queda el cargo, la apariencia, la figura y el coche oficial. El estar ahĂ. Desde este lado, es abrumador sentir el desprecio de los lĂderes polĂticos que dicen han recibido el mandato de una mayorĂa social, de los lĂderes polĂticos que son fedatarios de valores fuera de este mundo, de los lĂderes polĂticos del âporque yo lo valgoâ. Se pueden arrojar los dados electorales mil veces. Con estos jugadores de fortuna, ya se sabe quiĂŠn pierde: la democracia.
En âEl quimĂŠrico inquilinoâ, Polanski describe la escena de un personaje que se arroja por la ventana. Tras caer al suelo, y malamente herido, se arrastra con gran dolor y sufrimiento por la acera, por las escaleras, sube a su casa y con un gran esfuerzo, se incorpora para arrojarse nuevamente por la ventana. No puedo dejar de pensar en ello cada vez que veo como Iglesias y Rivera nuevamente buscan una ventana electoral. AsĂ, sin mĂĄs.
No hace mucho la noticia fue que los espaĂąoles, a partir de ese dĂa, trabajaban para ellos y no para pagar impuestos. No la entiendo. Queda completamente fuera de mi marco cognitivo. Los impuestos pagan la seguridad pĂşblica, la atenciĂłn mĂŠdica, la formaciĂłn en las escuelas, el socorro de los bomberos, las pensiones de los ancianos, la protecciĂłn de los desempleados, las carreteras, las calles y las aceras, los parques y alumbrados. Todo eso que nos dieron los romanos y ahora los impuestos. No sĂŠ quĂŠ harĂĄ cada cual con su dinero, ni me importa. SĂ a lo que se dedicarĂĄn las recaudaciones de los primeros meses del aĂąo: a todo lo que importa y llaman estado de bienestar.
