España necesita estabilidad y un Gobierno fuerte lo antes posible. Para poder lograrlo, se ha dado el primer paso: fijar la fecha para el debate de investidura. Este debate, para elegir al presidente del gobierno, se celebrará en primera sesión los días 22 y 23 de julio. Como señala el artículo 99 de la Constitución:

«Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.

Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.

Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores.

Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.”

Ese día 22 de julio, Pedro Sánchez, expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretende formar y solicitará la confianza de la Cámara. Y es aquí, donde empiezan los problemas. Puesto que el presidente en funciones todavía no cuenta con los votos necesarios para ser reelegido.

La buena noticia es que, una vez fijada la fecha, quedan veinte días para lograr acuerdos que lleven a la reelección de Pedro Sánchez como presidente del gobierno. Única alternativa posible para formar gobierno frente a tanta alianza del no. Única alternativa a una repetición electoral que sería un fracaso colectivo. Pero, sobre todo, una irresponsabilidad democrática de los líderes de la oposición, que les tendría que inhabilitar para seguir en sus puestos.

Como todo pasa tan deprisa, hay que recordarlo una y otra vez. El pasado 28 de abril, los españoles decidieron que el PSOE con 7.480.755 millones de votos y 123 diputados fuera el partido político que liderara el gobierno de España los próximos años. El mandato que dieron fue claro: queremos un gobierno cuya agenda esté marcada por el objetivo de aumentar el bienestar y los derechos de los habitantes de este país, desde unas políticas socialdemócratas, europeístas y moderadas, que preparen a España para retos como la robotización, el cambio climático, la equidad y la justicia social.

El día 23 de julio, los españoles, que estamos un poco saturados de la teatralización constante de cada acto por parte de los partidos de la oposición, veremos que partidos están porque España avance y que partidos priman más sus intereses particulares que los de los españoles.

Los ciudadanos han ido a las urnas de manera masiva y han decidido que quieren un gobierno del PSOE. Y los líderes de los partidos que no han obtenido la confianza mayoritaria de los españoles, tienen que asumir donde les han colocado tras los distintos procesos electorales y el nuevo papel político que les han dado, para los próximos años, con esos resultados.

El PP de Casado, cree que si se bloquea la elección del presidente del Gobierno y hay nuevas elecciones les irá un poco mejor a ellos, con unos cuantos diputados más frente a Ciudadanos. Se olvidan de que el PSOE se abstuvo para que el PP pudiera formar gobierno. Y lo hizo, mirando por el bienestar de los españoles y sin importarle las consecuencias que para el propio partido tuvo esta decisión.

Ciudadanos. ¿Qué decir de Ciudadanos? ¿Qué decir de su líder, que se niega a reunirse en la Moncloa con el presidente del gobierno? Sus divisiones internas, su viaje a la derecha y sus ansias de poder a toda costa evidencian que no encuentran ni el lugar, ni el discurso ni los equipos que le puedan reflotar una dañada imagen que se empeñan en empeorar con sus propias acciones. Mientras, el 70 por ciento de los votantes de Ciudadanos quiere que su partido facilite la investidura de Pedro Sánchez, según la encuesta de Sigma Dos.

Por último, Unidas Podemos. Los que hablaban de casta y de elites contra los de abajo se han cegado y encelado con los sillones. Están en todo por un sillón para su líder. No son conscientes que tienen muy difícil explicar porqué anteponen sus ansias de poder a la investidura de un presidente de gobierno que va a realizar políticas que mejoren la vida de los españoles a los que dice Unidas Podemos que representa. Lo hicieron una vez, pero una segunda vez los llevaría a la irrelevancia y la ruptura.

Ante este panorama, lo bueno desde un punto de vista democrático y de bienestar para los españoles, es que, ya que no hay otra alternativa posible a un gobierno del PSOE, los demás grupos parlamentarios faciliten la investidura del presidente con su abstención. Después, desde el diálogo y en la oposición, que cada uno desarrolle su función constitucional mirando por el mejor presente y futuro para los españoles.

Lo ha dicho el presidente del Gobierno, «España no se puede parar, no se debe parar. España necesita un Gobierno en el mes de julio, no en agosto, en septiembre, en octubre. Necesitamos tener presupuestos, desarrollar políticas de reconstrucción de derechos. No están bloqueando al PSOE sino la voluntad mayoritaria de los españoles».