En estos dÃas nos ha dejado un canario excepcional, mi compañero de partido Jerónimo Saavedra. Coincidimos como profesores de la Facultad de Derecho de La Laguna a principios de los setenta del pasado siglo, y aquel fue el lugar donde compartimos ideas polÃticas y donde desplegamos, en muchas ocasiones en común, actividades aun clandestinas de lucha por la democracia.
Fue de Jerónimo de quien recibà uno de los dos avales, entonces imprescindibles, para entrar en 1973 en el PSOE, partido al que hemos seguido perteneciendo en los siguientes cincuenta años. He sido testigo, por ello, de su entrega al socialismo democrático, de su talla polÃtica y de su plural personalidad intelectual (recuerdo especialmente su pasión por la música clásica).
En los primeros años compartimos liderazgo en el socialismo canario. Saavedra arraiga en su isla natal, Gran Canaria, y yo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Esta circunstancia nos llevó a encabezar las candidaturas del PSOE al Congreso de los Diputados en sendas provincias en la Legislatura constituyente y en las siguientes. En la proyección exterior del socialismo canario Jerónimo formó parte de la Comisión ejecutiva federal de la UGT y yo de la del Partido. Este reparto de papeles no fue tanto producto de un acuerdo sino fruto de la forma en que evolucionaron los hechos. Recuerdo que a finales del verano de 1976 decidimos celebrar en Gran Canaria el primer Congreso del Partido en Canarias, en el que saldrÃa elegido Secretario General Jerónimo, y en Tenerife un mitin de Felipe González. Ambos actos pudieron finalmente celebrarse, recién legalizada nuestra organización, en marzo de 1977.
Pero en esta hora del recuerdo yo quiero referirme particularmente a una de las tantas tareas que asumió en su dilatada carrera polÃtica, la que mejor conozco y una de las que más valoro: su participación decisiva en la preparación de lo que llegarÃa a ser la Comunidad Autónoma de Canarias.
Tanto a nivel nacional como canario los socialistas siempre tuvimos claro la necesidad de estructurar el Estado en un marco federal, que dotara de amplios poderes, también legislativos, a las unidades territoriales españolas. Jerónimo luchó siempre a favor de un proyecto regional para Canarias, frente al planteamiento biprovincial que sostenÃan las autoridades locales y los representantes de los intereses económicos del Archipiélago. Fue éste un disenso que mantuvimos con el centro derecha democrático (UCD) hasta poco antes de la aprobación del Estatuto de AutonomÃa.
Años antes, en 1971, Saavedra, como secretario del Instituto Universitario de la Empresa (IUDE) promovió la celebración de unos seminarios sobre el REF, asunto muy debatido entonces ante el proyecto del Gobierno franquista para la aprobación de una Ley en la materia, que se venÃa tramitando con el secreto y falta de participación propios de la dictadura.
Fruto de aquellos seminarios fue el conocido desde entonces como Estatuto del IUDE, del que bajo la coordinación e impulso de Jerónimo fuimos ponentes Gumersindo Trujillo, Antonio González Viéitez, Antonio Carballo Cotanda y yo mismo. Se presentó públicamente en los primeros dÃas de diciembre de 1971. El Estatuto del IUDE integraba un modelo de régimen especial (económico y fiscal) para Canarias, pero fue además y sobre todo un adelanto del Estatuto de AutonomÃa, apurando al máximo la vigente legalidad de régimen local, y estableciendo un Consejo Regional de elección directa por los ciudadanos (embrión del actual Parlamento de Canarias), unas instituciones del poder ejecutivo archipielágico y algunos otros órganos que configuraban un modelo de lo que doce años más tarde constituirÃa la Comunidad Autónoma.
Cuatro años después (1975) coincidà con Jerónimo en la redacción de un Esquema de Estatuto de AutonomÃa de Canarias, asumido por el PSOE y por el Partido comunista; y, ya bajo la vigencia de la Constitución, en la preparación y aprobación en las Cortes del Estatuto de AutonomÃa.
Esta vocación y dedicación autonomista serÃa luego coronada por su participación en la Junta de Canarias, y más tarde en las dos presidencias que desempeñó del Gobierno de Canarias.
Por lo demás, no quiero concluir estas lÃneas de recuerdo de mi compañero Jerónimo sin mencionar su paso por la AlcaldÃa de Las Palmas. Como municipalista celebré este postrero compromiso con su ciudad natal, broche dorado de su dilatada entrega al servicio público.
