El intelectual contrarrevolucionario germano-austriaco Friedich Gentz (1764-1832) escribió que el sistema de la Santa Alianza se había construido como una federación de las principales potencias del continente y donde las potencias de segunda, tercera y cuarta clase “se someten en silencio, y sin ninguna estipulación previa, a las decisiones tomadas unitariamente por los poderes preponderantes” (apund Hans J, Morgenthau: La lucha por el poder y por la paz, Buenos Asures, 1963, pág. 609). ¡Si lo sabría aquel asesor de Metternich que seguramente estudiaría con el Canciller austríaco la manera de invadir la España constitucional en 1823 por decisión de la Santa Alianza! Un siglo después, Europa conocería los intentos de Alemania y de Italia de someter Estados singulares (España, Austria, Checoslovaquia, Albania, Polonia….) cuyo carácter voraz desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el nuevo equilibrio de poder entre dos bloques se hundió en 1989. Tras la caída del bloque soviético se implantó un nuevo orden internacional basado en el multilateralismo, que Trump y sus aliados en Europa han venido a quebrar.

Es importante recordar estos antecedentes históricos para entender lo que ha ocurrido en la Conferencia de Seguridad de Múnich el pasado fin de semana y el significado de la intervención del Presidente del Gobierno español en ese foro. Por eso interesa analizar: a) la intervención del Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio; b) la reacción de los principales gobernantes europeos ante el discurso de Rubio; y c) el problema específico del rearme nuclear.

a) La intervención del Secretario de Estado de Estados Unidos. Las crónicas de los enviados especiales de El País (Marc Basset y Andea Rizzi), de La Vanguardia (María-Paz López) y de Le Monde (Elsa Conessa, Claude Gatinois y Philippe Ricard) han proporcionado información precisa acerca de cómo se ha desarrollado la reunión de este foro, en relación a la del año pasado, cuando acudió el Vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance (véase Daniel R. Caruncho: “El día en que Vance incendió Munich”, La Vanguardia 14 de febrero de 2026). En 2026 Rubio no se ha mofado de Europa ni ha hecho propaganda de extrema derecha, pero el contenido del discurso ha sido similar al del Vicepresidente Vance: contra la inmigración “masiva” (algo sabe su Gobierno de cómo afrontarla), contra la política social de la Unión (lo que la derecha no ha conseguido debilitar del Estado social) y contra las políticas climáticas (también acabamos de verlo en Estados Unidos). Es decir, sin ningún respeto a la soberanía de los Estados de la Unión y de la propia Unión, Rubio desplegó el programa ideológico del trumpismo, que es el mismo que el de la extrema derecha que ya va comprando el Partido Popular Europeo y sus partidos nacionales.

No contento con desplegar su ideología antieuropea y contraria al Estado social, Rubio se trasladó desde Múnich a Budapest a dar el apoyo electoral de Trump a Orban que afronta unas elecciones legislativas difíciles. Como acabo de apuntar, hace unos años tal injerencia estadounidense en las elecciones de un país europeo habría sido un escándalo comunitario, no sólo nacional, una maniobra que se consideraría una agresión, pero hoy ya nada sorprende ni escandaliza a nadie.

En todo caso, la “educada” intervención de Rubio es otro ejemplo de la cruzada ideológico-estratégica de Trump, que pretende someter en silencio y sin ninguna estipulación previa, como diría Friedich Gentz, a los Estados europeos. Es, en realidad, una forma sutil de golpe de Estado, que pretende desmantelar el modelo político-constitucional europeo asentado a partir de 1945. ¿Se puede parar esta cruzada autoritaria?

b) La reacción de los principales gobernantes europeos ante el discurso de Rubio. Según El País y La Vanguardia, von der Leyen se tranquilizó mucho ante el discurso de Rubio y Rutter explicó que ese discurso señalaba la unidad dentro de la OTAN. Hace unos años el discurso de Rubio habría parecido una provocación y una agresión contra el Estado social y democrático de Derecho. Ahora, dos de los aliados de Trump en Europa (Rutter y von der Leyen, pues el tercero, Starmer, se ha callado esa vez) aplauden a su mentor y hasta se tranquilizan. Entiéndase la gravedad de la respuesta de Rutter y von der Leyen: que la Primera Ministra italiana o el de Hungría aplaudan al enviado de Trump es lo esperable, porque son de extrema derecha y así aparecen ante la opinión pública de sus países. Pero que se plieguen ante Estados Unidos políticos conservadores es muy preocupante, tan preocupante como la orientación trumpista de Díaz Ayuso. ¿A qué juegan? ¿Todavía son demócratas o ya han pasado el límite y han asumido el modelo autoritario de Trump?

Por eso es de agradecer la intervención del Presidente Sánchez, que no sólo no plegó su discurso al trumpismo dominante, sino que introdujo una reflexión útil sobre la cuestión del rearme nuclear, que Rutter, siguiendo órdenes de Trump, ha planteado torticeramente.

c) El problema específico del rearme nuclear. En un foro eminentemente conservador no ha de extrañar que afloren los temas de la agenda ultraconservadora de Washington. Por eso tenía que debatirse tanto el aumento del cinco por ciento del gasto militar, como el renacido problema del rearme nuclear. Ambas materias se han convertido en vectores del programa expansivo de Trump con sus aliados y la capacidad de Washington para imponer sus consignas es formidable: a pesar de que cualquier persona informada entiende que la presión estadounidense por el cinco por ciento del gasto militar en el seno de la OTAN es una maniobra para aumentar las ventas de material militar en Europa, incluso personajes lúcidos caen en la trampa ideológica de Trump y compran y defienden esa mercancía averiada, como se ve en la entrevista que El País publicó el 13 de febrero al antiguo Primer Ministro danés y antiguo Secretario General de OTAN, Anders Rasmussen, quien calificó de “falta de solidaridad” la negativa española de llegar al cinco por ciento de gasto militar. Un ejemplo de cómo la ideología trumpista va calando en la opinión pública e incluso en las élites progresistas.

Con ese panorama belicista, el Presidente Sánchez participó en el panel “Fotifying the Foundation of Trasatlantic Security”. Días antes, el Presidente español había participado en el Consejo Europeo de Alden Biese (Bélgica) que fue precedido de una reunión organizada por Alemania e Italia en la que el Presidente español fue excluido. En Múnich, Pedro Sánchez fue el único gobernante que no se dejó arrastrar por la ideología belicista del rearme nuclear para explicar las cosas con sentido común: con el pretexto de fortalecer a Europa frente a la defección estadounidense, algunas potencias comunitarias han hecho renacer la doctrina del rearme nuclear de los años cincuenta, que entonces podía tener alguna utilidad en la Guerra Fría, pero que comportaba no sólo riesgos militares, sino un desmesurado desembolso presupuestario que limitaba el gasto social. Pero, además, explicó el Presidente español, olvidando las enseñanzas del pasado, las potencias nucleares están volviendo a ampliar sus arsenales nucleares con un gasto desmesurado. Todo ello frente a la opción multilateral, hoy tan olvidada en la orilla americana del Atlántico.

Entre las obras clásicas de las relaciones internacionales, la del politólogo checo-estadounidense Karl W. Deutsch, Análisis de las relaciones internacionales, es un texto especialmente lúcido, donde se explica la espiral de la escalada de los conflictos y cómo una guerra nuclear con empleo de armas tácticas puede degenerar en una guerra generalizada (México, D. F., 1990, págs. 249-254). Ese es el mensaje que subyace en la intervención de Pedro Sánchez en Múnich: el rearme nuclear conduce a la destrucción mutua o a la ruina presupuestaria a costa de reducir servicios sociales. Y evidentemente, sólo beneficia a la industria armamentística, especialmente a la de Estados Unidos.

Éste es el mensaje del Gobierno español a los países comunitarios. Para la derecha y sus medios de comunicación, otra señal de aislamiento (“una soledad imprudente”, editorial de ABC, 16 de febrero de 2026; “Sánchez agudiza su lejanía de los líderes de la UE”, El Mundo, 16 de febrero de 2026), pero, en realidad, un punto de referencia distinto en un mundo donde las cabezas de las organizaciones internacionales (von der Leyen, Rutter) y muchos gobernantes de derechas y muchos empresarios se han plegado a la presión de Estados Unidos y se han convertido en aliados de una política de opresión y de violencia.

En España esa presión, ese vasallaje, se va notando sutilmente. Por ejemplo, hace unos días El Mundo lanzó un inquietante globo sonda: algunas empresas están presionando para que el Rey de España acuda a visitar a Trump. La noticia ha pasado bastante desapercibida, pero su trasfondo es muy serio porque denota una marea subterránea que quiere que España se pliegue y acuda a arrodillarse ante Trump como han hecho otros gobernantes, a mostrar su sumisión. Que en España haya empresas y empresarios que cierren los ojos ante la degradación de la democracia en Estados Unidos y ante el desprecio del Derecho Internacional, no ha de extrañar, visto cómo se han entregado a Trump von der Leyen, Rutter y Starmer. Pero que no intenten que España acuda a postrarse ante el autócrata. Por eso es tan importante que el Gobierno de Sánchez muestre su independencia y una visión más ajustada al Derecho Internacional y al multilateralismo.