El debate polĂtico libre, abierto y plural constituye una de las condiciones bĂĄsicas para el funcionamiento de una democracia de calidad.
El encuentro y el entendimiento, ademĂĄs, resultan imprescindibles en un escenario de representaciĂłn polĂtica fraccionada como la actual en EspaĂąa, sin mayorĂas claras y estables.Â
Para hacer polĂtica, es decir, para organizar el espacio pĂşblico compartido conforme al interĂŠs general, hay que hablar, argumentar, entenderse y acordar en lo posible.Â
Y el debate polĂtico puede ser mĂĄs o menos crudo. El uso y abuso de los adjetivos, la hipĂŠrbole incluso, forman parte del juego democrĂĄtico, y es la ciudadanĂa la que ha de juzgar y responsabilizar a cada cual en su ponderaciĂłn y en su exageraciĂłn.
Interpretar los hechos y los datos de la realidad con cierto sesgo, y argumentar de manera tendenciosa, son herramientas habituales en la comunicaciĂłn polĂtica que, sin embargo, es preciso contener dentro de los lĂmites de la ĂŠtica elemental.Â
Todo esto entra dentro de lo que podemos considerar opinable, cuestionable, pero lĂcito.Â
Lo que no es lĂcito es mentir. Ăltimamente se miente mucho en el debate polĂtico. Y normalizar la mentira en el debate polĂtico deteriora gravemente la calidad de la democracia, la convivencia incluso.Â
Durante la Ăşltima semana se ha acusado abierta y literalmente al Gobierno de haber indultado a los presos independentistas. Se ha asegurado que el Gobierno negocia la amnistĂa de estos presos a cambio del apoyo a los presupuestos. Se ha denunciado que la ausencia del Rey en un acto judicial en Barcelona responde a una falaz claudicaciĂłn ante las exigencias soberanistas.Â
TambiĂŠn se ha dicho y se ha escrito que el Gobierno acerca presos de ETA como contraprestaciĂłn por supuestos favores polĂticos de Bildu.Â
Y todo esto no es una interpretaciĂłn tendenciosa de los hechos, ni una argumentaciĂłn sesgada, ni una exageraciĂłn. Es mentira. La mentira como arma polĂtica.Â
TambiĂŠn mienten algunos independentistas. El presidente Torra, sin ir mĂĄs lejos, miente cuando denuncia que estĂĄ siendo juzgado âpor poner una pancartaâ. Falso. EstĂĄ siendo juzgado por juego sucio en una campaĂąa electoral, por valerse de su condiciĂłn institucional para obtener ventaja espuria frente a sus adversarios polĂticos. Y por no atender los requerimientos del Estado de Derecho cuando le exigĂan una rectificaciĂłn.Â
Se miente cuando se trata de instrumentalizar a la monarquĂa contra el Gobierno progresista. Se miente con dolo, porque el comportamiento del Gobierno es absolutamente irreprochable en la defensa del papel institucional representativo del Rey. Y se miente con peligro para la propia monarquĂa, porque nada hace mĂĄs daĂąo al prestigio del monarca que el intento de apropiaciĂłn de su figura por una parte del espectro polĂtico.Â
Mienten quienes insisten en que la propuesta del Gobierno para liberar 14.000 millones de euros en remanentes municipales consiste en un âroboâ, una âincautaciĂłnâ o una âexpropiaciĂłnâ a los Ayuntamientos. Porque la propuesta del Ministerio de Hacienda era la Ăşnica jurĂdicamente viable y, ademĂĄs, era de aplicaciĂłn voluntaria.Â
Y engaĂąan dolosamente quienes acusan al CIS, una y otra vez, de manipular datos. Lo hacen sin pruebas, porque no existen. Y lo hacen con la intenciĂłn manifiesta de deteriorar la credibilidad de una instituciĂłn pĂşblica, autĂłnoma, que actĂşa con criterios puramente cientĂficos, y para dar cobertura a sus propios encuestadores privados, estos sĂ sumisos al interĂŠs del pagador.Â
La libertad de expresiĂłn es parte fundamental del elenco de derechos fundamentales en una democracia. Y hay que defenderla siempre, hasta el final.Â
Pero esa misma libertad de expresiĂłn nos faculta para seĂąalar y denunciar el uso deleznable de la mentira como arma polĂtica.
