En el mundo actual, cada vez mĂĄs multipolar (o multilateral, segĂşn se quiera), las alianzas (estables o flexibles) ya no son lo que eran, no ya durante la guerra frĂa, sino en la etapa unipolar corregida que la siguiĂł.
En el hemisferio occidental, esta percepciĂłn es menos sentida, porque la OTAN (alianza euro-norteamericana) no ha dejado de crecer, en tamaĂąo y en poder, aunque haya atravesado por momentos de zozobra, de âcrisis de utilidadâ o de cierta parĂĄlisis (âmuerte cerebralâ, que dijera Macron, tan aficionado al aparente franc-parleur). La guerra de (en) Ucrania le ha insuflado nueva vida a la OTAN, dicen sus benignos exĂŠgetas. No hay nada mejor para una alianza polĂtico-militar que una exhibiciĂłn de fuerza de su adversario. Y ĂŠste, Rusia, ha concedido una oportunidad excelsa, aunque, para ser rigurosos, la OTAN no dejĂł de crecer durante los aĂąos en los que desde el Kremlin se pretendĂa la reconciliaciĂłn con Occidente.
En el otro hemisferio, en el oriental, las alianzas nunca fueron tan duras o tan sĂłlidas, ni siquiera durante la guerra frĂa, salvo en la fase de congelaciĂłn de los aĂąos 50 (momento ĂĄlgido: la guerra de Corea). El deshielo fue largo y discontinuo. Incluso durante las guerras de Oriente Medio, las dos superpotencias cooperaron para evitar males mayores, eso que se conoce como escalada, es decir el riesgo de mundializaciĂłn de un conflicto bĂŠlico; o en tĂŠrminos cualitativos, de nuclearizaciĂłn, lo que implicarĂa el alto riesgo de destrucciĂłn planetaria.
ASIA NUNCA FUE COMO EUROPA
Tras esa seĂąalada fase de congelaciĂłn, la clave de diferenciaciĂłn entre los dos hemisferios residĂa en la diferencia en el sistema de equilibrios. En Europa estaba sustentado en dos patas; en Asia, en tres, una vez consumado el cisma comunista. Estados Unidos jugĂł la carta china para forzar a la URSS a avenirse a ciertos pactos en Europa y en el otrora Tercer Mundo (ahora Sur Global). MoscĂş y PekĂn competĂan por imponer su relato revolucionario en los paĂses marginados /esclavizados por el capitalismo. Pero la ecuaciĂłn no era tan sencilla como se puede deducir de la afirmaciĂłn anterior.
En Vietnam, durante la agresiĂłn norteamericana, ambos paĂses cooperaron o defendieron al mismo bando: Vietnam del Norte y la guerrilla del Vietcong en el sur. Cada cual, en funciĂłn de sus intereses, naturalmente, pero en contra de los designios de Washington. El acercamiento chino-norteamericano, iniciado hace 50 aĂąos, coincidiĂł con la fase agĂłnica de esa guerra, en la que Washington blandĂa con una mano la diplomacia con la otra los bombardeos de alfombra de los campos y el minado de los puertos vietnamitas. Aquellos aĂąos demostraron que las consideraciones ideolĂłgicas siempre terminan sometidas a los poderes que dominan las naciones. No hemos aprendido la lecciĂłn.
Asia es ahora el teatro de un mundo multipolar, donde las alianzas (o pactos, o ententes, o acuerdos) rĂgidas son apenas una rareza o una excepciĂłn. Lo que domina es la multilateralidad, es decir, la alineaciĂłn flexible, segĂşn las condiciones (1). Aparentemente, todo parece ordenado en funciĂłn del crecimiento de China hacia el liderazgo (Âżcompartido?) mundial. El libreto occidental dice que âhay que temer a Chinaâ, o âdesconfiar de Chinaâ. A todo diagnĂłstico debe seguir un tratamiento, pero se ha tardado en elaborar la prescripciĂłn. Los mĂĄs radicales (o lo mĂĄs irreflexivos) han presionado a favor del decoupling (el desacople de las economĂas respectivas), para no verse condicionado por la dependencia de las cadenas de suministros en el trĂĄfico comercial. Se trataba de una estrategia suicida. La URSS sĂłlo representaba el 1% de los intercambios comerciales y econĂłmicos de Occidente. China es un cliente imprescindible. Por tanto, se ha terminado por renunciar al decoupling en beneficio del derisking. Dicho en castellano, eliminar los riesgos de la cooperaciĂłn. Se tratarĂa, simplemente, de eliminar el intercambio de bienes y servicios que puedan ser susceptibles de debilitar la seguridad de Occidente y sus aliados regionales, es decir, los de âdoble usoâ (civil, pero tambiĂŠn militar), o que puedan acrecentar la capacidad tecnolĂłgica de China, lo que redundarĂa tambiĂŠn en el refuerzo de su poderĂo militar. En eso se estĂĄ: una cuadratura del cĂrculo.
La operaciĂłn es compleja, porque las potencias medianas de Asia temen y a la vez necesitan a China. Temen lo que perciben como amenaza militar, con sus fortificaciones, despliegues, el crecimiento de sus fuerzas navales en el Mar del Sur de China y su negativa a reconocer los dictĂĄmenes de las convenciones internaciones sobre frontera marĂtimas, etc. Pero necesitan seguir comerciando con China, recibiendo sus fondos de inversiĂłn en infraestructuras, por mucho que llevan aparejadas riesgos deudores y trampas crediticias. China, ademĂĄs, no pone condiciones polĂticas o ideolĂłgicas , contrariamente a lo que suele dice hacer Occidente.
UN COMPLEJO MECANO
Estados Unidos (y en alguno modo, Europa) han sido conscientes de ello, razĂłn por la cual han diseĂąado un complejo mecano diplomĂĄtico-militar, que permite garantizar ciertas provisiones de defensa, sin parecer agresivo. Se ha huido deliberadamente de la nociĂłn de bloque, como en Europa, para privilegiar una arquitectura multipolar, diversa, heterogĂŠnea y lo menos ideologizada posible, salvo una vaga referencia a la democracia o a la soberanĂa de los pueblos, pero sin contraste prĂĄctico.
El nĂşcleo duro del hemisferio occidental en Asia (Australia, Reino Unido y EE.UU) han forjado el pacto AUKUS (acrĂłnimo trilateral) para coordinar la cooperaciĂłn militar. El espejo regional de esta coaliciĂłn es el âpartenariado estratĂŠgicoâ muĂąido por la administraciĂłn Biden con JapĂłn y Corea del Sur, sus dos aliados tradicionales en Asia, pero mal avenidos entre sĂ por las heridas de la II Guerra Mundial, aĂşn por cauterizar del todo (2). Era de esperar la irritaciĂłn china (3).
En cambio, la otra ânovedadâ diplomĂĄtica de los Ăşltimos aĂąos, el QUAD (abreviatura de CuadrilĂĄtero, en inglĂŠs) tiene una vocaciĂłn mĂĄs amplĂa, tanto geogrĂĄfica como temĂĄticamente. En el ĂĄmbito acuĂąado como Indo-PacĂfico, reĂşne a las tres potencias orientales recelosas de China (JapĂłn, India y Australia) bajo el paraguas de EE.UU, en un esquema que trasciende lo militar para ampliarse a multitud de ĂĄreas de cooperaciĂłn (social, sanitaria, tecnolĂłgica…).
Con esta ambiciĂłn de agrandar el perĂmetro de la seguridad en sentido amplio (no sĂłlo militar), se ha creado tambiĂŠn el grupo I2U2, que conecta el Extremo y el Medio Oriente. El acrĂłnimo responde a sus participantes (en inglĂŠs): Israel, India, EE.UU (USA) y Emiratos Ărabes Unidos (United Arab Emirates), con un agenda centrada en la cooperaciĂłn tecnolĂłgica, que no oculta, empero, su eventual dimensiĂłn militar.
En Occidente se justifica todo este esfuerzo de cooperaciĂłn reforzada como rĂŠplica a la denominada diplomacy warrior, traducible como âdiplomacia guerrera o agresivaâ, destinada a tejar una tupida red de alianzas y dependencias que favorezca la extensiĂłn del poderĂo de China, o a la neutralizaciĂłn de las resistencias, por omisiĂłn o por amenaza. China, en efecto, ha liderado la consolidaciĂłn de entidades como la OrganizaciĂłn de CooperaciĂłn de Shanghai (OSC), de la que forman parte Rusia y los estados exsoviĂŠticos de Asia Central. Pero, y este detalle importa, tambiĂŠn la India, e incluso el enemigo estratĂŠgico de ĂŠsta, PakistĂĄn. DifĂcilmente, se dice en PekĂn, puede considerarse una alianza contra alguien aquella que alberga en su seno a dos miembros antagĂłnicos. O incluso dos rivales con disputas fronterizas, como India y China.
Esta superaciĂłn aparente de antagonismos se encuentra tambiĂŠn en los BRICS, donde el liderazgo que Occidente atribuye a China, estĂĄ muy compensado por las influencias regionales de India, Brasil y SurĂĄfrica y el poderĂo militar (sobre todo nuclear) de Rusia.
A esta arquitectura asiĂĄtica compleja, que el profesor indio C. Rajan Mohan ha definido como âminilateralismoâ (4), se suman los acuerdos bilaterales, profusos y en aumento. Acabamos de asistir a dos puestas en escena opuestas.
La visita del lĂder de Corea del Norte a Rusia parece consagrar el acercamiento entre dos paĂses que otrora fueron aliados, luego se alejaron y ahora, empujados por la necesidad, se reencuentran, aĂşn no se sabe con quĂŠ propĂłsito. Los intĂŠrpretes del mundo occidental han disparado las alarmas sobre esta convergencia de âdos dictadores en apurosâ (5), predecible licencia propagandĂstica.
Putin y Kim pueden ayudarse, sin duda, pero con lĂmites muy marcados, como han admitido algunos analistas en EE.UU (6). El supuesto suministro de municiĂłn norcoreana, compatible con la rusa, para reponer el arsenal vaciado en la guerra contra Ucrania podrĂa no ser tan Ăştil, por la cuestionable calidad y modernidad de la mercancĂa. A la inversa, la tecnologĂa nuclear y espacial que Pyongyang esperarĂa obtener de MoscĂş estĂĄ muy acotada por las sanciones impuestas al rĂŠgimen norcoreano, del que Rusia participa, y que Putin asegura que seguirĂĄ respetando (7).
Hay otro factor que constriĂąe esta cooperaciĂłn bilateral: las renuencias de China. Aunque PekĂn ve en el hermĂŠtico rĂŠgimen paleocomunista un aliado de conveniencia, ha llovido mucho desde la guerra de los 50 y los actuales dirigentes chinos no comparten ni el fondo ni las formas del sistema polĂtico, econĂłmico y social de su protegido coreano, al que tambiĂŠn tienen en la lista negra de las sanciones. Putin no querrĂa desagradar a Xi Jinping jugando a la ruleta rusa con un socio tan imprevisible (8). Es mĂĄs que probable que el Kremlin haya dado ya garantĂas a PekĂn de que no premiarĂĄ a la dinastĂa coreano con material demasiado sensible o peligroso.
El otro referente de estas coaliciones lĂquidas es el acercamiento ambiguo entre Vietnam y EE.UU. Enemigos sistĂŠmicos en un combate desigual con resultado inicialmente imprevisto, ambos paĂses han atravesado dĂŠcadas de anestesia, neutralizaciĂłn y acercamiento cauteloso. Vietnam ha tenido un aliciente enorme para acercarse a su nĂŠmesis: la amenaza de China, que en su caso, no es puramente especulativa, ya que se plasmĂł en la invasiĂłn de 1979, repelida con ĂŠxito, y que PekĂn camuflara como operaciones de castigo y advertencia.
La evoluciĂłn del rĂŠgimen vietnamita del comunismo de guerra a un cierto capitalismo de Estado es similar a la operada en China, pero con perfiles propios, como es natural. Y esa singularidad le ha llevado a entenderse con los paĂses prooccidentales de la regiĂłn, reunidos en la ASEAN, pero tambiĂŠn a seguir avanzando en la cooperaciĂłn con Washington (9).
La reciente visita de Biden a Hanoi consagra este largo viaje con la constituciĂłn de un âamplio partenariado estratĂŠgicoâ (10), cuya traducciĂłn del arcano diplomĂĄtico viene a significar un pacto de cooperaciĂłn que no llega formalmente a alianza, pero se mueve en sus contornos (lĂquidos). En la disputas marĂtimas con China, se asegura cierto apoyo, no definido, de Estados Unidos. Pero como las guerras, o los conflictos, son en estos tiempos mĂĄs econĂłmicos que militares, el campo de cooperaciĂłn comercial, tecnolĂłgico y social es muy amplio (como en el QUAD). Pero, atenciĂłn, Vietnam no coloca a EE.UU por encima de China en su escala de preferencias, sino en el mismo nivel: el acuerdo firmado con Washington es casi una rĂŠplica del suscrito con China, pero tambiĂŠn con India, Rusia o Corea (11) . Una seĂąal mĂĄs de que, en Asia, no hay alianzas contra nadie, sino a favor de todos. Un sistema lĂquido, pero engaĂąoso.
NOTAS
(1) âAsiaâs third wayâ. KISHORE MAHBUBANI. FOREIGN AFFAIRS, 28 febrero.
(2) âSouth Korea-Japan rapprochement creates new opportunities in the Indo-Pacificâ. ANDREW YEO. BROOKINGS INSTITUTION, 17 marzo.
(3) âA defense agreement likely to deepen Chinese rancorâ. DAVID PIERSON, OLIVIA WANG. NEW YORK TIMES, 19 agosto.
(4) âThe nimble new minilateralsâ. C. RAJA MOHAN. FOREIGN POLICY, 11 septiembre.
(5) âThe dangers posed by a deal between Russia and North Korea. THE ECONOMIST, 13 septiembre.
(6) âKim Jong-unâs visit to Russia hints a grim battlefield math to Putinâ. ADAM TAYLOR. WASHINGTON POST, 14 septiembre.
(7) âWhat Putin and Kim want from each otherâ. ANKIT PANDA (CARNEGIE CENTER). FOREIGN POLICY, 15 septiembre.
(8) âPutin and Kimâs embrace may place Xi in a bindâ. DAVID PIERSON. NEW YORK TIMES, 16 septiembre.
(9) âEntre la China et Etats-Unis, le Vietnam joue la strĂĄtegie du bambouâ. BRICE PEDROLETTI. LE MONDE, 5 mayo.
(10) âBiden forges deeper ties with Vietnam as Chinaâs ambition mountsâ. PETER BAKER y KATIE ROGERS. NEW YORK TIMES, 10 septiembre.
(11) âHanoiâs American edgeâ. HUONG LE THU. FOREIGN AFFAIRS, 12 septiembre; âHow to survive a Great-Power competition. Southeast Asiaâs precarious balancing actâ. HUONG LE THU. FOREIGN AFFAIRS, mayo-junio 2023.
