Etimológicamente ómnibus proviene del latín omnibus que significa “para todos”, una acepción muy pertinente para la situación sanitaria actual. Pasan tantas cosas que hace difícil seleccionar un solo tema, por ello lo recogeré utilizando este término que se ha adquirido relevancia en la actualidad: ómnibus, pero se usará en su significado etimológico.
La sanidad no siempre tiene una prioridad fundamental en la política, pero en este caso las cosas que acontecen “na rúa” podrían parecer cosas muy parciales, pero, en realidad, son temas ómnibus, es decir son temas con un interés para todos. Los temas que se desarrollarán son temas ómnibus porque trascienden lo concreto para repercutir en todos y todas, aunque a primera vista no lo parezca.
MUFACE
Se expondrán puntos clave para la comprensión de la situación actual, habida cuenta de las opiniones alarmistas, cuando no tremendistas, que sobre este tema se están difundiendo en los medios de comunicación.
1.- MUFACE es un vestigio de los aseguramientos franquistas, va dirigido al funcionariado civil del Estado (para la justicia es MUJEJU y para las fuerzas armadas es ISFAS) e incluye las prestaciones sanitarias. En la actualidad casi un tercio de los funcionarios eligen al SNS y son mayoría entre los nuevos funcionarios (Fig. 1); de tal suerte que permanecen en las aseguradoras los funcionarios de más edad que son los que tienen más patología y realizan más gasto sanitario, por esta razón es un colectivo que ya no interesa a las aseguradoras, reconocen que les sale muy costoso.
2.- Incluye la asistencia sanitaria, basada en la práctica privada, por lo que no existe una atención primaria como tal, al no existir un equipo asistencial multiprofesional.
3.- Esta existencia constituye más un privilegio que un derecho, al segregar una parte de la población del conjunto de la ciudadanía en las prestaciones sanitarias.
4.- Esta organización tenía sentido cuando no existía una sanidad integrada y se basaba en la seguridad social, desde 1986 la Ley General de Sanidad (LGS) asume la salud como un derecho de la ciudadanía en su conjunto y la financiación ya no es por el mecanismo de seguridad social, sino que deviene de los Presupuestos Generales del Estado (PGE).
5.- La LGS tenía previsto el final de las prestaciones sanitarias de las mutualidades de la seguridad social y que se integraran en el seno del SNS, pero los sucesivos gobiernos fueron dilatando y demorando la toma de decisión.
6.-La presión sobre el SNS de la inclusión de estos tramos de población supondría un impacto pequeño y repartido por todas las comunidades autónomas, aunque bien es cierto que de forma desigual y escasamente homogénea. La media de población funcionarial en MUFACE representa, aproximadamente el 2,5% de media a nivel del Estado; solo 5 CCAA tienen un porcentaje de población MUFACE no-SNS superior al 2,5% de la población de su propia comunidad, según la memoria MUFACE 2023: Castilla y León (3,3%), Andalucía (3,1%), Extremadura (3%), Madrid (2,8%) y Valencia (2,6%). Estos datos sugieren que la sobrecarga asistencial, sobre los servicios de salud de las CCAA, no sería intolerable ni va a hacer temblar al servicio, bastando con un refuerzo razonable de los recursos profesionales.
7.- La financiación de estas mutualidades asistenciales sanitarias son un lastre económico para el SNS. Bastaría con trasferir al SNS lo que se desvía a las mutualidades, así se actualizarían los recursos profesionales necesarios a esta inclusión. Este año se ha ofrecido más de 1.000 millones de euros de incremento de la financiación a las mutualidades, pero las sociedades mutuales prestadoras de la asistencia realizan un chantaje al estado para solicitar más financiación, amenazando su retirada del concurso que, al parecer, han consumado la retirada dos de las tres. Mientras tanto el SNS incrementa su crisis financiera.
8.- Las mutualidades parasitan al SNS en múltiples temas cuando le interesa, pe, en la prestación de urgencias, en la atención de patologías graves y crónicas, en los trasplantes, en la oncología y en la salud mental, sobre todo en la de infancia y adolescencia, también en las actividades preventivas, como la vacunación.
9.- La integración en el SNS es perentoria y muy necesaria, pero se debe establecer una metodología por la que se lleve a cabo de una forma gradual en el proceso, para evitar disfunciones asistenciales repentinas que sometieran a un estrés mayor al SNS de la situación anómala que pretenden arreglar. Nunca el colectivo funcionarial se iba a quedar sin prestaciones sanitarias y, se puede asegurar, que la calidad será al menos igual sino superior.
10.- Toda la población, en su conjunto, es subsidiaria de tener acceso a los mismos servicios con equidad, eliminando grupos o sectores de privilegio, que resultan onerosos para toda la población. Es obvio que habrá resistencias por parte del funcionariado, pero es preciso contener esas presiones y reaccionar con firmeza y decisión.
No se comprende la posición de CCOO y de UGT en este campo, no están siendo capaces de afirmar con rotundidad que ninguna persona ni ningún proceso va a ser abandonado, ya que el SNS asume la integralidad de la atención en todos los niveles, como a toda la población. Lo único que acontece es la eliminación de privilegios. Los sindicatos de clase no pueden defender la presencia de privilegios a determinados colectivos poblacionales y que así se incremente la crisis del SNS. Se les recomienda analizar, con seriedad y rigor, los datos que se sintetizan en la figura que se acompaña en este artículo. No es de recibo cómo se está abordando esta situación en algunos medios de comunicación, incluida la TVE, aportando supuestos “testimonios” individuales sin exponer de forma contextualizada la prestación sanitaria integrada e integral que realiza el SNS.
En términos de evaluación gestora de las prestaciones de las mútuas y del sistema NUFACE se puede concluir;
- Eficacia: MUFACE tiene importantes carencias, puesto que cuando existen problemas de relevancia (oncología, trasplantes) hace uso de los recursos del SNS.
- Eficiencia: MUFACE es menos eficiente que el SNS, puesto que recurre al SNS para completar sus prestaciones y a coste del DSNS, cuando solicita incrementos en el convenio muy superiores a los que se destinan al propio SNS.
- Efectividad: En los clientes externos es similar a la efectividad que la población siente en la asistencia privada, lo refieren al tiempo de demora en la consulta y a la calidad de los servicios de hostelería. Los clientes internos muestran descontento pues su remuneración no es acorde con la prestación que realizan, según su criterio.
Estatuto marco
El Estatuto marco de los profesionales sanitarios, debe ser revisado. El actual data de 2003 y fue una tímida modificación del estatuto franquista, formulado en la época de Girón de Velasco, que existía desde 1948. Se precisa actualizar a las situaciones reales de los momentos actuales en todos sus contenidos. El Estatuto es para el conjunto del SNS e incluye a todos los profesionales que trabajan en él. No es menos cierto que debería tener un apartado específico para las diferentes titulaciones específicas, sobre todo para los profesionales de la medicina, los de la psicología y los de enfermería, pero este aspecto es discutible, a pesar de las reiteradas solicitudes de estos profesionales en este sentido y dependerá, en todo caso, de la dimensión o aceptación que se pretenda obtener.
Hay dos temas que necesitan una atención más precisa: la cobertura de las urgencias y el tipo de dedicación de los profesionales al SNS.
La atención de las urgencias tiene dos pilares claves: la conciliación familiar y los rendimientos en calidad de la prestación.
Sabemos que la mayoría de los profesionales sanitarios, incluidos los médicos, son mujeres. Sobre la mujer se suma la carga asistencial con la sobrecarga de la atención familiar. Es necesario organizar el trabajo de forma conveniente para que suponga el hecho de compartir la dinámica familiar, esta conciliación es una necesidad prioritaria.
En el año 1978 ya se acordó una organización de las urgencias precisa: los días no festivos había dos turnos de guardia 15-21 h y 21-08am; los festivos se establecían dos turnos: 08am-21h y 21-08am; el que cubría la noche, al día siguiente estaba autorizado a no prestar asistencia habitual. Pero… ¿qué ocurrió en la realidad? que apenas se cumplió. Las razones son variadas, unas veces dependieron de los profesionales por sus intereses personales, otras de la administración que hizo dejación de su misión de control, el resultado final es que se incumplía la norma.
Se sabe que el trabajo continuado, sin descanso, disminuye, de forma progresiva, la calidad y precisión de la asistencia sanitaria como efecto del cansancio tanto físico como mental. Quiere ello decir que trabajar 18-24h seguidas no representa una opción adecuada para cumplir los criterios de calidad asistencial. En un trabajo reciente de Luke Craddock (BMJ, 2025, 388: R95) se señala que la presión del departamento de urgencias sobre los profesionales hace que en 6 semanas los profesionales se encuentran agotados física y mentalmente. Esta afectación de los profesionales dificulta la labor de amortiguación de la “buena voluntad”, llevando a los profesionales al abandono del sistema hacia la asistencia privada o el extranjero.
Con todo ello se precisa, de forma urgente y prioritaria, la organización de los servicios de urgencias para que se articulen de forma diferente, habrá que fortalecer la atención de urgencias en la atención primaria, ya que los que asisten a urgencia son, en su mayoría, sujetos frágiles y, por lo tanto, precisan seguridad y confianza que es aportada desde los servicios organizados en la comunidad, de lo contrario distorsionan el funcionamiento de todo el sistema.
El segundo punto de fricción del Estatuto marco se refiere a la exigencia a los Jefes de Servicio de tener una dedicación exclusiva al SNS. No es nueva esta pretensión, ya Ernest Lluch lo intentó en su época de ministro. El razonamiento para argumentar esta condición es razonable, incluso basado en las creencias religiosas más profundas: “No se puede servir a un tiempo a Dios y al diablo”. Quiere ello decir que el trabajo en el SNS con responsabilidades clínico-asistenciales de alto nivel, no podrían simultanearse con la práctica en servicios de la asistencia y gestión privada. No puede ser porque los intereses y fundamentos son contrapuestos. Una pregunta lo puede aclarar: ¿sería adecuado y pertinente que el jefe de proyectos de la SEAT fuera simultáneamente el diseñador jefe de la Renault? ¿se lo permitirían los consejeros delegados de una y otra industria?
En épocas pasadas existía una exigencia de dedicación exclusiva para aquellos profesionales que tuvieran una plaza asistencial y la compatibilizaran con una plaza universitaria vinculada. Parece razonable, pues así disponían de asistencia, docencia e investigación. Para ello deben colaborar las dos instituciones, el SNS y la Universidad, pero no siempre ha sido así, a pesar de la existencia de las Comisiones de enlace, si es que siguen funcionando.
Una condición fundamental para establecer este requisito consiste en asignar una retribución adecuada para que sea totalmente disuasoria la asistencia privada y estimule el sentido de pertenencia al servicio público.
Es pertinente recordar que el acceso a una plaza de Jefe de servicio y/o a una plaza vinculada con la Universidad es una alternativa en la que predomina la decisión personal, nadie está obligado a acceder a ninguna de ellas, lo que implica que algún requisito debe ser exigido como compensación. De hecho, si se prima la compatibilidad público-privada, lo puede hacer desde otros niveles de responsabilidad, pero no en las jefaturas, en definitiva, a algo se debe renunciar. Por cierto, siempre y cuando la asignación salarial y otros contenidos motivacionales fueran lo suficientemente lógicos como para establecer esa exigencia de forma disuasoria.
Los argumentos que se formulan como la colaboración público-privada, o que la asistencia privada forma parte del SNS, son argumentos interesados de parte, en modo alguno poseen la consistencia suficiente como para considerar la pertinencia y la consistencia de tal razonamiento.
Es importante asegurar la aceptación de estos campos tipo ómnibus que se presentan en el momento actual, al fin y a la postre lo que se pretende es defender el SNS, apuntalando su resistencia a los ataques que surgen del uno al otro confín.

