El triunfo por mayorĂ­a absoluta de los socialistas en Portugal (42% de los votos) constituye un rara avis en Europa por su contundencia: sĂłlo en los paĂ­ses con sistema electoral mayoritario se han dado mĂĄrgenes similares. Pero no se trata de una primicia polĂ­tica: las Ăşltimas citas con las urnas han sido benignas con los partidos de centro-izquierda.

Un competente proceso de vacunaciĂłn (90% de la poblaciĂłn, inmunizada) y esa perspectiva de alivio econĂłmico (18.000 millones de euros) han favorecido el triunfo tan claro (no tan inesperado como indicaban engaĂąosamente los sondeos) de los socialistas portugueses. Cuatro de cada diez votantes han decidido que no era momento de riĂąas ideolĂłgicas o de radicalismos sobre la profundidad del empeĂąo, sino de gestiĂłn estable de los fondos europeos.

La izquierda radical negĂł al socialista Costa el apoyo a los presupuestos por entender que no era suficientemente ambicioso en la lucha contra los desequilibrios sociales, y podĂ­a tener base material para el reproche. Pero es muy dudoso que la alternativa (derechista, fragmentada y atosigada por el crecimiento de una ultraderecha hasta ahora testimonial) fuera a ser mĂĄs beneficiosa para los desfavorecidos. En tiempos de crisis, el miedo a lo desconocido o el riesgo de empeorar alienta a las opciones continuistas. El lĂ­der socialista portuguĂŠs lo supo ver con claridad y prefiriĂł aceptar el reto electoral que enredarse en discusiones desgastadoras.

Los resultados en Portugal han disparado los anĂĄlisis y comparaciones, interesadas u honestas, con las perspectivas en EspaĂąa, donde una coaliciĂłn de izquierdas renquea pero se mantiene. Pese a la cercanĂ­a geogrĂĄfica y cultural, las diferencias polĂ­ticas entre los dos Estados ibĂŠricos son profundas y los factores que operan en los equilibrios electorales resultan muy dispares. Las disputas nacionalistas y autonĂłmicas en EspaĂąa no existen en Portugal. AllĂ­, la tensiĂłn territorial es mĂĄs social que ideolĂłgica. En el centro, los partidos minoritarios de izquierda tienen menos capacidad de presiĂłn, aunque les alcanzara durante los Ăşltimos aĂąos para forzar un acuerdo parlamentario con los socialistas.

LIDERAZGO EUROPEO

Portugal ha sido uno de los principales territorios reserva del socialismo democrĂĄtico durante la terrible dĂŠcada anterior. De los paĂ­ses continentales, con una poblaciĂłn superior a los 10 millones, Portugal es el que cuenta con el Partido Socialista continental mĂĄs robusto en las urnas, con una media del 32,2 % entre 2009 y 2020. DespuĂŠs del domingo, esa cifra se eleva casi dos puntos y medio. El PSOE presenta una media del 26% en el periodo seĂąalado.

No debe olvidarse al PS rumano, que atesora casi tres puntos y medio mĂĄs que el portuguĂŠs (35,6%), pero sus pobres resultados en 2020, los peores en el siglo XXI, tras unos escĂĄndalos de corrupciĂłn, auguran una etapa de debilidad.

Si consideramos al resto de la UE (hasta 2020), el PSP sĂłlo fue superado por el Labour britĂĄnico (33,2%), favorecido por un rĂ­gido bipartidismo, y mĂĄs claramente por los laboristas malteses, con un porcentaje medio de votos del 56%, pero Malta tiene medio millĂłn de habitantes y las opciones izquierdistas son casi inexistentes.

En comparaciĂłn con los feudos histĂłricos de la socialdemocracia en el norte y centro de Europa, el rendimiento electoral del PSP cobra mĂĄs valor aĂşn. Los socialdemĂłcratas de Islandia gozan de una media casi idĂŠntica (32,1%) a la de sus colegas lusos, pero los potentes vecinos laboristas noruegos estĂĄn un punto por debajo, y seis los socialdemĂłcratas suecos (nĂşmeros idĂŠnticos a los espaĂąoles). Los daneses atravesaron por dos dĂŠcadas sombrĂ­as, en especial la Ăşltima, con un resultado medio inferior al 18% (catorce puntos menos que los lusitanos).

En Alemania, paĂ­s mĂĄs poblado y mĂĄs rico de la UE, el SPD experimentĂł un largo y sostenido declive desde el 40% de 1998 hasta el 20,5% de 2017, su suelo posterior a la II guerra mundial. En otros paĂ­ses centroeuropeos con fuerte implantaciĂłn del puĂąo y la rosa, hubo significativos retrocesos (Austria) o incluso derrumbes (Holanda).

UN RESCATE KEYNESIANO

El socialismo democrĂĄtico como opciĂłn de gobierno estaba anĂŠmico antes de la pandemia, cuando la doctrina neoliberal, pese a los calamitosos efectos sociales, aĂşn dominaba los criterios de la economĂ­a polĂ­tica en el continente. El hundimiento de los laboristas britĂĄnicos, de los socialdemĂłcratas alemanes y de los socialistas franceses asĂ­ lo atestiguaba. En el feudo nĂłrdico, los partidos promotores del estado providencia se encontraban en su peor momento. SĂłlo en el sur de Europa, especialmente castigada por la depresiĂłn de la dĂŠcada anterior, el desgaste de los partidos de la derecha, les habĂ­a permitido una nueva oportunidad.

El destrozo econĂłmico de la Covid y sus terribles efectos sociales (que sĂłlo han empezado) obligĂł a modificar la ortodoxia europea y acudir a un keynesianismo en forma de fondos de reconstrucciĂłn, aunque condicionado y temporalizado. La socialdemocracia se ha encontrado con un ventilador polĂ­tico asistido, inesperado hace dos aĂąos, que aliviarĂĄ ligeramente la catĂĄstrofe social. Eso le permite recuperar un discurso de vuelta a los principios y a la gestiĂłn de polĂ­ticas pĂşblicas que ya no sean sinĂłnimas de burocratismo, estancamiento y corrupciĂłn, como fustigaban los mandarines neoliberales, sino motor de una recuperaciĂłn productiva y de correcciĂłn tibia de la desigualdad social. El socialismo democrĂĄtico que se dejĂł arrastrar por la marea neoliberal se engancha ahora al oxĂ­geno dulce de los fondos europeos para sanear sus pulmones polĂ­ticos y recobrar espacio vital.

Los partidos socialistas han vuelto al poder en Alemania, Escandinavia y Dinamarca. Pero los tiempos no han cambiado en balde. Aquel modelo social nĂłrdico o ese capitalismo renano pactista que fungiĂł el SPD son hoy muy distintos. En los paĂ­ses nĂłrdicos, los partidos socialistas democrĂĄticos han endurecido sus polĂ­ticas de inmigraciĂłn, segĂşn dicen para hacer viable el estado del bienestar (1).

Este nuevo escenario estarĂĄ plagado de paradojas. No menor es la de Suecia, donde se produjo una situaciĂłn con cierto paralelismo al caso de Portugal, aunque con resultado diferente. La primera ministra socialdemĂłcrata, Magdalena Andersson, perteneciente al ala derecha del partido, tuvo que dimitir al negarle sus socios de izquierda el apoyo al presupuesto. RecuperĂł el cargo al cabo de una semana, pero el proyecto de cuentas pĂşblicas que saliĂł adelante en el Parlamento fue el defendido por los partidos de la oposiciĂłn-liberal.

En Alemania, el desgaste polĂ­tico de Angela Merkel, la gran dama de la euroausteridad, y de sus mediocres herederos y la necesidad de dinero pĂşblico para reflotar el crecimiento han acelerado el ventilador de respiraciĂłn asistida. El SPD ha pasado de ser un enfermo crĂłnico a dirigir de nuevo la CancillerĂ­a, 16 aĂąos despuĂŠs, aunque en frĂĄgil y precario equilibrio con liberales y ecologistas. En otros lugares del centro y oeste de Europa, los partidos socialdemĂłcratas confĂ­an en que les llegarĂĄ pronto el tiempo de salir del purgatorio.

Francia es la gran excepción. El PSF está en coma, rodeado de otros antiguos compañeros/ rivales de viaje con no mejores condiciones de salud. Incluso los intentos supuestamente novedosos de participación popular, como la Primaria de este pasado fin de semana, parecen condenados de antemano por una suicida aversión a la unidad. Parte del caudal de voto socialista, comunista o izquierdista francés se canalizará hacia la extrema derecha nacionalista (el RN, de Marine Le Pen), ahora amenazada por una deriva populista-libertaria-trumpiana, personalizada en Éric Zemmour.

Los prĂłximos aĂąos serĂĄn decisivos para comprobar si hay un cambio de rumbo en Europa. La normalidad pospandemia y, en particular, la recuperaciĂłn de los parĂĄmetros econĂłmicos obligarĂĄ a los partidos socialistas democrĂĄticos a definir sus polĂ­ticas. Sin ventiladores.

 

NOTAS

( ) “Les habits neufs de la social-democracie escandinave”. ANNE-FRANÇOISE HIVERT (corresponsal en Suecia). LE MONDE, 21 de enero; “Nordic countries aren’t actually socialists”. NIMA SANANDAJI. FOREIGN POLICY, 27 de octubre; ( ) “Au Danemark, le dur combat des opposants à la politique migratoire”. LE MONDE, 28 de enero.