Silvio Rodrígez volvió a levantar la revolucionaria bandera de la esperanza en su concierto de final de gira en España, en la ciudad de Madrid. En estos tiempos oscuros, en los que las arcaicas y regresivas ideas del fascismo retornan en las voces de líderes políticos trumpistas (que habitan también en nuestro propio país), aliados con tecno-oligarcas que desprecian la democracia, el trovador cubano emocionó a un auditorio abarrotado que coreó:
“Venga la esperanza, venga sola a mí
lárguese la escarcha, vuele el colibrí
hínchese la vela, ruja el motor
que sin esperanza ¿dónde va el amor?”.
Y es que cuando una casta adinerada ávida y beligerante pone las cartas boca arriba en el tablero de juego mundial, apostando por su enriquecimiento personal por encima de los derechos de millones en todo el planeta, levantar la bandera de la esperanza es lo más revolucionario que tienen en sus manos “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Que no son, aunque sean”, que diría Eduardo Galiano.
La España del gobierno de coalición progresista −su democracia, los derechos conquistados con tanta lucha una generación tras otra, sus pensiones públicas, su sanidad y su educación públicas, los beneficios para los y las trabajadoras del salario social del Estado del Bienestar, su legislación laboral, su avanzada legislación feminista en igualdad, su defensa del medio ambiente, su defensa de la legalidad internacional, su apuesta por el multilateralismo, su oposición al genocidio en Gaza…todo eso representa ahora esta España de color progresista a contracorriente de la ofensiva trumpista que quiere comerse la vida misma− es una pieza más a batir en ese tablero en que los nadie se juegan −nos jugamos, me incluyo− la vida en una pelea desigual por defender los derechos más básicos, como lo es, el derecho a la vivienda, como lo es también el derecho a salarios dignos, que ha puesto en movimiento a la base social en nuestro país representada por una clase trabajadora a la que no le salen los números.
Mari Carmen Abascal, que ha fallecido en el hospital y no en su casa, como ella quería, mientras escribo este texto, se ha jugado la vida para defender su derecho a techo. Y por extensión, también el nuestro. El rentismo mata. A ella la asesinó la avidez especulativa de Urbagesa, la empresa de los Alonso, y la ceguera de una parte de la judicatura cuya humanidad brilló por su ausencia. Ella ha luchado por el derecho de todas a tener un techo. 71 años en su casa pagando su alquiler. 7 años de pelea desigual contra los buitres del rentismo patrio. Su lucha justa por un techo sobre su cabeza, un anhelo del género humano desde que buscaba el abrigo de una caverna para tener un hogar, esa lucha −la de Mari Carmen− se convirtió de repente en la lucha de todas.
La gente joven lo vio claro y ocupó las calles y las plazas en multitud de ciudades en España para defender el derecho a la vivienda. El Gobierno de coalición progresista reaccionó. Se vio arrastrado por la ola de personas que no se resignan a vivir en un país secuestrado por la alianza del partido rentista con el partido judicial. Una ola que ha abierto la puerta a la esperanza, cambiando completamente la conversación política pública hacia las cuestiones que importan, la vivienda, el salario, los derechos, los servicios públicos, las pensiones. El PSOE y Sumar en el gobierno intentaron responder a las demandas de la calle llevando al Parlamento dos decretos de emergencia que abrían el camino a un cambio legislativo para poner coto al rentismo. Las derechas aliadas tumbaron los decretos, escenificando como nunca la lucha de clases cruenta en la que este país se encuentra inmersa.
Decía el otro día Juan José Millás que “los pobres para conseguir algo tienen que luchar, tienen que pasar noches al raso, tienen que ir a la cárcel, tienen que recibir palos de la policía…los ricos en cambio, solo tienen que levantar el teléfono y decirle a Junts y al PP que voten que no, ¿esto es una democracia o una plutocracia?”.
Ante la emergencia desatada y la visualización de un parlamento inmovilizado por los lacayos del rentismo y de los fondos buitre, que no responde a reclamos que son socialmente mayoritarios (las encuestas dicen que entre el 75% y el 85% de las personas está a favor del contenido protector del derecho a la vivienda que representan los decretos) el Presidente Sánchez decidió convocar elecciones apretando el acelerador de la historia para que decida el país. Tanto el PSOE como Sumar, los partidos de gobierno respaldan su decisión.
La democracia se hace caminando, haciendo camino al andar. Y siempre son los nadie, los desheredados de la tierra, la famélica legión quieres empujan para que la democracia abrigue. Cada persona trabajadora, cada nadie, cada ciudadana tiene que ser consciente de lo grande que es su fuerza cuando se une a otras para luchar por lo que es justo. Porque a lo largo de la historia, hemos visto cómo son los reclamos de vidas dignas de la gente común la que hace avanzar los derechos y ensancha las costuras de la democracia. Esta convocatoria electoral no es una más, llama a la puerta de cada una de las personas con voz y voto que habita el colorido friso democrático español para preguntar qué tipo de país queremos.
Y lo hace en momentos en los que muchos y muchas nadies han decidido luchar por la justicia social y los derechos de techo y salarios dignos y suficientes.
Los sindicatos de clase, CCOO, UGT y los representantes de las acampadas han acordado ir a la huelga general el 11 de noviembre para defender las rentas de los trabajadores. Contarán también con el respaldo de la gallega CIG y las vascas ELA y LAB. La clase trabajadora española está dispuesta a poner toda su fuerza para levantar la bandera de la esperanza, que es la que contiene derechos frente a la misera y la pobreza que ofrecen las derechas lacayas de los señores del dinero.
Mari Carmen Abasacal se ha convertido en un símbolo de lucha por lo que es junto. El pueblo de Madrid la está rindiendo homenaje en las calles desde que se supo de su fallecimiento. “Luchad por lo que es vuestro” dijo. Su ejemplo no deja indiferente a las personas con humanidad que saldrán a marchar por su memoria a las 20h de este 8 de octubre.
Contrasta con el oprobio y la ignominia de los dirigentes del PP y Vox que se han negado ni siquiera a guardar un minuto de silencio en su memoria. La altura humana de las Ayuso, los Abascales o Almeidas no levanta el tamaño de una mota de polvo. No se podía esperar nada de ellos, su memoria es la de la barbarie. No olvidamos.
