Las desigualdades cotidianas, entendidas como necesidades no cubiertas que llevan a padecer determinadas carencias vitales, constituyen una violación de los derechos humanos, que causan un gran sufrimiento y dolor. Pero, sobre todo, impiden a estos ciudadanos lograr un desarrollo humano y vital pleno, que puede dejar huella en ellos el resto de su vida.

A la vez, las desigualdades merman las posibilidades de crecimiento económico de cualquier sociedad, ya que las sociedades más igualitarias son más eficientes económicamente.

La desigualdad es una construcción humana, que supone una regresión en el desarrollo del concepto de ciudadanía, y un freno a la hora de ampliar los espacios de libertad, bienestar y seguridad. La desigualdad no es inevitable.
Y, por tanto, puede y debe superarse mediante la presión ciudadana, pero sobre todo con políticas públicas encaminadas a la igualdad.

Cuando se pregunta a los ciudadanos si en general creen que España es actualmente un país donde existen grandes desigualdades sociales, pocas desigualdades sociales, o desigualdades en unos aspectos, pero en otros no, un 49 por ciento cree que existen desigualdades en unos aspectos, pero en otros no. Un 39,4 por ciento que existen grandes desigualdades. Y un 8,7 por ciento que existen pocas desigualdades, según los datos del barómetro del CIS del mes de junio de 2024.

Si analizamos estos datos más en profundidad, podemos afirmar que:

  • Las mujeres creen que existen grandes desigualdades sociales en un porcentaje mayor que los hombres. Concretamente, las mujeres lo creen así un 42,7 por ciento, mientras en los hombres el porcentaje se sitúa en el 35,9 por ciento. En sentido contrario, el porcentaje de hombres que piensa que existen pocas desigualdades sociales se encuentra en el 9,8 por ciento, mientras en las mujeres se sitúa en el 7,7 por ciento.
  • Por edades, las personas de más de 64 años son las que afirman que existen grandes desigualdades sociales en mayor porcentaje. Las de 75 y más años, un 52,3 por ciento, y las de entre 65 y 74 años, un 45 por ciento. Seguidas de las de 35 a 44 años, un 43,3 por ciento; las de 55 a 64 años, un 38,4 por ciento; las de 45 a 54 años, un 36,4 por ciento; las de 25 a 34 años, un 31,5 por ciento; y las de 18 a 24 año, un 23,2 por ciento.
  • Por estudios, las personas con menos formación son las que más creen que existen grandes desigualdades. Concretamente, un 53,8 por ciento de los que dicen que no tienen estudios y un 43,4 por ciento de los que tienen estudios de primaria.
  • Por clase, un 50,2 por ciento de la clase baja/pobre y un 46,1 por ciento de la clase trabajadora afirman que existen grandes desigualdades sociales.

En un contexto histórico como el actual, con tantos cambios e incertidumbres, es oportuno dar certezas a los ciudadanos y combatir activamente las distintas desigualdades que existen. Y hay que hablar con claridad, o se renueva el contrato social y nuestro compromiso con la democracia, que es también igualdad real en la vida cotidiana, o cada vez más amplias capas de la población no se sentirán representadas por un sistema democrático que les abandona en la precariedad, o simplemente no les da respuestas ante las nuevas preocupaciones que asolan sus vidas.

El optimismo de una acción colectiva encaminada a cumplir los derechos humanos, en todo momento y todos los lugares, tiene que servir para combatir un pesimismo que se abre paso.

Cuando se pregunta a los españoles si creen que dentro de diez años en España existirán grandes desigualdades sociales, pocas desigualdades sociales, o desigualdades en unos aspectos, pero en otros no, la mayoría creen que se incrementarán las desigualdades. Concretamente, un 48,6 por ciento piensa que existirán grandes desigualdades sociales.

Trabajemos para que no pase eso. Y recordemos como señaló Nelson Mandela, “La pobreza no es un accidente. Al igual que la esclavitud y el apartheid, es artificial y se puede eliminar con las acciones de los seres humanos.”