La percepción ciudadana sobre el Parlamento refleja no solo la competencia de sus integrantes, sino también el grado de legitimidad social del sistema político. El Parlamento español atraviesa su peor momento en términos de percepción ciudadana.
La confianza de los españoles en esta institución ha registrado una caída sin precedentes en 2024, situando la valoración media en apenas 3,65 puntos sobre 10, la cifra más baja de la serie histórica reciente, según los datos de las encuestas sobre Tendencias Sociales realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el periodo 2021-2024.
De una tendencia de mayor confianza media en el Parlamento entre 2021 y 2023, donde pasó del 4,06 al 4,35, en el año 2024 cae hasta el 3,65. En este patrón tiene especial relevancia la excesiva polarización; la percepción por parte de muchos ciudadanos de que se encuentra alejado en su actividad de las preocupaciones y necesidades reales de los ciudadanos; y la normalización de un discurso antipolítico y populista donde se extiende la idea de que “todos son iguales” y que “el Parlamento no sirve para nada”.
Surge entonces la pregunta: ¿La ruptura de esta tendencia revela una crisis coyuntural de representación, o una erosión estructural en la legitimidad del sistema parlamentario?
Que revela una crisis de representación es evidente. Y que puede llegar a transformarse en poco tiempo en una erosión estructural de la legitimidad del sistema parlamentario, si no se establecen cambios en su funcionamiento para poder tener un funcionamiento estable, en sociedad fragmentadas políticamente donde no hay mayorías absolutas, es una realidad a la que hay que evitar llegar.
En los datos del CIS se observan cambios relevantes en los extremos de confianza (niveles 1 y 10). Con un aumento significativo de la confianza mínima (nivel 1) en 2024, mientras que la confianza máxima (nivel 10) ha crecido ligeramente, pero sigue siendo muy marginal.
La mínima confianza tiene un periodo de ligera bajada entre 2021 y 2023 donde pasa del 22,2 por ciento al 21,2 por ciento, para posteriormente en 2024 tener un aumento notable de 12,5 puntos porcentuales y llegar al 33,7 por ciento, lo que manifiesta una intensificación del descontento ciudadano fruto de la sensación de bloqueo o ineficacia legislativa ante un parlamento muy fragmentado, que puede derivar en un rechazo al sistema. En todo caso, evidencia un cambio de clima social profundo.
En cuanto a la máxima confianza (10 en la escala), aunque aumenta ligeramente desde el 1 por ciento del año 2021 al 2,9 por ciento en 2024, es testimonial y en ningún caso suficiente para contrarrestar el crecimiento en los niveles de desconfianza extrema.
Observando el gráfico se constata:
- Un incremento de la desconfianza. Las categorías entre 1 y 3 en la escala han pasado de suponer el 40,3 por ciento en el año 2021 al 51 por ciento en el año 2024. Con un aumento de 13,5 puntos porcentuales en 2024, que viene a suponer un cambio crítico en la percepción y representatividad institucional.
- Disminución del centro. Las categorías intermedias (4 a 7), tradicionalmente asociadas a una confianza crítica o matizada, han disminuido progresivamente del 51 por ciento en 2021 al 38,9 en 2024. Durante el periodo 2021-2023, más de la mitad de los ciudadanos adoptaron posiciones moderadas. En 2024, este grupo pierde 11,2 puntos, lo que viene a reafirmar la polarización creciente en la sociedad española, y una reconfiguración de las opiniones hacia percepciones extremas especialmente negativas.
- Apoyo institucional estructuralmente bajo. Las categorías 8-10 apenas han crecido en conjunto, de un 7,2 por ciento en 2021 a 8,1 por ciento en 2024, con un pico de un 11 por ciento en 2023, muy lejos de poder contrarrestar el crecimiento de la desconfianza.
Llegados a este punto, surge otra pregunta: ¿Quién o quiénes son los que más desconfían?
- Los hombres muestran un nivel de desconfianza mínima ligeramente superior al de las mujeres. Concretamente en 2024, un 34,3 por ciento frente a 33,2 por ciento.
- Los ciudadanos entre 25 y 44 años concentran los mayores índices de desconfianza extrema (1 a 3 en la escala), una señal de alerta sobre el fracaso del sistema en representar a quienes más lo necesitan. El 61,1 por ciento de las personas entre 25 y 34 años, y el 57,8 por ciento de las personas entre 35 y 44 años.
- Quienes se identifican como clase baja o pobre dan un 1 al Parlamento en un 49,5 por ciento de los casos, y apenas un 1,5 por ciento valora la institución con un 10. En cambio, entre las clases altas o media-altas, la desconfianza extrema se reduce al 23,2 por ciento, y la confianza más alta sube hasta el 4,6 por ciento.
- La autoubicación ideológica confirma que en la derecha más dura (10 en la escala), la desconfianza se dispara: 56,5 por ciento sitúan su confianza en el mínimo, mientras que un 9,5 por ciento otorga el valor máximo.
- En cuanto al recuerdo de voto, los votantes de Vox son los que presentan mayor porcentaje de confianza mínima en el Parlamento, un 67,6 por ciento, seguidos de los votantes del PP con un 43 por ciento.
De estos datos se desprende que en estos momentos en España los ciudadanos en relación con el Parlamento se encuentran entre el rechazo y la indiferencia. Esto es grave porque la población ya no solo duda del Parlamento, empieza a darle la espalda.
Ese alejamiento entre representantes y representados, evidencia una democracia alejada y desconectada de su base social, lo que es preciso corregir acabando con la crispación y realizado una política centrada en los ciudadanos.

