Una realidad dolorosa…y una cacería
El PSOE está viviendo una etapa de gran tensión e incertidumbre. Corren ríos de tinta y opiniones desde todas las direcciones que presagian una cierta “pasokización” del socialismo español, junto a la caída de sus dirigentes y, por extensión, del gobierno progresista. La gravedad bien reconocida del tema –esto nadie lo pone en duda– no evita que se aprecien tratamientos informativos que, presumiendo de equidistantes, acaban por ser severamente exigentes –y extremadamente críticos– con los socialistas, pero mucho más tibios, en contraste, con lo que acontece en los numerosísimos casos de corrupción en el PP y otros que ya se atisban en el horizonte inmediato. En tal contexto, pasa desapercibida toda una agenda positiva, de carácter económico y social, mérito de un Ejecutivo de coalición con el liderazgo de Pedro Sánchez. Un presidente que ha tenido que capear con todo tipo de desafíos, desde el minuto cero: una pandemia letal e insólita hasta un apagón eléctrico, pasando por la erupción de un volcán, las consecuencias inflacionistas de la guerra en Europa, el impacto de una DANA, entre otros avatares inesperados. Debemos añadir a esto otro factor no menos lesivo: la estrategia para “deshumanizar” al presidente y a su entorno familiar más directo –su esposa y su hermano–, con todo tipo de descalificaciones y amenazas, y sobre fundamentos jurídicos muy discutibles –y puestos en solfa con argumentos solventes– desde ámbitos profesionales. Y, además, en un marco con dos características fundamentales:
- Una aritmética parlamentaria muy alambicada que, sin embargo, ha permitido desinflamar la situación conflictiva en Cataluña y devolverla a un estado de mayor normalidad democrática; al tiempo que los esfuerzos negociadores han cuajado en la elaboración de un corpus legislativo relevante.
- Una oposición destructiva, sin el menor atisbo de colaboración en problemas profundos de Estado –como, por ejemplo, la pandemia–, y la instalación en la tesis de ilegitimidad del gobierno de Sánchez, de no reconocimiento de su investidura y, por tanto, la plausibilidad de atacarlo en todos los frentes posibles. Una metodología que acarrea violencia –como se está viendo en los ataques y escraches a las sedes socialistas– y la proliferación de bulos. No resultaría extraño pensar que una parte de lo que acontece ahora, sin eludir la gravedad de las actuaciones de dos cargos de confianza del presidente, pueda tener connotaciones espurias de cuyo conocimiento estamos, todavía, alejados. Pero el objetivo por generar una atmósfera apocalíptica es el caldo de cultivo en el que se mueven, sin tregua alguna, los conservadores y la ultraderecha (con impagables connivencias con miembros del poder judicial), haciendo caso omiso a una realidad tangible: la positiva evolución de la economía, en unos ejes internacionales definidos por la incertidumbre.
Una agenda económica y social exitosa, que no puede olvidarse
Los datos disponibles (fuentes: Banco de España, INE; hemos presentado también estas variables y comentarios en el trabajo firmado conjuntamente con Jorge Fabra Utray: “España 1931, España 2025. La Historia rima”, entrada en Economistas Frente a la Crisis y en elDiario.es) subrayan un avance incuestionable de la economía española, con una tasa de crecimiento (2,6%) que cuadriplica las de la media de la Unión Europea, una potente generación de empleo –con 21,7 millones de afiliados a la Seguridad Social, resultando de gran relevancia la población inmigrante–, incrementos muy notables en el salario mínimo y en las pensiones, inflación en la senda marcada por el Banco Central Europeo (2%) y fuerte desempeño de las exportaciones turísticas (5%) y de servicios no turísticos (8%), denotando en este último caso un grado nada desdeñable de diversificación económica. La otra cara de la moneda: enormes dificultades en el acceso a la vivienda, transiciones en el campo de la energía, desigualdad y pobreza –con énfasis en la población infantil– y necesidad de una mayor profundización de las columnas esenciales del Estado del Bienestar. Pero vayamos a cifras más granulares sobre la economía española, que proceden del Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España:
- El elevado ahorro de los hogares: avances en el empleo y en la remuneración por asalariado.
- Un endeudamiento de los hogares a la baja: 67,9% (deuda/renta), 15 puntos por debajo del área euro.
- El crecimiento de la riqueza real de los hogares (5,1%).
- Los pagos por intereses de la deuda se han reducido: 2,6% de la renta de los hogares (media comunitaria: 2,4%) y continuaran reduciéndose en 2025 por la caída del Euribor.
- En el campo de las empresas, la proporción de sus deudas sobre beneficios se mantuvo estable y a niveles reducidos en 2024.
No hay descalabro económico, contrariamente a lo que se dice desde el espectro de las derechas: esto no admite réplica, y existe un reconocimiento internacional que avala la positiva gestión de la economía por parte del gobierno. Cinco elementos adicionales deben anotarse:
- El incremento de las exportaciones españolas, del orden del 8,5% interanual –dato de marzo 2025: 34.000 millones de euros–, con superávit de más de 1.500 millones de euros con la Unión Europea y un incremento del 2,6% en las exportaciones hacia Estados Unidos (fuente: Secretaría de Estado de Comercio, a partir de estadísticas oficiales).
- El crecimiento económico del 2,6% de España para 2025, como hemos señalado (cuatro veces más –recordémoslo– que la media comunitaria). Se augura, para 2026, un crecimiento del 2%, una inflación en la senda del 2% y una tasa de paro inferior al 10%.
- El despegue de la bolsa de valores, superando los 14.000 puntos con holgura, una situación que no se conocía desde 2008.
- El incremento de la productividad, reduciendo el gap con la Unión Europea (fuente: Informe Anual del Banco de España).
- Las agencias de rating (Standard&Poor’s, Moody’s, Fitch) otorgan una calificación positiva (dato de mayo de 2025) para la deuda soberana de España.
Esto, en síntesis, refleja la confianza en la evolución económica española, edificada sobre el crecimiento del PIB, la mejora del mercado laboral y la estabilidad fiscal, según los informes conocidos de las agencias. Esto es fundamental para determinar el coste de financiación del país y la percepción de riesgo por parte de inversores internacionales. El contexto en el que se opera es, como decíamos, de gran incertidumbre: política arancelaria de Estados Unidos, ralentización económica en Alemania y Francia, impactos de la guerra europea, avance de las opciones políticas de ultraderecha con evidentes sellos anti-europeístas. Y, como subrayábamos antes, con un agit-prop tendente a dibujar todo como entrópico, en estado casi terminal.
Estamos, pues, ante un divulgado caos que se define así: es inexistente. Porque sin esconder los problemas que están, muchos indicadores delatan una situación económico-social totalmente alejada del precipicio y del estado catastrófico que se pregona, tal y como se ha expuesto. La insistente búsqueda de datos –en la que está empeñada la derecha– que insinúen una debacle, no se localizan, de manera que se persiste en explorar argumentos que sólo encuentran descanso en la tergiversación, en la mentira y en la extrapolación de los lamentables regalos que reciben esas derechas de la falta de ética de personajes emboscados cerca del poder: esto es lo que acaba por diluir esa realidad económico-social. Porque ni vemos un 35% de paro ni la destrucción de 900.000 empresas, ni apreciamos una huida masiva de capitales, ni la exterminación del tejido productivo, ni la presencia de críticas feroces por parte de las autoridades comunitarias, augurios que promulgó en su día Daniel Lacalle, presunto ministro de Economía con Feijóo, tal y como algunos voceros han ido comunicando, en una fantasmagórica composición de un gobierno presidido por el líder conservador. Pero su propuesta actual es el alimento del caos, que coloca a sus promotores en una posición que podríamos calificar de “política cuántica”: criticar sin tregua lo que se hace y sus resultados, con disparos de mortero hacia el gobierno central, al mismo tiempo que “sacan pecho” ante los mismos datos que se critican cuando se regionalizan.
Conclusión
Los casos de corrupción, de innegable gravedad, han inferido un estado de shock en el PSOE, y están suponiendo, a nivel social y mediático, el olvido de los avances conocidos en los últimos siete años. Avances que han mejorado –con datos en mano, que hemos presentado, provenientes de instituciones de referencia– el bienestar de la población, si bien resta mucho todavía por hacer. De ahí que la interrupción de esta agenda económica y social, por el ascenso de la derecha y la ultraderecha al poder político, puede suponer regresiones de gran calado. Se están vislumbrando ya propuestas, como la previsible parálisis del aumento del SMI, al señalar Feijóo que su aplicación “indiscriminada” supone un grave problema empresarial, cuando los datos rubrican que esa subida salarial ha coincidido con el mayor número de empresas creadas y con el menor número de quiebras empresariales en los últimos registros disponibles. Una clara perspectiva de austeridad –esa que fracasó con estrépito desde 2009, con la Gran Recesión– y la visión de desmantelar –como ha anunciado en diferentes entrevistas el jefe conservador– leyes sociales aprobadas durante el mandato del presidente Sánchez: he aquí el núcleo del catecismo conservador y ultra.
El gran historiador económico y maestro de economistas, Ramón Carande, contestó, vehemente, a una difícil pregunta que le formularon en una entrevista: que expusiera en pocos términos lo que había sido la evolución de la historia de España. Al viejo y sabio profesor, fulminante, le fueron suficientes dos palabras para alcanzar tal definición: “demasiados retrocesos”. Esta es la senda que puede reabrirse con una ultraderecha incidiendo en el gobierno, tal y como ya se está viendo sin tapujos en algunas comunidades autónomas. El retroceso social, cultural y económico como divisa. Un retorno al pasado. El atraso.
