Cuando Prometeo desafió a Zeus robando el fuego a los dioses y lo entregó a la humanidad, el desafío a los dioses según el mito puede provocar destrucción y sufrimiento.

Y ese elemento de la naturaleza junto al aire, el agua y la tierra, según la tradición griega, es el que estos días asolan nuestros entornos haciendo buena la maldición a Prometeo.

Pero convendría bajar a la realidad y determinar en que medida los hombres, recogen ese “desafío”. A quien o quienes les corresponde como actuar de manera que ese “elemento de la naturaleza” no se convierta en el elemento destructivo y de sufrimiento prometéico.

Lo cierto es que en cuanto a gestión, la distribución de competencias está nítidamente contemplada en el bloque de constitucionalidad.

El artículo 116 de la constitución es claro en relación a la competencia autonómica.

No hay que olvidar que el constituyente optó por un estado compuesto, dotado de una amplia descentralización política. Por tanto, debería aceptarse de lleno que vivimos, porque así hemos elegido, en un Estado (gobierno central y CCAA.).

Vivimos en un conjunto de normas organizacionales interrelacionada de canales de comunicación e instancias de coordinación interna. Todo ello en el deseable marco de la lealtad constitucional, es decir, la obligación juridico – institucional de que los miembros de la federación (Autonomías) tanto frente a ellos como con la totalidad se guarden fidelidad y se entiendan mutuamente.

La actuación de otra parte del estado solo puede ser a instancias del titular de la competencia o tras la aplicación del art. 155 de la constitución, no deseado, y mucho menos el 116, referido a estados de alarma y emergencia.

Por tanto aceptemos el marco deseable de la constitución y de la lealtad constitucional y pongámonos a una a superar lugares comunes, “Los incendios se apagan en invierno”, pirómanos, especualdores, la España vaciada, prácticas cuasi prehistóricas de agricultura y ganaderia, algunos con buena intención y otros con gran ignoracia, ¿o no? Vendrían a vindicar una suerte de siervos de la gleba de 2025.

Se mezclan análisis con propuestas necesarias como tratamientos preventivos, de silvicultura, de limpieza de brigadas profesionales (no solo en verano) con diposiciones de vuestros bien panderodos/as, opinólogos/as que azuzan debates colaterales, bipartdismo etc… y se olvidan de nuestros ausentes campeones de la “desobediencia retrospectiva” que llevan un cómodo verano dejando a boomers o restos del régimen del 78 quemarse con la España que arde.

“Triste época la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” decía Einstein. Poner bulo o verdad de autoreferente y acertaremos.

Lo cierto, y es que sin querer entrar en esta impobrable reflexión sobre la inexsorabilidad del cambio climático, de la lucha contra los negacionistas, de los que nuestros queridos opinólogos solo constatan como crecen en las expectativas de votos; “aquí se fuma” como diría el comisario de Casablanca. Deberíamos, después de superar este doloroso verano, establecer un marco de diálogo y entendimiento que implicase soluciones en varias direcciones.

Desde el respeto a lo consagrado en el art. 19 de la constitución, elegir libremete donde vivir, implica análisis de costes y posiblemente una profunda reorganización administrativa, solo Castilla y León cuenta con mas de 4750 entidades de población.

También un plan actual y realista de lucha contra el fuego,sugiero que el plan debería ser Ibérico. Esto no constituye ninguna excepcionalidad, a dia de hoy hay muchas competencias compartidas y delegadas entre autonomías en España, asi como los programas conjuntos entre distintas regiones portuguesas y CC.AA españolas.

El fuego ha demostrado que es un riesgo sistémico este verano como antes fue Italia, Francia, Turquía, Bélgica, Chile, Brasil y USA.

La peninsula ibérica debería trabajar en un plan conjunto (también en otras áreas: energía, despoblación, etc.) Hacerlo con nuestros vecinos portugueses parece no solo conveniente si no necesario.

Además daríamos una alegría “Ibérica” a nuestro querido y recordado Saramago.