Los últimos datos de la Contabilidad Nacional, correspondientes al tercer trimestre de 2025 indican un crecimiento anual del 2,8%, con lo que en el conjunto del año el crecimiento de la economía española se acercaría al 3%. No cabe duda que con estos datos España se consolida en el liderazgo de crecimiento de las grandes economías europeas.

Todo ello a pesar de un contexto mundial caracterizado por la incertidumbre económica y geopolítica.

En España aumentan tanto el consumo privado como la inversión, de manera que la demanda interna aporta 3,8 puntos al crecimiento del PIB, mientras que la demanda externa resta un punto.

En cuanto a la oferta crecen todos los sectores, excepto la agricultura, circunstancia que debe llevar a una reflexión profunda en relación al cuidado necesario de un sector tan estratégico como el primario.

Otros sectores por el contrario y particularmente la economía circular, se está implementando de manera creciente, tal y como recoge el informe del Observatorio de las Ocupaciones del SEPE.

Inicialmente este gran sector se centraba fundamentalmente en la gestión y reciclaje de residuos, mientras que hoy se prioriza el mantenimiento de los materiales dentro del ciclo económico, se fomenta su reutilización y se reduce así tanto la generación de recursos, como el consumo de materias primas, el gasto de agua y la contaminación ambiental.

Además, para impulsar la circularidad se fomenta la prestación de servicios y el uso compartido de bienes.

En los procesos de la economía circular es muy importante el apoyo de las tecnologías digitales y las actividades transversales como como la consultoría, la logística y la trazabilidad.

El empleo en estos sectores crece de forma significativa, de manera que en 2024 las personas ocupadas crecieron en un 15,52%, la economía circular está además transformando el mundo del trabajo, y genera oportunidades importantes en sectores tradicionales y emergentes.

Estas transformaciones están impulsando innovación, digitalización y sostenibilidad. España debe seguir apostando por este camino verde, digital y cooperativo, liderando con ello una transición hacia un modelo económico más sostenible y competitivo.

La formación es uno de los retos de imprescindible abordaje para fortalecer las competencias de las personas trabajadoras en estos sectores emergentes, así como para la mejora de la productividad de las empresas.

En estos finales de año en los que el gobierno de España ha aprobado el desarrollo reglamentario del contrato de formación, que se estructura en las modalidades de contrato de formación en alternancia, contrato para la obtención de la práctica profesional adecuada al nivel de estudios correspondientes, para adquirir experiencia en el ámbito en el que la persona trabajadora ha obtenido su título, certificado de grado o certificado de profesionalidad, así como la formación en alternancia para compatibilizar la actividad laboral retribuida con los procesos formativos del Catálogo de Especialidades Formativas del Sistema Nacional de Empleo.

Junto a ello, la formación para el trabajo debe abordar el gran reto de llegar a la pequeña empresa, en estos años se han producido importantes avances cuantitativos y cualitativos en materia de formación para el trabajo, sin embargo, aún queda un margen de mejora muy importante fundamentalmente para llevar la formación a las personas trabajadoras de la pequeña empresa y a las personas trabajadoras autónomas.

La implicación de las organizaciones empresariales y de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras autónomas es esencial para ello, con el necesario concurso de las organizaciones sindicales.

El reto de la extensión de la formación, con flexibilidad, adaptación a las necesidades de la pequeña empresa y del trabajo autónomo, así como la implantación efectiva del ejercicio del derecho a la formación debe ser una prioridad para el año que comienza.

En el capítulo de los retos resaltaría, de nuevo, la necesidad de continuar la senda iniciada de incorporación laboral de personas en situación de especial vulnerabilidad. En el caso de algunas de ellas, se han dado pasos de gigante, pero no han hecho más que comenzar, en muchas ocasiones de la mano de los recursos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Es preciso, pues, extender los programas y políticas que se han demostrado de éxito para la incorporación laboral de las personas con mayores dificultades, consolidarlos en el corazón de las políticas de empleo, poniendo en el centro de las mismas a las personas especialmente vulnerables y de manera prioritaria a las personas en paro de larga duración.

Asimismo, afrontar la carestía de productos esenciales de la cesta de la compra, garantizar el acceso a la vivienda, para acabar con la lacra de la especulación y de la expulsión de las personas trabajadoras de las ciudades y acortar las edades de emancipación de las personas jóvenes, son aspectos esenciales que requieren de todos los esfuerzos y en las que se debe poner el foco de manera efectiva.