Como todos los años, abordamos las perspectivas y retos que, previsiblemente, van a enmarcar la dinámica y tendencias a corto y largo plazo, teniendo en cuenta las previsiones de The Global Risk 2026 (GR2026)[1] correspondiente. Informe que se elabora para la reunión del Foro de Davos de 2026, cuyo lema ha sido “Colaboración para la Era de la Inteligencia”. Como señalamos en el artículo anterior, el Foro ha tratado de subrayar la necesidad de colaboración en un momento en el que la polarización alcanza cotas de gran magnitud y donde la presidencia de Donald Trump está marcado un seísmo en muchas de las variables que la primera potencia mundial condiciona de forma muy significativa, incluyendo sus amenazas imperialistas sobre América o el Extremo Oriente.

En este marco, esta edición del Foro abordó una situación global heredada a la que hemos hecho referencia reiterada en los artículos de esta Sección del año 2025, y que podemos caracterizar, básicamente, por:

  • Un fuerte auge de los conflictos geopolíticos y militares, con Ucrania, Palestina, Venezuela, Cuba, Irán, Sudan y el Sahel, como principales ejemplos.
  • Un incremento de los niveles de calentamiento global –se ha superado el nivel medio anual de calentamiento de 1,5ºC deseado como límite en la Agenda de París de 2015, con indicios de un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (no independientes de las políticas de Trump) y de sus negativas consecuencias, asociadas al incremento de frecuencia y gravedad de fenómenos meteorológicos extremos.
  • Existe un cambio tecnológico acelerado por el impulso asociado a una inteligencia artificial generativa, cuyas consecuencias sobre el ámbito del poder, del empleo y de la transformación de las relaciones productivas y sociales solo acaba de empezar.
  • Existe una incertidumbre y posicionamiento preventivo ante los cambios que Trump, está introduciendo en la geopolítica y comercio global, que están afectando -aunque en menor medida de lo previsto- a una economía que ha conseguido doblegar en gran parte la dinámica inflacionaria de años anteriores, pero donde persisten riesgos persistentes para el crecimiento del PIB global por la carga de la deuda pública y los fuertes niveles de endeudamiento que pueden generar impagos y crisis financieras en el mundo en desarrollo, en el que el sector financiero informal gana posiciones de poder.
  • Existe un objetivo explícito de grandes grupos financieros y de poder, organizados principalmente, pero no solo, desde posiciones radicales conservadoras estadounidenses, que generan graves riesgos políticos que afectan a la democracia con el auge de posiciones autoritarias, misóginas y xenófobas.
  • Y, por último, estas tensiones y políticas migratorias xenófobas conviven con políticas de apoyo a la radicalización de la pobreza y a la inestabilidad y deterioro de países en desarrollo no afectos al nuevo imperialismo, con la disminución de la ayuda al desarrollo y la generalización de conflictos bélicos. Lo que unido a las catástrofes climáticas incentivan la emigración hacia países con alto envejecimiento demográfico y necesidad de trabajadores jóvenes, pero en los que las políticas xenófobas aprovechan tensiones creadas artificialmente por esta inmigración para atizar la polarización y el autoritarismo racista.

En este marco, el GR2026 destaca y ratifica que el mundo está entrando en una fase de mayor riesgo e inestabilidad como consecuencia de la rivalidad entre potencias, la menor cooperación internacional, la fragmentación económica, las tensiones geopolíticas, el aumento de la polarización social, los graves riesgos tecnológicos emergentes, sobre todo los asociados a la IAg, y un creciente deterioro ambiental con un calentamiento global que está incrementando muy sensiblemente los efectos negativos de fenómenos meteorológicos extremos. No obstante, el Informe confía en una respuesta que reduzca los riesgos por la vía de una mayor cooperación internacional, la mejora de la gobernanza tecnológica, la potenciación de políticas económicas sostenibles y una acción climática efectiva. Procesos, hoy por hoy, poco perceptibles en la realidad y tendencias vigentes.

En todo caso, como podemos apreciar en los siguientes apartados, el GR2026 muestra que continuamos viviendo en uno de los tiempos más divididos desde la Guerra Fría, con un panorama sombrío en los tres horizontes temporales: actual, de corto plazo y de largo plazo. Las perspectivas continúan empeorando, respecto a 2025, para el corto plazo (pasan del 36% al 50% de opiniones negativas tormentosas o turbulentas) pero mejoran para el largo plazo (pasan del 62% al 57%), aunque siendo todavía mayoritarias las opiniones que prevén un deterioro en la situación global.

Con respecto a los riesgos a corto plazo el GR2026 destaca, como ya sucedía en 2024 y 2025, que las tensiones geopolíticas latentes combinadas con los avances tecnológicos de uso militar generarán nuevos riesgos de seguridad, donde el conflicto armado interestatal adquirirá creciente relevancia. La Confrontación geoeconómica aparece como el mayor riesgo global, implicando la utilización de políticas económicas como armas políticas, principalmente por parte de EEUU: sanciones económicas; guerras comerciales; restricciones a inversiones foráneas; y control y políticas imperialistas sobre recursos estratégicos (por ejemplo, minerales críticos). En paralelo se mantiene el peso de la Desinformación y manipulación informativa, con un crecimiento de la difusión de información falsa o manipulada que se convierte, desde 2024, en un riesgo estructural, con un debilitamiento de la confianza pública, la polarización política, el incremento de inestabilidad social y una utilización creciente en el sesgo electoral y en la toma de decisiones políticas. En particular, la Polarización social lleva a sociedades que están cada vez más divididas ideológicamente, sesgadas cultural y políticamente, y favorecedoras y permisivas ante el incremento de la desigualdad socioeconómica, dificultando la gobernabilidad y aumentando el riesgo de conflictos internos.

Directamente ligada a estos procesos aparece la relevancia de los Riesgos tecnológicos emergentes, destacando una Inteligencia artificial (IA) que puede generar pérdida de empleos, incrementar las capacidades de manipulación informativa, potenciar la militarización, y aumentar los Riesgos cibernéticos (ciberataques, fraude digital, ataque a infraestructuras críticas, etc.) en un marco de creciente expansión de la digitalización. Y, de forma ya muy relevante, incidir en el aumento de las desigualdades.

Por último, como podremos apreciar, se mantiene la importancia de los Eventos climáticos extremos, con referencias concretas a las olas de calor, las inundaciones, las sequías y las tormentas, aunque en el corto plazo su importancia en el GR2026 queda claramente minimizada frente a los riesgos geopolíticos y sociales.

En todo caso, el GR2026 muestra la existencia de riesgos más interconectados, complejos y difíciles de gestionar que en años anteriores, cuyas interrelaciones e influencias recíprocas conducen a destacar, para los dos próximos años, graves consecuencias sobre el aumento de las Desigualdades, una potencial Recesión económica, la Disminución en la salud y bienestar ciudadano, y la Polarización social, seguidos del riesgo de incremento de la Manipulación social (Información falsea y desinformación).

En esta situación, podemos destacar que el GR2026 señala, continuando con las dinámicas que han caracterizado los últimos años, que los riesgos asociados a largo plazo sobre la naturaleza, el bienestar y la salud humana, la seguridad global y local, las desigualdades tecnológicas, digitales y sociales, o la propia estabilidad socioeconómica, se están acelerando rápidamente y pueden llegar a convertirse en graves crisis y catástrofes en la próxima década. Lo que también viene condicionado porque no se dispone de la atención y los recursos que se necesitarían para responder a esos riesgos globales a largo plazo, al concentrarse los mismos, en muchos casos, en paliar los riesgos sentidos a corto plazo, obviando las problemáticas globales y priorizando −siguiendo el ejemplo de EEUU y su Make América Great Again− los intereses nacionales.

Como resultado, la jerarquía de riesgos que se establecen para 2035-36 destacan los riesgos ambientales (tres primeras posiciones) la manipulación y los riesgos asociados a la IA (dos siguientes posiciones) y cibernéticos (8ªposición), el deterioro de los recursos naturales (6ª posición), las desigualdades y la polarización social (7ª y 9ª posición, respectivamente) y la contaminación como riesgo situado en décima posición. Como conclusión, si a corto plazo, el GR2026 destaca los riesgos ambientales como preocupantes, a más largo plazo los riesgos ambientales, como ya sucedía en Informes de años anteriores, se perciben como los más críticos y potencialmente más dañinos para las personas y el planeta.

Si veníamos de una época en la que sucesivos “cisnes negros” habían abocado a considerar un futuro próximo caracterizado por altos niveles de incertidumbre, fragilidad y volatilidad, la nueva llegada de Trump al poder en la primera potencia mundial (que él ya anunció como la llegada de una nueva época) con sus continuas decisiones arbitrarias y caprichosas, aumentan la complejidad de las previsiones y el margen de error en los Escenarios previsibles. Por lo que, atendiendo a esta complejidad y margen de error, hemos querido analizar en qué medida el Global Risk de 2015 fue capaz de anticipar los riesgos materializados en 2026 y, consecuentemente, si cabe esperar una cierta fiabilidad para las previsiones de riesgo para 2035-36 que recoge el GR2026.

En ese sentido, hay que señalar que, centrándonos en los principales riesgos destacados por el GR2015 para 2025, el grado de precisión sobre la ocurrencia e impacto es muy elevado en cinco de los diez principales riesgos que, de hecho, han adquirido un carácter estructural en la sociedad actual. Así, el GR2015 identificó como riesgos más probables o de mayor impacto a 10 años: los Riesgos ambientales (Eventos climáticos extremos; Fallo en la adaptación al cambio climático; Crisis del agua y Pérdida de biodiversidad) que se consideraban los riesgos más graves estructuralmente, acertando en el alza y significación de estos riesgos en la actualidad. Desde el punto de vista de los Riesgos tecnológicos señalaba la importancia de riesgos asociados a Ciberataques masivos, Fallos en infraestructuras críticas y Riesgos potenciales derivados de las nuevas tecnologías, anticipando el papel central de la digitalización en los riesgos futuros. Desde el punto de vista de los Riesgos geopolíticos ya hacía referencia a los Conflictos entre Estados y a los Fallos en la gobernanza global, aunque sin darles el papel central que tienen en la actualidad. Con respecto a los Riesgos sociales, destacaban la Desigualdad económica extrema, la Inestabilidad social y la Crisis de gobernanza. Y, por último, desde la perspectiva de los Riesgos económicos, destacaban las Crisis fiscales y las Crisis financieras, pero, aunque los riesgos económicos eran considerados importantes, no eran los más dominantes en sus previsiones considerando la magnitud de sus efectos y su probabilidad de ocurrencia. Por último, hay que señalar la alta importancia, aunque con una probabilidad inferior a la media, que daban a la Expansión de enfermedades infecciosas, cinco años antes de la Covid19.

Comparando estas previsiones con los riesgos a corto plazo del GR2026 recogidos en el Cuadro 2 de páginas siguientes, llegamos a la conclusión de que el GR 2015 demostró un alto grado de acierto estratégico, identificando correctamente la mayoría de los riesgos estructurales que dominan el mundo en 2026. Fue notablemente preciso en identificar los grandes riesgos en clima, geopolítica, ciberseguridad y polarización social. Pero subestimó la importancia de la confrontación geoeconómica; del impacto sistémico de la desinformación digital; la velocidad de fragmentación global y el uso de la economía como arma geopolítica. No obstante, en conjunto, su capacidad predictiva puede considerarse alta para horizontes a 10 años, especialmente en riesgos estructurales; aunque menos precisa en la velocidad y forma específica en que esos riesgos se están manifestando.

Evolución de la percepción de la gravedad de los Riesgos globales a corto y largo plazo.

El Foro de Davos ha considerado, en sus últimas 21 ediciones, la importancia de conocer y abordar los que se pueden considerar Riesgos más significativos a que se enfrenta la sociedad. Y ello, en un marco en el que la constatación de la progresiva gravedad de fenómenos tremendamente disruptores, como la pandemia del Covid19, ha llevado a que los análisis de riesgos se diferencien, en los últimos Informes, entre el corto plazo (2 años) y el largo plazo (10 años).

Los sucesivos Foros de Davos han ido adecuando la relevancia de los riesgos según lo hacía la coyuntura internacional y la previsión de evolución de ésta en años sucesivos. Tras la crisis que implicó la pandemia de la Covid19, en 2020, su visión era netamente optimista. Así, en 2021, el Foro se configuraba bajo el lema de “El Gran Reinicio”. Pero, en 2022, no se mostraba con los mismos niveles de optimismo del año anterior; sólo un 11% de expertos consideraban que lo que denominaban recuperación mundial (que se entendía como recuperación del PIB pre-Covid19) se llegaría a producir antes de 2025; por el contrario, un 10% preveía un claro empeoramiento de la situación por la superación de tipping points (puntos de inflexión/saltos cualitativos) y la producción de catástrofes de distinto tipo. En el Global Risk siguiente −GR2023− era el 13% los que destacaban el potencial empeoramiento de los riesgos asociados a la superación de tipping points y la producción de catástrofes de distinto tipo, ya para 2023-2025, ascendiendo al 20% los que destacaban este empeoramiento para 2033. Tenían en cuenta lo acontecido en 2022, tanto en el campo climático y de las catástrofes asociadas, como en el aspecto geopolítico –con la invasión de Ucrania por Rusia y los graves problemas logísticos y de aprovisionamiento-, o con la fuerte caída de las expectativas de crecimiento del PIB, la generación de fuertes tensiones inflacionistas, la aparición de tensiones monetarias y las afecciones de estos procesos al bienestar de los ciudadanos, con el incremento de las desigualdades y las agresiones a la democracia.

Tras un 2023 donde las tensiones geopolíticas y militares, los récords en el calentamiento global y sus efectos, la irrupción de la inteligencia artificial generativa y la incertidumbre socioeconómica presidieron una dinámica compleja, netamente diferenciada en las distintas regiones del planeta, en 2024, el Global Risk reducía el pesimismo sobre los riesgos a corto plazo respecto a las perspectivas mostradas en 2023, con unos riesgos catastróficos (situaciones Tormentosa más Turbulenta) que, a corto plazo, solo se destacaban en el 30% de las percepciones, frente al 82% equivalente de 2023. No obstante, la situación cambiaba para el largo plazo, donde esas mismas percepciones (tormentoso más turbulento), alcanzaba el 63% en 2024, frente al 54% del Global Risk de 2023.

El Global Risk de 2025 se enmarcaba en una dinámica caracterizada por un mundo cada vez más fragmentado, con una expansión y escalada de los conflictos (Ucrania, Palestina, Sudán, …), una multitud de fenómenos meteorológicos extremos amplificados por el cambio climático, una polarización social y política generalizada y avances tecnológicos continuos que aceleraban la difusión de información falsa o engañosa. El resultado era que planteaban una de las situaciones más enfrentadas desde la Guerra Fría, revelando un panorama sombrío en los tres horizontes temporales: de 2025, de corto plazo y de largo plazo, con una perspectiva mejor que la que se mostraba para 2023, pero peor que la correspondiente a 2024, tal y como apreciamos en el Cuadro siguiente.

En el Global Risk 2026, la primera consideración que podemos realizar es que la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales (EPRG)[2], base del mismo, se enmarca, como señala el propio Informe, en una dinámica caracterizada por un mundo cada vez más fragmentado, con una expansión y escalada de los conflictos geopolíticos y militares, una multitud de fenómenos meteorológicos extremos amplificados por el cambio climático, una polarización social y política generalizada y avances tecnológicos continuos que aceleran la difusión de información falsa o engañosa. El resultado, como señalan, es que continuamos viviendo en uno de los tiempos más divididos desde la Guerra Fría, y esto se refleja en los resultados del EPGR, que revelan un panorama sombrío en los tres horizontes temporales: actual, de corto plazo y de largo plazo, con una perspectiva mejor que la que mostraba esta encuesta en 2023, pero peor que la correspondiente a 2025 para el corto plazo, tal y como apreciamos en el Cuadro siguiente.

Las previsiones más pesimistas (rojo burdeos) crecen en los tres últimos GR, al pasar del corto al largo plazo. Pero mientras que en 2023 el incremento del empeoramiento del corto al largo plazo era de un 54%, para 2024 ese incremento pasaba al 467%, mostrando el pesimismo reinante sobre la evolución futura de los riesgos. En 2025 el empeoramiento se seguía produciendo, pero en un porcentaje del orden de la mitad que el mostrado en 2024. Y en 2026, aunque el empeoramiento pasa al 138%, menor que el de 2025, el incremento sigue siendo sustancial. Con las situaciones denominadas “Turbulentas”, en 2026 se produce una reducción respecto a 2025 (-10%) pero la suma de Tormentosa más turbulenta sigue representando más del 50% del total (57%), mejorando las situaciones de “Calma” o “Estables” (11%) sobre las correspondientes a 2024 (8%) mostrando una mayor probabilidad para el largo plazo.

En síntesis, las perspectivas continúan empeorando, respecto a 2025, para el corto plazo (50% de opiniones tormentosas o turbulentas, frente al 36% de 2025) pero mejoran para el largo plazo (pasan del 62% al 57%). El Informe destaca que el mundo ha entrado en una “era de competencia”, caracterizada por rivalidades entre potencias, fragmentación económica, tensiones geopolíticas y menor cooperación internacional, con riesgos más interconectados, complejos y difíciles de gestionar que en décadas anteriores.

En todo caso, antes de entrar en el análisis particularizado de los riesgos a corto o a largo plazo, hay que tener en cuenta, en primer lugar, que se han producido cambios respecto a 2025 en la definición de los Riesgos para 2026. La nueva definición de los 33 riesgos globales considerados en 2025 y 2026 (frente a los 34 de 2024) se recoge en el Anexo A[3] del Informe y los cambios se recogen en el Anexo B[4]. No obstante, el propio Informe recoge que: “para garantizar la comparabilidad a lo largo del tiempo, el concepto fundamental de cada riesgo se ha mantenido en líneas generales para que sea consistente con el de versiones anteriores de la encuesta, aunque se modificaron parcialmente algunos nombres y definiciones”.

Evolución de la relevancia de la gravedad de los riesgos a corto plazo (2 años) del Global Risk 2023 al Global Risk 2026.

A corto plazo (dos años), cabe señalar que el GR 2026 registra cambios significativos en la Jerarquía de riesgos respecto al GR 2025 y muy significativos respecto a los recogidos en el GR 2023, tal y como apreciamos en el Cuadro siguiente.

El cambio más significativo que se aprecia en el Cuadro se encuentra entre 2023 y 2024, manteniéndose después para 2025 y 2026. Nos referimos a la relegación, por la irrupción de riesgos de manipulación y desinformación, y confrontación económica y militar, de la numerosa presencia y gravedad de los riesgos ambientales (4 de los 10 riesgos definidos en 2023 entre los 10 primeros) que pasan a la mitad, desde 2024 a 2026. No obstante, los Eventos climáticos extremos mantienen, entre 2023 y 2025, la segunda posición en la importancia de los riesgos a corto plazo, aunque pasa a la tercera posición para 2026. Y la Contaminación se sitúa en décima posición en 2024, escala a la sexta posición en 2025 y desciende a la novena en 2026.

Desde la perspectiva de los riesgos económicos, en 2023 destacaba, en primer lugar, el riesgo de una posible Crisis del costo de vida, pero como único riesgo económico entre los 10 primeros. En 2024, sin embargo, aumentan a tres los riesgos de índole económica, pero con una relevancia mucho menos significativa, aunque más diversificada: 6º. Falta de oportunidades económicas (aunque de nueva definición, está relacionado con la anterior Erosión de la cohesión social en cuanto a su dimensión de desigualdades de oportunidades); 7º. Inflación (en la 12ª posición en 2023 bajo el enunciado de Fallos en las políticas para estabilizar la trayectoria de los precios); y 9º. Recesión económica (en la posición 13ª en 2023). En 2025 la economía vuelve a perder relevancia entre los riesgos más significativos para los dos próximos años, siendo sustituida por la problemática social y la confrontación de distintos tipos, de manera que queda reducida a la problemática ligada a la Desigualdad, con amplia correlación con la problemática de índole social. En 2026 esta situación respecto a la prioridad de riesgos económicos no cambia.

Especial significado tiene el fuerte ascenso, en 2024, hasta la primera posición, que se mantiene en 2025, de la manipulación informativa (Falsa información y desinformación) que aparece como el principal riesgo para años en los que las convocatorias electorales (incluida la de EEUU) iban a afectar a cerca del 40% de la población mundial, frente a la 16ª posición que ocupaba en 2023. En 2026 pasa a segunda posición por el alza de la Confrontación geoeconómica (entre países) y sigue teniendo una importancia relevante ante las próximas confrontaciones electorales.

En todo caso, eran los riesgos económicos y de manipulación social los que coadyuvaron a que la Polarización social aumentara en gravedad en 2024 respecto a 2023, pasando de la quinta a la tercera posición en cuanto a relevancia, manteniéndose en la cuarta posición en 2025 y ascendiendo a la tercera, de nuevo, en 2026. De hecho, los encuestados consideraban que la Polarización social y la Recesión económica eran los riesgos más interconectados (y, por lo tanto, más influyentes) en la red de riesgos globales en 2024. Lo que unido a la incidencia de la manipulación informativa (Falsa información y desinformación) y la Migración involuntaria, podían dar lugar a disturbios y cambios políticos que podrían variar desde protestas violentas y crímenes de odio hasta enfrentamientos civiles y terrorismo. Lo que se unía a la grave Erosión de los derechos humanos y/o de las libertades civiles, que aparece en 2025 como décimo riesgo global destacado a corto plazo. Y asciende a la novena posición en 2026.

Otro riesgo de importancia creciente entre 2023 y 2024 fue la Inseguridad cibernética, que ganó 4 posiciones en su relevancia respecto a 2023, situándose como el cuarto riesgo más significativo. Un problema de incidencia socioeconómica progresiva, con daños a empresas, instituciones y particulares fuertemente crecientes, y sobre el que se estima que la inteligencia artificial generativa (IAg) puede agravar sus efectos. En 2025 pasaba a la quinta posición y a la sexta en 2026, tras la irrupción de los Conflictos armados interestatales que pasan de la quinta (en 2024) a la tercera posición, en 2025, y a la quinta, de nuevo, en 2026, cuando en 2023 se situaba en la decimocuarta posición. Lo que refleja el fuerte cambio producido en la valoración de este riesgo derivado de la incidencia de la invasión de Ucrania, el terrorismo palestino, el genocidio de Israel, o los conflictos en el Sahel, en Sudán, en Siria y en Irán, fundamentalmente.

Por último, la octava posición corresponde, tanto en 2024 como en 2025, a las Migraciones involuntarias, que en 2023 aparecían en décima posición, que es la que recupera en 2026. Su relevancia está directamente ligada a los efectos del calentamiento global, a los Conflictos armados interestatales y a la incidencia diferencial de la Falta de oportunidades económicas, Inflación y Recesión económica sobre los países menos desarrollados, o sobre los grupos sociales más desfavorecidos del conjunto del Planeta.

Como síntesis, podemos señalar que ya en 2023 se destacaba la incidencia de los riesgos asociados al calentamiento global y sus efectos, a las guerras comerciales, a las salidas de capital de los mercados emergentes, al malestar social generalizado, o a la confrontación geopolítica (e incluso el espectro de guerra nuclear). Riesgos que se veían amplificados por los niveles insostenibles de deuda, una nueva era de bajo crecimiento, la baja inversión global y la desglobalización, el desarrollo acelerado y sin restricciones de tecnologías de uso dual (civil y militar), o la disminución en el nivel de desarrollo humano después de décadas de progreso, sobre todo en los grupos sociales y en los países menos favorecidos, desde 2008. En 2024 esta situación, aunque mejoraba desde la perspectiva de los riesgos económicos, empeoraba, sin embargo, desde las perspectivas de los conflictos y enfrentamientos geopolíticos, militares y sociales, con un fuerte incremento derivado de los riesgos de manipulación social (fake news) con el concierto del cibercrimen que generaba una creciente desigualdad y polarización en la sociedad.

En 2025 se presentaban los mismos cinco primeros riesgos globales a corto plazo que los característicos de 2024, con una profundización de las tensiones geopolíticas y geoeconómicas, incluidos tanto los riesgos de conflictos militares geo-estatales, cómo las presiones económicas sobre las personas de ingresos bajos y medios, y sobre los países endeudados y más vulnerables al calentamiento/cambio climático global. A lo que se unían las disfunciones, desequilibrios y desigualdades asociadas a unos avances tecnológicos cuyos beneficios son claramente apropiados por las multinacionales de los sectores más automatizados, o por las multinacionales tecnológicas impulsoras del desarrollo de la inteligencia artificial generativa (IAg) y de otras tecnologías de vanguardia con incidencia creciente sobre la productividad económica, la biotecnología, las finanzas, la adaptación/resiliencia climática, la cualificación del trabajador, la atención médica o el control y manipulación social, que seguían apareciendo como riesgos destacados para 2025-2026. Factores todos ellos impulsores de la desigualdad entre países y personas, con un incremento de la disparidad en la distribución de beneficios que colaboran a la polarización y radicalización social, con el consiguiente incremento de los riesgos relacionados a más largo plazo.

En 2026, los riesgos a corto plazo se asocian a la Confrontación geoeconómica, que aparece como el mayor riesgo global, implicando la utilización de políticas económicas como armas políticas, principalmente por parte de EEUU: sanciones económicas; guerras comerciales; restricciones a inversiones foráneas; y control y políticas imperialistas sobre recursos estratégicos (por ejemplo, minerales críticos). Sus principales consecuencias se asocian en el GR2026 con la fragmentación del comercio mundial, desequilibrios e interrupciones en las cadenas de suministro, y potenciación de la inflación e incertidumbre global. Lo que se interrelaciona directamente con el ascenso del riesgo de Conflictos entre Estados (guerras) como resultado de la mayor rivalidad entre grandes potencias, de la incentivación de guerras regionales, y de una militarización creciente cuya principal consecuencia está siendo el deterioro de la estabilidad global. Económicamente se genera una creciente inestabilidad global, que no es independiente de la elevada deuda pública alcanzada (que restringe la capacidad de intervención de los estados frente a crisis potenciales) que puede llevar a una inflación persistente y a un menor crecimiento económico global.

En paralelo se mantiene el peso de la Desinformación y manipulación informativa, con un crecimiento de la difusión de información falsa o manipulada que se convierte, desde 2024, en un riesgo estructural, con un debilitamiento de la confianza pública, la polarización política, el incremento de inestabilidad social y una utilización creciente para el sesgo electoral y la toma de decisiones políticas. En particular, la Polarización social lleva a sociedades cada vez más divididas ideológicamente, sesgadas cultural y políticamente, y favorecedoras y permisivas ante el incremento de la desigualdad socioeconómica, dificultando la gobernabilidad y aumentando el riesgo de conflictos internos.

Se mantiene la importancia a corto plazo de los Eventos climáticos extremos, con referencias concretas a las olas de calor, las inundaciones, las sequías y las tormentas, aunque su importancia en el GR2026 queda claramente minimizada frente a los riesgos geopolíticos.

Por último, adquieren una importancia muy importante los Riesgos tecnológicos emergentes, destacando una Inteligencia artificial que puede generar pérdida de empleos, incrementar las capacidades de manipulación informativa, potenciar la militarización controlada artificialmente con auto-capacidad de decisión, aumentar los Riesgos cibernéticos (ciberataques, fraude digital, ataque a infraestructuras críticas, etc.) en un marco de creciente expansión de la digitalización y, de forma ya relevante, incidir en el aumento de las desigualdades.

En síntesis, a corto plazo se destaca, como ya sucedía en 2024 y 2025, que las tensiones geopolíticas latentes combinadas con los avances tecnológicos de uso militar generarán nuevos riesgos de seguridad, donde el conflicto armado interestatal adquirirá creciente relevancia. Los avances tecnológicos, incluida la IAg, permitirán desarrollar nuevas herramientas de disrupción y conflicto, desde malware hasta armas biológicas, que incrementarán el riesgo de los citados conflictos armados intra e interestatales.

Atendiendo a la interrelaciones y pesos individuales de los distintos riesgos, el GR2026 recoge los principales riesgos detectables potencialmente más influyentes globalmente para los dos próximos años. Tal y como se aprecia en la Figura siguiente, estas interrelaciones e influencias mutuas llevan a destacar (tamaño de los círculos) la máxima relevancia para el riesgo del aumento de las Desigualdades, de una potencial Recesión económica, de la Disminución en la salud y bienestar ciudadano, y de la Polarización social, seguidos del riesgo de incremento de la Manipulación social (Información falsea y desinformación). Riesgos, todos ellos magnificados por las políticas impulsadas por EEUU y seguidas por los estados autoritarios que apoyan políticas semejantes.

Complementariamente, en el Anexo C[5] se recogen los cinco riesgos deducibles de la Executive Opinion Survey realizada entre mayo y junio de 2025, que, para los dos próximos años, se entiende que pueden ser los más relevantes en los distintos 116 países considerados. Los resultados para España a lo largo de los últimos cinco años se recogen en el Cuadro siguiente.

Destaca la sensible diferencia de los riesgos considerados para España, en 2026, respecto a la media global, particularmente en lo que se refiere a la importancia que normalmente se da a las dimensiones socioeconómicas, desde 2022, que alcanzan su máximo en 2026 (los cinco riesgos) y, en particular, la supremacía del riesgo de Polarización social. Y destaca la no consideración de la Incidencia de fenómenos climáticos extremos o lo anecdótico de riesgos ambientales que solo aparecen en la última posición en 2022 y 2024. Y sorprende la inclusión del Desempleo y falta de oportunidades económicas, a la vez que la Escasez de mano de obra y falta de cualificación de esta, en un momento en que España presenta el mínimo de desempleo de los últimos 18 años.

Evolución de la relevancia de la gravedad de los riesgos a largo plazo (10 años) del Global Risk 2021 al Global Risk 2026.

La consideración del complejo marco de riesgos interrelacionados a corto plazo lleva, lógicamente, a un largo plazo marcado por la valoración más marcada de aquellos riesgos que presentan una relevancia estructural más significativa, sobre los que se superponen los posibles surgimientos o incrementos de nuevas fuentes de tensión (inteligencia artificial generativa, conflictos militares, récords en temperatura y fenómenos climáticos extremos, etc.). De hecho, los cuatro Factores estructurales que el GR2026 considera que constituyen los determinantes fundamentales del entorno de riesgo global futuro, ya que amplifican los riesgos dominantes existentes, crean nuevos tipos de riesgos sistémicos, y redefinen la capacidad de los actores (Estados, empresas, instituciones) para gestionar esos riesgos, son:

  1. La aceleración tecnológica, que se relaciona con las vías de desarrollo de las tecnologías emergentes y con sus avances significativos en los próximos 10 años: inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología y digitalización sistémica. Lo que no va a dejar de tener influencia en la polarización social y en los riesgos asociados con la aceleración de un progreso dependiente de nuevas formas de poder.
  2. Los cambios geoestratégicos derivados de la evolución de las fuentes y la concentración del poder geopolítico, que influyen en el orden global, impactando las alianzas y su dinámica, así como la proyección ofensiva y defensiva del poder blando y duro. Lo que asocia a la transición hacia un mundo multipolar, mayor rivalidad entre potencias y debilitamiento del multilateralismo. Las consecuencias son la pérdida continua de apoyo a las instituciones multilaterales actuales y sus efectos sobre la estabilidad global y las necesidades humanitarias, una grave recesión geopolítica y un riesgo grave de fragmentación del comercio global.
  3. El cambio climático abarca la gama de posibles trayectorias del calentamiento global y las consecuencias para los ecosistemas de la Tierra, particularmente como consecuencia de los patrones insostenibles de producción y consumo, que están impulsando una creciente contaminación del aire, el agua, la tierra y la naturaleza, y una escalada en los impactos en la salud y en los ecosistemas. El calentamiento, los eventos meteorológicos extremos, las alteraciones de ecosistemas y la merma en la disponibilidad de recursos naturales son otros tantos factores agravadores de los riesgos en este capítulo.
  4. La bifurcación demográfica asociada a los cambios en el tamaño, el crecimiento y la estructura de las poblaciones en todo el mundo, con unos países desarrollados, o en desarrollo, con sociedades envejecidas y riesgos de generar crisis de pensiones y escasez de cuidados a largo plazo, con unas divergencias en estructura, crecimiento y envejecimiento de la población entre diferentes regiones del mundo con indudables impactos colaterales en desigualdades y migraciones.

En esencia, estas fuerzas estructurales están configurando una transición hacia un sistema global más fragmentado, competitivo e incierto, donde la resiliencia y la adaptación estratégica serán factores críticos de gobernanza y supervivencia. Todo lo cual, inevitablemente, incidirá en Impactos socioeconómicos crecientes, un previsible incremento de las Desigualdades económicas y sociales, con un agravamiento de las diferencias entre ricos y pobres, una creciente Fragmentación global, y un marco de decreciente cooperación internacional, ya presente en 2025 y en el inicio de 2026.

En esta situación, podemos destacar que el GR 2026 señala, continuando con las dinámicas que han caracterizado los últimos cinco años, que los riesgos asociados a largo plazo sobre la naturaleza, el bienestar y la salud humana, la seguridad global y local, las desigualdades tecnológicas, digitales y sociales, o la propia estabilidad socioeconómica, se están acelerando rápidamente y pueden llegar a convertirse en graves crisis y catástrofes en la próxima década. Lo que también viene condicionado porque no se dispone de la atención y los recursos que se necesitarían para responder a esos riesgos globales a largo plazo, al concentrarse los mismos, en muchos casos, en paliar los riesgos sentidos a corto plazo, obviando las problemáticas globales y priorizando −siguiendo el ejemplo de EEUU y su Make América Great Again− los intereses nacionales.

Tal sucede con la insuficiencia, ya mostrada en artículos anteriores de esta Sección, con lo relacionado con el calentamiento global y la potenciación del uso de las energías fósiles; con la grave afección a las reglas de comercio internacional; con el potencial incremento de la inflación y el desequilibrio económico global, o con la grave afección a la cooperación internacional de ayuda a los países en desarrollo, en un marco de transformación cultural y social donde los organismos de Naciones Unidas y el equilibrio que la misma trata de mantener en el desarrollo sostenible, no dejará de tener graves repercusiones.

Como resultado, los Escenarios para la próxima década aparecen no solo con alto grado de incertidumbre, gravedad y turbulencia, sino con diferencias en valoraciones y priorización de riesgos respecto a años anteriores, que se aprecian en el Cuadro siguiente.

La primera constatación que se deriva de la evolución en la consideración de los riesgos a largo plazo tras la pandemia del Covid19 es la relevancia y permanencia de los riesgos ambientales, en seis de los doce primeros riesgos: 1º. Eventos climáticos extremos; 2º. Pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas; 3º. Cambio crítico en los sistemas terrestres; 6º. Escasez de recursos naturales; a los que añadir la Contaminación en la posición novena. Y, aunque el acento en 2026 se pone en los Eventos climáticos extremos, se constata que ya en 2021 eran cinco de diez los principales riesgos asociados al medioambiente, que permanecían en igual número en 2022 y pasaban a ser seis en 2023, manteniéndose nuevamente en cinco para 2024, 2025 y 2026, con un papel central para el calentamiento global y sus efectos; pero sin olvidar riesgos asociados al colapso de los ecosistemas o a la crisis en el uso de recursos naturales[6].

Como ya señalaban en anteriores GR, los riesgos ambientales podrían llegar a un punto sin retorno, dominando cada vez más para los próximos años el panorama de riesgos a corto, medio y largo plazo. No siendo indiferente a este hecho los cambios de política ambiental y energética promovidos por Donald Trump en el segundo país más emisor de gases de efecto invernadero del mundo, e imitados progresivamente por países en su ámbito de influencia.

Como conclusión, si a corto plazo, los encuestados destacan los riesgos ambientales como preocupantes, a más largo plazo los riesgos ambientales, como ya sucedía en Informes de años anteriores, se perciben como los más críticos y potencialmente más dañinos para las personas y el planeta. De hecho, podemos decir que los riesgos climáticos y ambientales son el foco central de las percepciones de riesgos globales para la próxima década en el GR2026, y son los riesgos para los que, teniendo en cuenta los resultados de la COP30 del noviembre pasado, a los que nos hemos referido en artículos anteriores de esta Sección, podemos señalar que no se cuenta con la respuesta adecuada a corto ni a medio plazo[7].

La segunda consideración desde la perspectiva de los riesgos a largo plazo es que la manipulación, “noticias adaptadas” y fake news siguen destacando como riesgo global, ahora fuertemente potenciado por la utilización de una inteligencia artificial generativa asociada al control de la “huella digital personal” y al control oligopólico de los bancos de datos personales y de los bots de difusión de información masiva. Está contrastada su influencia en los resultados de las elecciones celebradas en los últimos años y en las cercanas ya para este año 2026, que van a afectar a un porcentaje muy sensible de la población, facilitando el que ganen posiciones las políticas manipuladoras basadas en mentiras reiteradamente difundidas, que se convierten en “creencias” asumidas por amplias capas de la población, cada vez más polarizadas y auto reforzadas en sus convicciones por las redes sociales, al margen de cuál sea la realidad, consiguiendo debilitar sociopolíticamente a la sociedad y a la democracia.

Dinámica en la que está incidiendo de forma creciente una realidad que podemos definir como la era de la inteligencia artificial generativa (IAg) y su aportación a la revolución científico-técnica (RCT). Tecnología con muchos años de desarrollo y aplicación que ha registrado en 2025 un salto cualitativo sin retorno para el conjunto de la sociedad, y cuyos efectos, positivos y negativos, estamos viendo con especial intensidad en la actualidad. Se destacan los riesgos asociados al mal uso del desarrollo tecnológico e informático entre los doce principales riesgos a largo plazo: 4º. Mal-información y desinformación; 5º. Resultados adversos de las tecnologías de IA; 8º. Inseguridad cibernética; o, ya fuera de los doce primeros, en la 15ª posición: Censura y vigilancia social.

Y conviene no olvidar las advertencias ya recogidas en Informes anteriores al hecho de que el aumento en el gasto militar y la proliferación de nuevas tecnologías asociadas a la confrontación (ciberataques, fake news, drones, armamento de nueva generación, etc.) están impulsando un papel creciente de las tecnologías emergentes en la carrera armamentista mundial, lo que puede conducir a conflictos potenciales -accidentales o intencionados- más destructivos, no siendo desdeñable el riesgo del uso del arma nuclear y de sus efectos globales devastadores.

Ello lleva a que el RC2026 priorice la manipulación informativa, tras los riesgos ambientales, hasta la cuarta posición en el largo plazo. Riesgo que, junto al incremento de las Desigualdades (séptima posición) y los Resultados adversos de las tecnologías de IA, (5ª posición) muestren un Escenario que eleva la Polarización social hasta el puesto noveno a largo plazo. Puesto también reforzado por el hecho de que los problemas socioeconómicos destacados a corto plazo, se estima que también van a tener una fuerte incidencia e interrelación con ese avance en la Polarización social que puede llegar a poner en peligro la estabilidad y cohesión social e, incluso, la democracia en el minoritario porcentaje de países que en el conjunto del Planeta se rigen por este sistema de Gobierno. De hecho, la Censura y vigilancia social aparece en el GR2026 en la decimoquinta posición, relevando la importancia de los riesgos directamente ligados al autoritarismo directo o indirecto.

La conjunción de la vulnerabilidad a los efectos climáticos del calentamiento global con la propensión interestatales o interestatales a los conflictos militares y geoestratégicos, añadidos a la inflación, la deuda, la posible recesión económica y la desigual y desfavorable incidencia de los avances tecnológicos y de la polarización global, es de prever que incrementen –principalmente en los países más desfavorecidos- los impactos socioeconómicos en la población, fundamentalmente joven, para la que no quedan muchas más alternativas que la migración forzada, bien por motivos de seguridad, ante los conflictos militares, o de supervivencia, ante las consecuencias de las crisis ambientales o económicas.

Queda claro que tenemos una situación caracterizada por desafíos cada vez mayores a la democracia, por una fragmentación del sistema multilateral y por una crisis climática, de la naturaleza y de deuda, que es insostenible y está alimentando progresivamente el malestar social. Es obvio que sería imprescindible cambiar radicalmente las tendencias que aumentan negativamente la afección a la naturaleza y a sus ciclos vitales, al bienestar social, a la democracia, a las desigualdades, a la polarización social y al sistema económico global. Pero todas estas negativas dinámicas están incentivadas por las políticas de Donald Trump y su capacidad de influencia global, por lo que es previsible que sigan acelerándose, con unas consecuencias para el futuro que no serán precisamente positivas para el conjunto de la humanidad.

El GR2026 asume que el mundo está pasando de una era de cooperación global a una era de competencia estratégica, con riesgos más complejos e interconectados que nunca. Y reconoce que las tendencias no son positivas, fundamentalmente porque el mayor peligro para la humanidad proviene de riesgos estructurales y acumulativos sobre los que la disrupción que está significando las políticas y comportamientos de la presidencia de EEUU no favorece, sino intensifica, la negativa dinámica dominante.

¿Son fiables las previsiones a largo plazo de los Global Risk? Previsiones de 2015 y situación de 2026

Vistas las perspectivas que establecen los sucesivos Informes sobre los riesgos a largo plazo, es conveniente indagar el grado de confianza que cabe atribuir a los mismos, para lo que hemos hecho el ejercicio de valorar hasta qué punto las previsiones realizadas en el Global Risk de 2015 para el período 2025-2026 tienen algún grado de aproximación a los que podemos considerar riesgos globales actuales. En la página siguiente se recogen los que eran considerados los riesgos globales a largo plazo en el GR2015 atendiendo a su probabilidad de ocurrencia y a la gravedad de sus efectos.

Como apreciamos, el GR2015 identificó como riesgos más probables o de mayor impacto a 10 años, de forma dominante los Riesgos ambientales (Eventos climáticos extremos; Fallo en la adaptación al cambio climático; Crisis del agua y Pérdida de biodiversidad) que se consideraban los riesgos más graves estructuralmente. Desde el punto de vista de los Riesgos tecnológicos señalaba la importancia de riesgos asociados a Ciberataques masivos, Fallos en infraestructuras críticas y Riesgos potenciales derivados de las nuevas tecnologías, anticipando el papel central de la digitalización en los riesgos futuros. Desde el punto de vista de los Riesgos geopolíticos ya hacía referencia a los Conflictos entre Estados y a los Fallos en la gobernanza global, aunque sin darles el papel central que tienen en la actualidad. Con respecto a los Riesgos sociales, destacaban la Desigualdad económica extrema, la Inestabilidad social y la Crisis de gobernanza. Y, por último, desde la perspectiva de los Riesgos económicos, destacaban las Crisis fiscales y las Crisis financieras, pero, aunque los riesgos económicos eran considerados importantes, no eran los más dominantes en el conjunto asociando magnitud de sus efectos y probabilidad de ocurrencia.

Comparando estas previsiones con los riesgos a corto plazo del GR2026 recogidos en el Cuadro 2, llegamos a las conclusiones siguientes:

  • Existen predicciones acertadas en la importancia dada a los Conflictos geopolíticos, (Conflictos entre Estados como riesgo de máxima probabilidad y elevados impactos) que es uno de los principales riesgos globales detectados en 2026 (Guerra Rusia-Ucrania; Tensiones EE.UU–China; Conflictos regionales múltiples; Rearme global).
  • Se produce un alto nivel de acierto en el riesgo asociado a la Ciberseguridad (Ciberataques considerado con probabilidad e impactos por encima de la media) que coincide con su consideración, en 2026, como riesgo crítico global (6ª posición) que incide sobre los riesgos de Ataques a infraestructuras críticas, el Ciberespionaje estatal o el Ransomware generalizado existente en la actualidad.
  • También existe un alto nivel de acierto en la previsión de la importancia de la Polarización e inestabilidad social, considerada con probabilidad e impactos por encima de la media, en 2015, y que es uno de los principales riesgos globales en 2026, manifestándose en una Polarización política extrema, Pérdida de confianza institucional y elemento principal en las Crisis democráticas actuales.
  • Lo mismo se puede decir de la incidencia del Cambio climático y de los eventos extremos, que era uno de los principales riesgos a largo plazo considerados en 2015, y coincide con uno de los mayores riesgos estructurales, aunque no el principal a corto plazo, registrados en 2026, tanto por la incidencia de olas de calor récord, sequías graves o inundaciones. En todo caso, respecto a la alta probabilidad e impacto que daban al riesgo de Crisis del agua, solo podemos considerar un acierto parcial, ya que, aunque es un problema creciente, no domina el ranking inmediato global, pese a su gravedad en regiones específicas.
  • Cabe considerar un nivel de acierto significativo en el riesgo de Fragmentación global (Fallos de gobernanza global, con alta probabilidad, pero impactos por debajo de la media) ante una situación actual caracterizada por una Fragmentación global y una rivalidad geopolítica que dominan el mundo.
  • Solo se puede considerar parcialmente acertada su referencia al riesgo de Crisis económicas sistémicas (Crisis financieras globales importantes, de probabilidad media y alto impacto) en la medida en que, en la actualidad, cabe señalar la existencia de inestabilidad económica, pero no una crisis sistémica ni un colapso financiero global, pese a los problemas de alta deuda, riesgo de inflación y evidentes tensiones económicas.
  • Con respecto a las predicciones que no anticiparon adecuadamente respecto a su relevancia actual, hay que señalar la Confrontación geoeconómica, que en GR2026 se considera el riesgo más importante a corto plazo, con sanciones económicas masivas, uso del comercio internacional como arma, e incidencia en la señalada fragmentación económica global. E, igualmente, no se valoró adecuadamente, subestimando la Desinformación como riesgo central que, aunque ya se cita en el GR2015, no se previó su enorme impacto actual que le convierten en uno de los riesgos actuales más importantes. Tampoco se valoró adecuadamente el Impacto político y social de la tecnología digital, especialmente en lo que se refiere al papel de las redes sociales, de la manipulación informativa o del papel de la IA.

Como síntesis, el GR 2015 demostró un alto grado de acierto estratégico, identificando correctamente la mayoría de los riesgos estructurales que dominan el mundo en 2026. Fue notablemente preciso en identificar los grandes riesgos en clima, geopolítica, ciberseguridad y polarización social. No obstante, sus principales fallos fueron subestimar la importancia de la confrontación geoeconómica; del impacto sistémico de la desinformación digital; y subestimar la velocidad de fragmentación global y del uso de la economía como arma geopolítica. Por lo tanto, en conjunto, su capacidad predictiva puede considerarse alta para horizontes a 10 años, especialmente en riesgos estructurales, pero menos precisa en la velocidad y forma específica en que esos riesgos se manifestarían.


[1] https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/

[2] Encuesta anual de percepción de riesgos globales (EPRG), realizada entre el 12 de agosto y el 22 de septiembre de 2025, que recoge más de 1.300 aportaciones de expertos y líderes globales multisectoriales, incluyendo especialistas en riesgos, complementadas por una encuesta empresarial adicional con más de 11.000 participantes. La EPRG recoge las aportaciones del mundo académico (24%), empresarial (38%), gubernamental (10%), la comunidad internacional (10%), la sociedad civil (13%) y expertos temáticos especialistas en riesgos (5%). Más del 50% de los participantes tienen edades entre 50 y 59 años (30%) y entre 40 y 49 años (25%) y provienen en su mayoría de Europa (37,3%) y Norteamérica (19,1%). La Metodología y estructura de la muestra se recoge en el Anexo B del Informe https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/  (Págs. 78 a 80).

[3] Appendix A. Definitions and Global Risks List. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/  (Pags. 75 a 77).

[4] Updates to the GRPS 2025-2026 https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/ Pag. 78.

[5] Appendix C: Executive Opinion Survey: National Risk Perceptions. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/ a lo largo de los  Págs. 81 a 90.

[6] De hecho, la importancia y relevancia de los riesgos relacionados con el medio ambiente se mantiene desde el Informe de 2016. Así, de los diez Riesgos más significativos de los Informes de 2019 y 2020, seis tenían carácter ambiental, manteniéndose los mismos del “top ten” de 2018, pero incrementando su gravedad global relativa y consolidando el incremento de importancia que se produjo en estos en 2018 respecto a 2017.

[7] Ya en el Informe de 2022, el “Fracaso de la Acción Climática” aparecía como la amenaza más crítica para el Planeta. Y frenar el calentamiento global era la principal recomendación señalada en el Global Risk 2023, tanto por su relevancia como riesgo a corto plazo (cuarta posición), como a largo plazo (primera posición), con el mayor potencial para dañar gravemente a las sociedades, las economías y al planeta.