Estamos conociendo episodios de gran inquietud en el ĂĄmbito sanitario ây tambiĂŠn en el educativoâ que conducen a una conclusiĂłn que es cada vez mĂĄs evidente: esos episodios buscan minusvalorar sectores pĂşblicos estratĂŠgicos y favorecer a los privados. Los ejemplos son conocidos: la gestiĂłn de hospitales de titularidad pĂşblica con parĂĄmetros de gestiĂłn privada, es decir, la bĂşsqueda del mĂĄximo beneficio; y situar en inaniciĂłn presupuestaria a universidades pĂşblicas a favor de las privadas constituyen sendas muestras al respecto. Y con comunidades autĂłnomas concretas: Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, AndalucĂa, Extremadura, Galicia, que estĂĄn imprimiendo un modelo de gestiĂłn lesivo para los intereses âen el caso de la sanidadâ de los pacientes y muy lucrativo para los fondos de inversiĂłn que detentan la administraciĂłn de esos hospitales. No se cuestiona la externalizaciĂłn de servicios, siempre que se atenga a unas reglas deontolĂłgicas y exista una vigilancia de quienes proporcionan el grueso de los recursos: las administraciones pĂşblicas. Existen experiencias que constatan buenas prĂĄcticas; pero, cuando lo que se acaba priorizando es el beneficio privado, se desmoronan los objetivos de atenciĂłn correcta a los enfermos y usuarios de esos servicios pĂşblicos.
Los casos que vamos viendo no son puntuales: se trata de mercantilizar los bienes humanos fundamentales; es un modelo claro de gestiĂłn que busca incrementar listas de espera âtal y como se estĂĄ viendo en Madridâ y acceder a tratamientos caros. Y quienes lo defienden y aplican deberĂan comunicarlo en sus propuestas electorales, sin camuflar esas intenciones bajo el paraguas de lo pĂşblico.
Desmercantilizar deberĂa ser el objetivo central ante esas actuaciones: la importancia de los fondos pĂşblicos, de los sindicatos y de la progresividad fiscal. Devolver a la gestiĂłn pĂşblica lo que ofrece enormes beneficios a la privada, pero peores servicios a los usuarios. Pensemos, por ejemplo, que educaciĂłn y sanidad conforman el 25% de la economĂa en muchos paĂses, por encima de sectores industriales en los mĂĄs desarrollados. Porque, si la desmercantilizaciĂłn avanza, la desigualdad se va reduciendo. Lo fundamental en estos escenarios es pensar en el Estado social y la cohesiĂłn social que se deriva del mismo. Eso es posible gracias a la compresiĂłn de las brechas entre salarios, renta y riqueza. Los ejemplos son ya bien conocidos en la historia econĂłmica: Estados Unidos, 1930-1980; el tipo mĂĄximo del IRPF fue del 82%, tanto con gobiernos demĂłcratas como republicanos. No destruyĂł el capitalismo. No destruyĂł la productividad. Se avanzĂł en crecimiento econĂłmico y en reducciĂłn de la desigualdad.
Esto se vincula directamente a la importancia de incrementar los recursos pĂşblicos, no recortarlos ni participar en âprivatizacionesâ encubiertas. Para hacer frente a las necesidades crecientes de la sanidad, la educaciĂłn, la educaciĂłn superior, la investigaciĂłn y los servicios sociales, no serĂĄ posible sin un sistema fiscal mĂĄs equitativo, que pueda variar su cesta impositiva, pero que tenga como frontispicio un lema esencial: favorecer el bienestar de la poblaciĂłn. Veremos si esta lo entiende.
