¿Alguien recuerda o ha visto la película de la BBC titulada “LA MARCHA” (1990)? Un carismático líder de Sudán, formado en EEUU y Europa, lidera una marcha de 250.000 africanos a través de casi 5.000 kilómetros hacia Europa, bajo el eslogan: “Somos pobres porque vosotros sois ricos”. Cuando llegan a la frontera de España, una comisaria europea se reúne con el líder y este le dice, con total calma: “Solo queremos vivir como viven vuestros perros: con un techo, comida todos los días, y lamer vuestros pies. Eso es mucho más de lo que aquí tenemos”.

La respuesta de Europa fue armar a un ejército en la frontera dispuesto a matar a todo aquel que intentara cruzarla, diera igual que fueran hombres, mujeres o niños/as.

Treinta y seis años después, aquella película se ha vuelto realidad. Lo estamos viendo durante todo el verano de 2026. Muchas similitudes y algunas diferencias.

Vayamos con las diferencias:

  • No ha habido ningún líder carismático que aunara la miseria y la desgracia de los africanos; más bien, han sido las redes sociales de forma intencionada quienes han orquestado este desafío, seguramente con el beneplácito de ciertos gobiernos o agencias de inteligencia.
  • En la película, el líder abogaba por el bien de la gente buscando una esperanza, un acuerdo, un diálogo con Europa; en nuestra realidad, lo que ha existido es la utilización perversa y malsana de la gente pobre y desesperada con fines de desestabilización geopolítica.
  • En la ficción, una comisaria europea se personó, negoció, habló y empatizó con el grave problema; hoy, todavía ningún miembro de Europa (ni del Gobierno ni del Parlamento) se ha personado en las calles de Ceuta. ¿Dónde está Europa?

Las similitudes entre la película y la realidad se resumen en una única: la desesperación de millones de personas que no tienen esperanza en sus países sometidos a guerras, hambruna o dictaduras, y que, por muchas concertinas que se levanten, seguirán jugándose la vida para llegar a la prosperidad o, al menos, a comprar un boleto de esperanza.

¿Y Europa? Ya no hay proyecto de solidaridad ni común con los países que sufren las fronteras como España ni global cuando la construcción de la Unión Europea supuso el ejemplo hacia dónde debía caminar política y económicamente el mundo. Pero Europa languidece y se desarticula porque tiene miedo a sus enemigos internos, a la ultraderecha y el populismo. No le falta razón, porque cada vez más, nuestras sociedades democráticas europeas se balancean en un pasado de hace 100 años.

Mucho se ha analizado en tertulias y artículos sobre el grave problema de lo que ocurre en Ceuta. Nada reseñable por parte del PP, que pretende gobernar España subido a las desgracias. Y todo lo vomitivo que escupe Vox cada vez que abre la boca, quien, además, está creando un “efecto llamada” cada vez que grita que aquí se da sanidad gratis, vivienda, paguitas y ayudas a los migrantes frente a los españoles. Una falsedad que solo sirve para crear odio y más odio.

De todos los artículos, me gustaría reseñar el de Cristina Monge, “Diez lecciones que deja Ceuta” https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-transicion/diez-lecciones-deja-ceuta_129_2235626.html.

Señala Cristina algunas cosas imprescindibles: lo ocurrido en Ceuta no es una crisis migratoria, sino una grave crisis geopolítica que usa la migración como arma; estamos en lo que ahora conocemos como “guerra híbrida”, conflictos que combinan las acciones militares tradicionales con métodos para desestabilizar un país sin declarar una guerra; ¿está Marruecos permisivo con esta migración masiva? Al menos, es un aliado claro de EEUU e Israel; Europa no gana en esta contienda, pero sí la ultraderecha global que con mensajes simplistas, populistas e incendiarios cosecha cada vez más votos; como dice Cristina, es un torpedo en la línea de flotación de las democracias europeas.

Lo cierto es que estamos ante un problema muy complejo, poliédrico, en el que mueves una ficha y desestabilizas el tablero. Se unen muchos factores: la crisis medioambiental y el cambio climático que provoca cada vez más migraciones por falta de recursos para garantizar la supervivencia; las guerras y el terror que sufren diariamente millones de personas, en este caso, los y las africanas; las dictaduras como Marruecos que parece importarle poco tener “súbditos” (no ciudadanos) que huyen de su país porque no tienen esperanza; el ataque frontal a los sistemas democráticos por parte de la ultraderecha en todas sus formas (desde la política, económica o tecnócrata); la desigualdad cada vez mayor que existe en el planeta y que está incrustada en el propio sistema económico.

Además, hay que señalar tres factores:

  • Europa no puede ni debe mirar hacia otro lado porque las migraciones seguirán produciéndose y cada vez en mayor aumento. Más vale que recupere su capacidad de unión, su institucionalidad, sus principios y su fuerza conjunta en vez de remar cada país en un “sálvese quien pueda”, porque lo que está en juego es la supervivencia de la Unión Europea.
  • África es el continente joven del planeta. Se prevé que, en pocas décadas, pase de los 1.500 millones de habitantes a los 2.500 millones, de los que en torno al 60% tendrá menos de 25 años. Y, ¿qué harán miles de millones de jóvenes que vivan en un continente sin esperanza?
  • La ciudadanía de Ceuta tiene todo el derecho a protestar, manifestarse y exigir vivir en un entorno seguro, en paz y sin sobresaltos. No deben ser ellos quienes sufran las consecuencias de esta grave crisis. Sin embargo, lo que en realidad alimenta la ultraderecha es la pelea de los penúltimos contra los últimos. Mientras los ceutíes y todos nosotros tenemos que soportar la desvergüenza de ver a los aprovechados como Marcos de Quintos con su “flotilla” de yates, cerveza en mano, protestando nadie sabe bien por qué.

Se ha hecho patente sin ningún tipo de rubor el egoísmo de los patriotas de pacotilla que defienden con banderas y sin pagar impuestos la patria, mientras se alinean con los tecnócratas globales en pro de desmantelar las democracias.

Como bien señala Daniel Innerarity, “hay señales de que el mundo podría haberse desequilibrado y entrado en una zona fuera de control”. Vivimos una era de irreversibilidad donde los desarrollos explosivos como el cambio climático, la inestabilidad financiera o los movimientos migratorios parecen de difícil reversibilidad, porque seguramente infravaloramos la complejidad. En su artículo, Innerarity menciona a Holmes Rolston cuando advierte: “No deberíamos destruir un ecosistema de manera que no podamos recuperarlo más tarde cuando lo deseemos”. Pero parece que muchos están empeñados en destruir las democracias desde dentro y desde fuera.

¿Ha habido juego sucio entre Trump, Marruecos, Israel y la ultraderecha?

¿Quién ha manejado los mensajes para organizar una “invasión” de casi 80.000 personas?

Seguramente al Gobierno se le ha ido de las manos, pero está solo, completamente solo en cuestiones de Estado que deberían de preocupar a todos. ¿Qué hubiera hecho el PP gobernando junto a Vox? De momento, impedir la ayuda solidaria entre comunidades autónomas como correspondería a un país que se llama España.

¿Saben los gobiernos europeos qué podría pasar si la Unión Europea dejara de existir, si ya no sirviera como institución de consenso, negociación y diálogo?

¿Le importa algo al rey de Marruecos que se le vaya de las manos tal movimiento migratorio que huye de su país?

No sé ahora mismo cuál sería la solución mejor: resulta difícil mantener un equilibrio entre los derechos humanos de los que migran versus a los que se encuentran sus calles llenas de pobreza y hambre. Todos no caben en Europa, pero Europa no puede mirar hacia otro lado. Si queremos solucionar el problema, hay que invertir en África ofreciendo razones para quedarse en su propio país.

Porque debajo de un problema con mil frentes nos encontramos con la cruda realidad de personas que no les importa nada perder su vida en el mar, ser arrestados en España o vagabundear por las calles europeas. No les importa porque no tienen nada que perder.

¿Qué haría cualquiera de nosotros si ya estuviera condenado a la miseria?