“La esperanza es la vida misma que se resiste a sucumbir

y constituye la “fiel hermana” en la adversidad”

Pushkin (En la profundidad 

de las minas siberianas)

 

Este año el día internacional por la Salud Mental, nos expone ante una situación donde los determinantes sociales de salud/enfermedad se encuentran agredidos hasta el punto de haberse llevado la vida de, al menos dos personas, por causa de perder la casa en la que vivían, lo que hace que una parte importante de la sociedad se revele ante estos factores para manifestar, de forma explícita, su descontento y exponer su capacidad de lucha social.

La presencia e interés en los temas de salud mental (SM) han tenido varias etapas y que este articulista ha sistematizado en tres fases: La reforma, el marasmo y el renacer con la pandemia.

  1. Se inicia la reforma de la SM: Esta fase corresponde a los años 1984-94. Se inicia con el Documento para la reforma de la asistencia psiquiátrica y de la SM, auspiciado por el Ministro de Sanidad el Prof. Ernest Lluch y que fue dirigido por el Prof. José Guimón Ugartetxea y coordinado por el Dr. Antonio Espino y en el que intervinieron los Dres y Dras F. Menéndez, V. Corcés, J. Simó, J. García, entre otros. Este documento fue fundamental por conseguir establecer las bases conceptuales y asistenciales que debían guiar esta reforma asistencial. Tuvo tal relevancia que esos aspectos conceptuales se incluyeron en la Ley General de Sanidad (LGS), dando forma a los artículos 20-23. Efectivamente la LGS fue clave y fundamental, pero se desarrolló de forma irregular, heterogénea, desigual, en función de las transferencias de competencias a las Comunidades Autónomas (CCAA), es cierto que se incrementaron las plantillas, pero se hizo de forma cicatera. El final de esta fase aporta dos hitos fundamentales: la creación de dos nuevos grupos para la formación de especialistas el programa PIR (psicólogos residentes) y el EIR (residentes de enfermería de SM).
  2. Fase de cansancio y marasmo: Tiene una duración muy relevante: 1995-2019 y se caracteriza por un “vaciar de contenido” los conceptos elaborados en la fase precedente. Es una fase que pierde la capacidad de elaborar discurso y se rebaja a un mero relato, al que contribuye un cansancio conceptual, en el que se referían y repetían palabras (pe SM comunitaria, equipos de SM, trabajo comunitario), pero sin contenido alguno, Por otro lado las crisis sociales que acontecieron fueron gestionadas por la derecha política y fue una gestión “por inercia”, destacando una disminución de las dotaciones presupuestarias para SM, disminución de las prioridades político-administrativas para los temas de SM, disminución en el desarrollo de los servicios, en conjunto estas disminuciones originaron un incremento en las carencias asistenciales y un descontento creciente tanto en la población como en los profesionales, lo que originó un desencanto con todo lo referido a los temas de “la reforma”. El hito más significativo de esta etapa consistió en una rebiologización en la concepción de los trastornos mentales y del padecimiento mental, con todas las consecuencias de conductas de verdadera “contrarreforma”.
  3. En esto que llegó la pandemia: Se extiende desde 2020 a la actualidad. En el entorno de la SM se dijeron muchas cosas, quizá demasiadas y en su mayoría con poco tino. En esta fase se realizaron tres aportaciones fundamentales, modestamente este articulista tuvo una labor de coordinación en las tres: la encuesta 3213 sobre la SM en la pandemia elaborada por el CIS; un grupo Delphy de profesionales también realizada por el CIS y la publicación de la Estrategia de SM del SNS 2022-2026, con sus correspondientes planes de acción. Por fin llegaron, con los fondos next generation, actualizaciones presupuestarias, escasas, pero con cierta significación. En el año 2022 se reconoce la especialidad de Psiquiatría de la infancia y la adolescencia, demandada desde el año 1.952 y reiterada la demanda en múltiples ocasiones, pero esta especialidad llega tarde, mal y nunca, con más agujeros que un queso de Gruyère, con un programa formativo francamente mejorable y una actualización de titulados infumable y con carencias múltiples. El hito más representativo de esta etapa: la creación de la Comisionada de SM del Gobierno de España.

Tras estos datos histórico-conceptuales es importante aportar qué se puede hacer para seguir avanzando con consistencia y rigor. Para este paso se aporta un decálogo de mínimos:

1º Volver a llenar de contenidos conceptuales, tales como SM comunitaria, abandonando los relatos para retomar la elaboración de discursos reales y actualizados.

2º Redefinir aspectos básicos, como Centro de Salud Mental, hospital de día y otros dispositivos intermedios, hospitalización de agudos (incluyendo la hospitalización domiciliaria), la rehabilitación y reinserción sociales de forma individualizada.

3º Atender la cronicidad clásica de las personas afectadas con los procesos mentales, pero también la “nueva cronicidad” derivada también de la nueva organización y funcionamiento de los servicios asistenciales.

4º Prevenir la yatrogenia, desarrollando la prevención cuaternaria descrita por el epidemiólogo belga Jamouille.

5º Atender con criterios de calidad la etapa de la infancia y la adolescencia, incluyendo los contenidos emergentes (acoso y ciberacoso, ciberadicción, impacto de la IA, consumo sexual en internet, agresividad y violencia).

6º Incluir y mejorar las psicoterapias en la comunidad, incluyendo la posibilidad de elaborar un ACE (Área de Capacitación Específica) para psicólogos y psiquiatras.

7º Recomponer las necesidades en recursos humanos, los necesarios y precisos, incluyendo la formación de estos recursos. Esta dotación no se hará por cumplir ratios, sino por la cobertura necesaria a los programas asistenciales que se elaboren, este es el criterio de la OMS para la dotación de recursos: “no planificar por ratios, sino por programas”.

8º Dotación presupuestaria adecuada y suficiente, ajustada a la planificación realizada según las demandas y las necesidades detectadas en la comunidad.

9º Revisar la prescripción de psicofármacos excesiva, actualizando los criterios y modalidades terapéuticas en SM.

10º Facilitar que las familias, personas afectas de problemas mentales y a la comunidad, formen parte de los consejos de SM comunitarios, de tal suerte que den la posibilidad de integrar los determinantes sociales de SM y su impacto en la etiología, así como su papel causal, sea en la  conformación de los procesos, sean causas desencadenantes, causas de mantenimiento y factores protectores, para la presentación de problemas mentales en la comunidad.

Este decálogo se resume en tres pilares fundamentales:

  1. Revisar, redefinir y reformular el área de formación, tanto en pregrado como en postgrado y en formación continuada, incluyendo desarrollar la recertificación de profesionales, evitando la presión y delegación de estas áreas en la industria farmacéutica.
  2. Abrir campos de investigación en SM, con presupuesto público específico. Incluyendo la vigilancia intensa y cercana sobre los ensayos clínicos de la industria farmacéutica. Es muy importante el desarrollo de instrumentos de evaluación longitudinal, tanto de los procesos como del funcionamiento de los servicios: el Registro Acumulativo de Casos Psiquiátricos (RACP).
  3. Trabajo en equipo, para superar el corporativismo creciente actual y fortalecer el asentamiento comunitario de la atención de SM, potenciando el trabajo entre los servicios de Atención Primaria y los de  SM y, en segundo lugar, entre los servicios hospitalarios y los comunitarios de SM.

Entre todos y todas hemos de trabajar por desarrollar las posibilidades de las que disponemos con la intención de contribuir con un sentimiento de esperanza, como “fiel hermana” de la adversidad, como nos señalaba Pushkin.