El acuerdo de legislatura suscrito por el PSOE y por Ciudadanos ha sido atacado por la derecha del Partido Popular y la izquierda de Podemos y aliados. Todo el mundo tiene derecho a discrepar de una operaciĂłn polĂtica que, de triunfar, reduce el margen de actuaciĂłn de la derecha y de Podemos, pinchando las expectativas irreales pero intensas de Rajoy y de Iglesias TurriĂłn. Más allá de esa enconada, pero lĂłgica oposiciĂłn, el acuerdo de legislatura posee una dimensiĂłn constitucional que merece glosarse.
Cuando digo efectos o dimensiĂłn constitucional del Acuerdo de legislatura PSOE–Ciudadanos no lo hago por el contenido constitucional (de reforma) que contempla, pues podrĂa no contener la más mĂnima referencia a la ConstituciĂłn, que no dejarĂa de tener efectos o dimensiĂłn constitucional. Hay tres razones que nos llevan a descubrir en el Acuerdo de legislatura un elevado contenido constitucional.
En primer lugar, el Acuerdo permite poner en marcha las previsiones constitucionales sobre la formaciĂłn del Gobierno. Como he explicado recientemente en otro lugar (“La tarea del Rey”, El PaĂs, 17 de febrero de 2016), al proponer el Rey a Pedro Sánchez como candidato se ha conjurado el riesgo de atascar el proceso de investidura, porque nadie quisiera concurrir al Congreso de los Diputados. Pero ese riesgo no estaba totalmente conjurado, pues podĂa ocurrir que Pedro Sánchez, al tener la certeza de no conseguir ningĂşn apoyo, hubiera renunciado antes de comparecer ante la Cámara. El Acuerdo permite llegar a la votaciĂłn de investidura y, aunque fracase, se iniciarĂan las previsiones del artĂculo 99.5 de la ConstituciĂłn. Por ende, se ha desbloqueado una situaciĂłn que desde el comienzo, desde el dĂa siguiente a la celebraciĂłn de las elecciones, estaba mal planteada porque los partidos se han quedado al pairo, a la espera de la llamada del Rey, cuando lo más lĂłgico (y tambiĂ©n más acorde con el espĂritu del artĂculo 99 de la ConstituciĂłn) serĂa que los partidos, a partir del 21 de diciembre, hubieran estado hablando y negociando. En este sentido, se ha pagado la novatada de una votaciĂłn de efectos muy dispersos y gracias al Acuerdo PSOE–Ciudadanos se pueden aplicar los preceptos constitucionales.
En segundo lugar, el Acuerdo, sea cual sea su destino, responde a los principios constitucionales que propician una democracia de consenso antes que de confrontaciĂłn. El parlamentarismo que ha configurado la ConstituciĂłn busca el consenso entre los partidos. Por eso prevĂ© que el candidato obtenga mayorĂa simple en la segunda votaciĂłn pues con esa mayorĂa el Presidente del Gobierno asĂ elegido ha de desplegar una polĂtica parlamentaria de colaboraciĂłn con varios Grupos Parlamentarios. Por eso tambiĂ©n se ha regulado la Ley Orgánica, que exige mayorĂa absoluta en el Congreso, lo que, salvo en los supuestos de mayorĂa absoluta, requiere afinar la voluntad de entendimiento. Y por eso tambiĂ©n para la elecciĂłn parlamentaria de los Ăłrganos constitucionales (Tribunal Constitucional, Consejo General de Poder Judicial) se exigen mayorĂas cualificadas. Con esa filosofĂa, que el Partido Popular rompiĂł cuando estaba en la oposiciĂłn (especialmente entre 2004 y 2008) y tambiĂ©n cuando estaba en el Gobierno (entre 2011 y 2015), un Acuerdo de legislatura de la densidad programática que han suscrito PSOE y Ciudadanos es una manera de reafirmar la vocaciĂłn consensual de la ConstituciĂłn.
En tercer y último lugar, el Acuerdo comporta también una declaración de fidelidad a la Constitución mediante su reforma. Se pueden compartir las propuestas de reforma constitucional y también se puede discrepar de esas propuestas. Pero lo importante es que los dos partidos se comprometen en la defensa de la Constitución, proponiendo unas reformas iniciales que denotan su voluntad de modernizar una Constitución que necesita cierta revisión.
Hasta finales de esta semana no sabremos la suerte del Acuerdo de legislatura pero sea cual sea el resultado de las votaciones y sea cual sea el futuro entendimiento de PSOE y de Ciudadanos, el mero hecho de suscribir el acuerdo supone que ambos partidos se sitĂşan en un campo de consenso que pedĂan a gritos muchos electores.
