El aniversario de la guerra en Ucrania está siendo prolífico en actos ceremoniales y golpes de efecto. El más destacado, la visita “sorpresa” de Biden a Kiev y su posterior mensaje en Varsovia, entre los habituales parámetros norteamericanos del coraje y la esperanza. El discurso de Putin ante la Duma aporta pocas novedades, salvo el anuncio de la suspensión del tratado de control nuclear, luego matizado por la diplomacia rusa. Parece inminente una propuesta china de paz. Entretanto, domina en Occidente la idea de que ‘Ucrania puede ganar’, pero ello exigirá mantener la cohesión aliada y un esfuerzo continuado de ayuda al país invadido.

En otras palabras, hay guerra para rato, y el resultado es aĂşn incierto. MĂĄs allĂĄ de la inevitable propaganda de todos los actores (directos e indirectos), lo cierto es que la mayorĂ­a de las previsiones que se han hecho desde el comienzo del conflicto han sido errĂłneas o, el mejor de los casos, poco acertadas. En los primeros dĂ­as se pensaba que Rusia se darĂ­a poco menos que un paseo militar, en la lĂ­nea de lo ocurrido en la campaĂąa de Crimea. Se confiaba poco en la capacidad de Ucrania para organizar una defensa eficaz, debido a la disparidad de medios.

Al cabo de sĂłlo unas semanas, se fue imponiendo la impresiĂłn de que Rusia habĂ­a errado en su estrategia, evidenciado una falta de profesionalidad en sus cuadros militares y una asignaciĂłn de medios incomprensible. Superado el impacto inicial, desde Occidente se proyectĂł una imagen de unidad, cohesiĂłn y firmeza mĂĄs aparente que real, pero Ăştil para armar un programa de sanciones con el que se pretendĂ­a gripar la maquinaria de guerra de Putin y provocar el malestar y el descontento de la poblaciĂłn rusa. Tampoco fue eso lo que ocurriĂł. La economĂ­a rusa ha resistido mejor de lo esperado, pero peor de lo que se admite en el Kremlin. Las protestas contra la guerra han sido minoritarias, en parte por una cierta aceptaciĂłn popular de la retĂłrica antioccidental y nacionalista del Kremlin, debido a tres dĂŠcadas de lo que allĂ­ se percibe como humillaciones y desprecio. A eso se aĂąade la represiĂłn de cualquier manifestaciĂłn crĂ­tica.

El anĂĄlisis imperante en Occidente es que, prĂĄcticamente desde las primeras semanas, Putin ha ido de correcciĂłn en correcciĂłn, tanto en estrategia como en selecciĂłn del liderazgo militar o en decisiones operativas, a veces de manera errĂĄtica. Algunos episodios supuestamente criminales (Bucha, Chernikiv, JĂĄrkov) reflejarĂ­an cierta frustraciĂłn del EjĂŠrcito ruso.

En realidad, no se han sabido nunca las pretensiones iniciales de Putin y de su cĂ­rculo de confianza mĂĄs estrecho, porque nunca se han explicitado pĂşblicamente. De un aparente empeĂąo de conquista territorial lo mĂĄs amplia posible, se pasĂł a priorizar el control de las regiones del este y sur de Ucrania, y cuando esa tarea se estancĂł o incluso experimentĂł retrocesos sonoros (como en JersĂłn), la campaĂąa militar rusa se centrĂł en estabilizar las conquistas en el Este y luego en operaciones de castigo contra las infraestructuras de servicios bĂĄsicos. En estos momentos, resulta difĂ­cil prever quĂŠ serĂĄ lo siguiente.

Dara Massicot, una investigadora experta en Rusia, perteneciente a una organizaciĂłn tan poco sospechosa como la RAND, desgrana en un artĂ­culo reciente los errores de Rusia (tĂŠcnicos, logĂ­sticos, polĂ­ticos…) pero afirma que el Kremlin ha aprendido y se detectan ya con claridad rectificaciones favorables a sus intereses. Massicot recuerda un viejo adagio bĂŠlico: “en la guerra, los informes iniciales son a menudo errĂłneos o fragmentarios”. SĂłlo el tiempo, aĂąade, dirĂĄ si Rusia puede lograr el ĂŠxito o es Ucrania la que prevalece. La campaĂąa ha seguido hasta ahora un curso impredecible, razĂłn por la cual Occidente no deberĂ­a apresurar juicios sobre los errores rusos. Y deja un consejo final: si se sobreestimĂł la capacidad de Rusia antes de la invasiĂłn, ahora hay riesgo de que se subestime (1). En la misma lĂ­nea se pronuncia Stephan Walt, quien sostiene que no todo han sido fallos en la actuaciĂłn de Putin durante estos meses (2).

OCCIDENTE: INTERESES MÁS QUE VALORES

El factor mĂĄs determinante de la guerra, en todo caso, ha sido la participaciĂłn occidental. Durante meses, los dirigentes de la OTAN negaban estar en guerra contra Rusia, cuando era evidente lo contrario, desde que se decidieron las primeras medidas econĂłmicas punitivas. El temor a la escalada hacia un enfrentamiento total sĂłlo explica en parte esta impostura.

Las sanciones econĂłmicas son un instrumento innegable de combate. Y las ejecutadas en este caso son las mĂĄs severas concebibles. En este aspecto, las previsiones tampoco han sido del todo acertadas. El Kremlin contaba con ellas y ha intentado protegerse, hasta donde le ha sido posible, con apoyo de otros estados, mediante contrabando o activando mercados alternativos La guerra econĂłmica de Occidente contra Rusia se asemeja al juego de gato y el ratĂłn, como sintetiza en un documentado artĂ­culo el corresponsal diplomĂĄtico de THE GUARDIAN (3).

La dependencia energĂŠtica europea de Rusia atemperĂł durante meses la respuesta en ambos lados del AtlĂĄntico. La presiĂłn contra MoscĂş se ha ido haciendo a cuentagotas, evaluando cada paso con suma cautela. Los ĂŠxitos militares ucranianos, propiciados por el armamento aliado, alentaron una mayor audacia, primero topando el precio a pagar por el petrĂłleo ruso y mĂĄs recientemente sustituyendo parte del gas por el de otros proveedores o por otras fuentes de energĂ­a. A medida que se disipaba la amenaza de un desfondamiento de la economĂ­a europea, se fue incrementado la presiĂłn (4). Pero, es pronto para calibrar los efectos persistentes de esta guerra econĂłmica, para Rusia y para Europa (5).

El fundamento de la participaciĂłn occidental estĂĄ sustentado en un discurso sobre los valores. Se presenta la guerra como una confrontaciĂłn entre la democracia y la autocracia, elemento cardinal de la doctrina Biden. Cada presidente norteamericano aspira a dejar un estĂĄndar bĂĄsico de conducta en el mundo, una doctrina, y Biden cree haber encontrado la suya.

Los medios liberales, desde la derecha moderada hasta el centro izquierda, han comprado este discurso occidental con escasas aristas crĂ­ticas. Sin embargo, la historia difĂ­cilmente acredita esta posiciĂłn. Estados Unidos, y tambiĂŠn Europa, respaldan regĂ­menes autocrĂĄticos en el mundo, incluso dictatoriales, sin empacho alguno, cuando sirven a sus intereses. O hace la vista gorda.

Este criterio rector ha operado tambiĂŠn en el caso de Rusia. Cuando el Kremlin post soviĂŠtico actuĂł en sintonĂ­a con los designios occidentales se obviaron o minimizaron las crĂ­ticas. RecuĂŠrdese la destrucciĂłn de Chechenia o la cooperaciĂłn con MoscĂş en la lucha contra el extremismo islamista. Por el contrario, cuando la actuaciĂłn rusa diferĂ­a de la occidental, se activaba la palanca de los valores.

El supuesto combate entre democracia y autocracia es una construcciĂłn retĂłrica. Ucrania no era precisamente un modelo de democracia antes de la guerra. Y, en caso de victoria, es dudoso que lo vaya a ser, al menos en un corto espacio de tiempo. La conversiĂłn de Kiev a los valores liberales es, por ahora, un desideratum, o un recurso propagandĂ­stico. Son los intereses los que conforman y determinan las decisiones en polĂ­tica exterior. Los valores son la envoltura justificativa con que se intenta hacerlos mĂĄs respetables, mĂĄs aceptables para los ciudadanos.

La OTAN nunca ha querido admitir que quisiera acorralar a Rusia desde el comienzo de la posguerra frĂ­a. Pero en geopolĂ­tica, lo que importa son las percepciones de amenaza. MĂĄs allĂĄ de las manipulaciones y mentiras de Putin, es difĂ­cil negar que Rusia tuviera legĂ­timas razones para sentirse acosada, como seĂąalan no pocos analistas de la escuela realista norteamericana, en absoluto sospechosos de simpatĂ­as prorrusas.

EL APOYO MILITAR, FACTOR DECISIVO

Si Ucrania tiene hoy posibilidades de prevalecer es debido al apoyo militar occidental. El de Estados Unidos, como era de esperar, ha sido el mĂĄs decisivo. El monto asciende casi a 45 mil millones de dĂłlares, mĂĄs del doble que el de la UE y el resto de paĂ­ses europeos juntos, segĂşn el Instituto alemĂĄn Kiel (6). En total, casi diez veces el presupuesto de defensa ucraniano en 2020. Tal es el volumen de los suministros occidentales, que los depĂłsitos estĂĄn casi vacĂ­os. La guerra consume mĂĄs de lo que Occidente puede reponer, y en particular Europa (7).

La implicaciĂłn occidental ha sido gradual. El temor inicial a una represalia rusa parece ahora exagerado. La polĂŠmica sobre la entrega de carros de combate a Ucrania refleja tambiĂŠn ese comportamiento calculado. El debate ha sido mĂĄs polĂ­tico que militar. EstĂĄ por ver si llegan los tanques a tiempo y su operatividad real, debido a los condicionamientos tĂŠcnicos y logĂ­sticos. Se apunta ya un episodio parecido con los aviones de combate o con los misiles de largo alcance. Cada paso que dan Estados Unidos y sus aliados hace mĂĄs insostenible la tesis de que Occidente no estĂĄ en guerra con Rusia.

EL DILEMA CARDINAL DE LA GUERRA

Admitir sin falsos retorcimientos esta realidad obliga a afrontar el dilema mĂĄs difĂ­cil de este conflicto: si bien Occidente no puede aceptar que Ucrania pierda esta guerra (o que la gane Putin), resulta enormemente peligroso una derrota de Rusia. La imprudente respuesta de Putin a la percepciĂłn de acoso occidental respondĂ­a a sus necesidades e intereses polĂ­ticos y los de la ĂŠlite que lo respalda. Nadie ha hecho mĂĄs daĂąo a Rusia que su propio presidente y sus cĂłmplices. Pero al llevar al lĂ­mite su obsesiĂłn casi suicida su obsesiĂłn por la seguridad de Rusia ha colocado a Occidente en el disparadero: tan indeseable resulta una Rusia envalentonada por una victoria, como una Rusia extremadamente debilitada por una derrota humillante.

Este hipotĂŠtico escenario, agranda exponencialmente la sombra de una respuesta a la desesperada de Rusia: vĂŠase el recurso al arma nuclear. QuizĂĄs un farol, pero demasiado peligroso para no tomĂĄrselo en serio. La suspensiĂłn del tratado New START sobre el control de las armas atĂłmicas estratĂŠgicas, anunciada el dĂ­a 21 por Putin, refuerza estos temores, aunque esta decisiĂłn tenga escasas repercusiones prĂĄcticas. El deteriorado estado de la relaciĂłn entre Washington y MoscĂş ya habĂ­a convertido el tratado casi en papel mojado.

La situación actual es definida por el profesor Walt como “asimetría de intereses”: Ucrania es más importante para Rusia que para la OTAN. Cuanto mayor sea el suministro de armas occidentales, más expuesto estará Occidente a ser arrastrado a una conflagración directa (8).

Tal tesitura es contraria a las prioridades estratégicas de Estados Unidos, centradas en contener el ascenso de China. Emma Ashford, una investigadora cercana a los demócratas, sostiene que “la guerra de Ucrania ha demostrado las desagradables realidades de la confrontación sobre las esferas de influencia entre las grandes potencias”. En esta crisis se han “revelado los límites del poder norteamericano para disuadir por medios no militares a los actores para que no actúen en sus zonas más próximas o apreciadas”, como es el caso de Ucrania para Rusia (9). Las líneas rojas de Washington están marcadas. Ashford cita al propio Biden: “Estados Unidos no librará la tercera guerra mundial en Ucrania”. Palabras que son eco casi perfecto de las pronunciadas por Obama después de la toma rusa de Crimea en 2014.

NOTAS

(1) “What Russia got wrong”. DARA MASSICOT (Experta en Rusia de la RAND Corporation). FOREIGN AFFAIRS, marzo-abril

(2) “What Putin Got right”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 15 de febrero.

(3) “The sanctions war against Russia: a year of playing cat and mouse”. PATRICK VINCOUR. THE GUARDIAN, 20 de febrero;

(4) “Un an de guerre: pas d’ effrondement mais un tournant économique pour l’Europe. LE MONDE, 20 de febrero.

(5) “Are U.S. sanctions on Russia working? Entrevistas con los expertos NICHOLAS MULDER y AGATHE DEMARIS. FOREIGN POLICY, 7 de febrero.

(6) https://www.ifw-kiel.de/topics/war-against-ukraine/ukraine-support-tracker/

(7) “Un an de guerre en Ukraine: l’onde de choc pour les armées aliées”. LE MONDE, 17 de febrero.

(8) “Friends in need. What the war in Ukraine has revealed about alliances”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN AFFAIRS, 13 de febrero.

(9) “The persistence of the Great-Power competition. What the war in Ukraine has revealed about geopolitical rivalry”. EMMA ASHFORD (Profesora en la Universidad de Georgetown e investigadora en el Stimson Center). FOREIGN AFFAIRS, 20 de febrero.