Madre de las Moiras, recordaba a los humanos la diferencia entre el gusto y la necesidad. Hay cosas que se hacen por gusto de hacerlas, otras a resultas de la ausencia de grados de libertad. Es una distinción esencial cuando te dedicas al modelado, donde el análisis no se pierde en un punto adimensional ni olvida la línea del horizonte, del contexto. Fije los valores de los parámetros, incorpore las restricciones pertinentes y, saturado el modelo, el resultado solo puede ser uno. El que es. A menos que se introduzcan más grados de libertad o retiren restricciones. Sorprende que alguien se sorprenda de las consecuencias inevitables de sus actos y decisiones. Una vez que se adopta la pose de personaje de tragedia griega y se toma el paso unidimensional, se deja el gusto y se entra en la necesidad. En la necesidad de votar “no” presume Casado; como necesidad de ni hablar ofrece Rivera. Iglesias, equipado de serie con coalición no ni ná. Una historia de nones a pares, que dirían de tertulia. Un entre el hay que y el qué hay.

No es nada nuevo ni por inventar. Es la famosa oración de la serenidad. Ya sabe, eso de concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia. Eso sí, tratándose del género humano, necesitamos invocar a la ciencia. Leo la tercera Ley de la estupidez humana de Carlos Cipolla y veo el retrato de Rivera entre tantos. No sé la razón ni el motivo, pero ya le digo que no será el amor. Es otro Ribera en 1639 el que pintó El sueño de Jacob. Como él, el Rivera con b baja cada vez que cierran los colegios electorales sueña que crece, por la escalera de luz que lleva al sorpasso… En fin, vale que dale, nadie abandonó su guion. Los de la B alta en perfil de claroscuro disminuido, mientras que los de UP ese, venga con mostrar paquete de coalición o nada.

Y es que la historia reciente (válgame el oxímoron) va dando forma a lo que muchos vislumbraban. La liquidez de los electorados se reduce, van formando posos de voto y abstención. En la tormenta del 15 M, los nuevos partidos no crearon a sus electorados, ni construyeron sus bases. Ellos se ofrecieron bajo demanda en un momento político caliente de te necesito. Ahora que se ha pasado del me tenía frito al me dejas frío (válgame otro oxímoron), regresa el bipartidismo corregido a la mode, es decir rodando con ruedines. Escucho a una política decir que blanco y en botella, el bipartidismo había desaparecido en España. Estos críos están en peligro: que alguien les explique por favor lo que es el zotal.

Y ahora ya en el baile, esta mañana lo primero que dice Casado es que las elecciones las carga el diablo. Para la derecha todas las elecciones las carga el diablo, que bien sabido es de izquierdas, pulpito mediante. La democracia, para más precisión la cargó el diablo. Aviso a Rivera que Casado va a ser muy pegajoso, pues tiene en su agenda de baile programado solo chotis apretado. Un abrazo muy fuerte, muy fuerte. Como queriendo a travesarlo y tocar el centro con las manos. Tan estrecho el abrazo, que le dejara sin aliento. Ya le quita los argumentos de los labios. Apenas vuela una palabra de los labios de Rivera cuando ya sale por la lengua de Casado. Le matara lentamente con su canción, mientras…

Rivera continuará con su música favorita, el Charleston. En el Charleston, “el elemento característico son las patadas adelante o hacia atrás. Es un baile con una coreografía muy variada y con figuras algo estrambóticas, como la mal llamada susi Q, en la que parece que las rodillas cambian de lado cuando lo que se cambia son las manos que están en las rodillas”. En esos juegos malabares, verbales e ideológicos continua, coreografiado el baile del moscardón repicado.

Iglesias viene en modo rap. No bailará, pero se unirá a la cofradía del santo reproche (Sabina) a Pedro Sánchez. Solamente triunfará si logra hundir al PSOE electoralmente, para poder enviar después a sus exdiputados y exdiputadas a casa un whatsapp diciendo: como os decía es culpa de Pedro, en la tabla del Titanic también cabía Leo.