19 de agosto de 2019: Twitter y Facebook dicen que China utilizó sus servicios para desacreditar a los manifestantes en Hong Kong.

La Comisión Europea en su documento de orientación “Elecciones libres y limpias”, elaborado en 2018, afirmaba que “la elaboración de perfiles puede utilizarse para seleccionar muy específicamente personas, es decir, analizar datos personales (por ejemplo, su historial de búsquedas en internet) y detectar los intereses particulares de una persona o público específico con el fin de influir en sus acciones. La selección muy específica puede utilizarse para dar un mensaje personalizado a una persona o al público utilizando un servicio en línea, por ejemplo, las redes sociales…El caso Cambridge Analytica ha puesto de manifiesto los problemas particulares que plantean los métodos de selección muy específica en las redes sociales. Las organizaciones pueden estar extrayendo datos de las redes sociales de los usuarios para crear perfiles de votantes. Esto podría permitir a esas organizaciones identificar a aquellos votantes que pueden ser más fácilmente influenciables y, por tanto, permitirles influir en el resultado de las elecciones”.

Esta influencia está siendo reforzada por las denominadas fake news, ante las cuales la democracia tiene que dotarse de normas que la protejan. Una protección efectiva para los ciudadanos y para asegurar un proceso electoral limpio y democrático.

Hay que hablar claro: la necesidad de contar con ciudadanos bien informados y formados para que puedan tomar sus decisiones libremente está chocando de una manera frontal con la aparición de las denominadas fake news, es decir, noticias falsas, difundidas de manera sistemática y principalmente a través de Internet y las redes sociales, con el objetivo de manipular las opiniones de las personas e influir de manera determinante en la sociedad. Sobre todo, en momentos tan decisivos como las elecciones, donde en sociedades tan fragmentadas políticamente como las actuales, la manipulación de un porcentaje pequeño de la población puede provocar y de hecho ha provocado la alteración de resultados electorales.

Esta realidad que cada vez es más conocida, esta llevando a las instituciones y a la población a preguntarse cual es la magnitud del fenómeno. En este sentido, hay que destacar los datos del Estudio Internacional de Valores, elaborado por el BBVA, donde se pregunta a los entrevistados por la frecuencia con que creen que se difunden este tipo de noticias falsas, y el grado de responsabilidad que creen que tienen las redes sociales, las empresas tecnológicas como Google o Facebook, los grandes grupos de comunicación global como la CNN o la BBC, o la televisión, radio y prensa nacionales, en la difusión de las mismas.

Lo primero que sorprende es que la difusión de fake news es percibida por la mayoría de la población de España, Francia, Reino Unido e Italia como un fenómeno frecuente. Así, opinan el 72 por ciento de los entrevistados en Francia, el 65 por ciento en Reino Unido, el 56 por ciento en España, y el 51 por ciento en Italia. Sin embargo, en Alemania, solo un 28 por ciento lo percibe como un fenómeno frecuente y un 45 por ciento lo ven como un suceso ocasional.

El porcentaje de población que cree que las fake news son un fenómeno residual, es muy reducido, lo que demuestra que en poco tiempo la ciudadanía ha tomado conciencia de lo que son estas noticias falsas. Aunque otra cuestión, es si cuentan con programas o elementos para poder combatirlas.

Pero los ciudadanos no solo son conscientes de las fake news, sino que también señalan con claridad a los que creen que son los mayores responsables de la difusión de estas. ¿Y quienes son? Principalmente las redes sociales y las empresas tecnológicas como Google o Facebook. Así lo creen el 88 por ciento y el 81 por ciento en Francia; el 80 por ciento y el 73 por ciento en Reino Unido; el 74 por ciento y el 68 por ciento en España; y el 74 y 70 por ciento en Alemania. Después a cierta distancia, los grandes grupos de comunicación global y los medios nacionales.

La manipulación en línea y las fake news suponen una amenaza para la sociedad y para las personas. Una amenaza que cada vez va a más y es más intrusiva. Una amenaza real que aprovecha el conocimiento de aspectos vulnerables de las personas. Una amenaza que tiene que ser destruida legal y globalmente para evitar el uso ilícito, ilegal o inmoral de los datos personales para manipular e influir tanto en el comportamiento individual como colectivo.

Nos estamos jugando la democracia. Nos estamos jugando la convivencia.