Toda organizaciĂłn social puede introducirse en una dinámica negativa para sus intereses que acabe debilitándola e incluso destruyĂ©ndola. La dinámica que Pablo Casado está llevando al Partido Popular puede provocar, a largo plazo, un debilitamiento del partido y, con ello, un paralelo debilitamiento de la democracia. Las vĂas tácticas que Casado ha adoptado y algunas decisiones estratĂ©gicas que está tomando actualmente pueden acabar despeñando a este partido en beneficio, naturalmente, de Vox.
El tono de Casado en las preguntas orales que formula al Presidente del Gobierno en la sesiones de control del Congreso de los Diputados ha rebasado los lĂmites admisibles en democracia. Esa mezcla de: a) insultos; b) acusaciones al PSOE y al Gobierno de todos los males que ocurren en España; c) descalificaciones personales a algunos Ministros; y d) propuestas provocadoras para Cataluña, que está provocando malestar en dirigentes populares. Malestar que se percibe tambiĂ©n en la opiniĂłn pĂşblica, como ha escrito el director de La Vanguardia en su artĂculo del 18 de diciembre “¿AdĂłnde va Casado?”, donde se señala que Casado intenta competir con Abascal “con un discurso extremista más tĂpico de un usuario de las redes sociales que de un lĂder que quiera gobernar España”.
Esta táctica verbal hiperagresiva sĂłlo tiene apoyo en unas franjas extremistas de la sociedad española y sirve para acentuar la necesidad de una polĂtica de centro derecha. Nadie duda de que esta escalada verbal irresponsable de Casado se debe a la doble presiĂłn de Vox y de DĂaz Ayuso, pero pocos comentaristas consideran acertado que el Partido Popular entre en esa senda en lugar de transmitir un mensaje de centro y de concordia. La sociedad española, como otras muchas de Europa, ha salido traumatizada de la pandemia y aspira a unas relaciones sociales y polĂticas sosegadas, que no provoquen enfrentamientos. Casado se está equivocando al lanzar su furia agresiva contra el PSOE, contra el Gobierno y contra su Presidente porque no sĂłlo deslegitima al Estado democrático y a sus actores sino que crea en la opiniĂłn pĂşblica un sentimiento de confrontaciĂłn polĂtica extrema que no casa con la tolerancia democrática.
En sentido estratĂ©gico tambiĂ©n está errando Casado. La disoluciĂłn de las Cortes de Castilla y LeĂłn, con el mismo argumento falaz que utilizĂł DĂaz Ayuso en la Comunidad de Madrid (y pronto en AndalucĂa) se va a saldar con un fiasco para el Partido Popular. La decisiĂłn parte de un cálculo errĂłneo y de una actitud poco respetuosa para sus aliados de Ciudadanos. El cálculo errĂłneo de GĂ©nova (de donde parece provenir la decisiĂłn de disolver la Cámara) es que ha cambiado el “ciclo polĂtico” y que, al igual que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid, el Partido Popular arrasará en las prĂłximas elecciones y se asentará un ciclo polĂtico donde la derecha va a ser la ganadora de las prĂłximas convocatorias electorales, de modo que el ciclo se cerrará en las siguientes elecciones a Cortes cuando el Partido Popular arrase frente a la izquierda. Pero este cálculo (que ha llegado a comprar El PaĂs como se ve el artĂculo “El PP fuerza elecciones en Castilla y LeĂłn para probar el cambio de ciclo” de Juan Navarro y Carlos E. CuĂ© del 21 de diciembre) no tiene suficiente fundamento. El Partido Popular se está creyendo sus propias mentiras, fundadas en sacar la media de sondeos rigurosos y de sondeos chapuceros, pero esa ilusiĂłn se confrontará dentro de unas semanas con la realidad. El punto de partida es, pues, poco sĂłlido.
Llama la atenciĂłn, como ocurriĂł en la Comunidad de Madrid, el maltrato, la frialdad y la crueldad con la que el Partido Popular se ha desprendido de sus aliados. Crueldad que se disfraza de ofensa recibida y que ha asumido, por ejemplo, alguna prensa conservadora como El Mundo. Esta puñalada por la espalda a Ciudadanos quizá sea la que mate definitivamente al errático partido, que tras las Ăşltimas elecciones autonĂłmicas tuvo ocasiĂłn de formar coaliciĂłn con el PSOE, el partido más votado en la regiĂłn, y sin embargo, prefiriĂł entregarse al Partido Popular. Ninguna pena puede dar un partido que pudo gobernar en coaliciĂłn en España en 2019 y prefiriĂł suicidarse para satisfacer las fobias y filias de un mediocre polĂtico que nunca debiĂł llegar a dirigir un partido. En todo caso, la crueldad y la dureza con el aliado de ayer son demostrativas de cĂłmo entiende Casado la polĂtica.
Pero lo más importante (y más preocupante) de la decisiĂłn estratĂ©gica de Casado respecto a Castilla y LeĂłn es la puerta que abre a Vox. Que el Partido Popular facilite que Vox obtenga cierto nĂşmero de Diputados en una Comunidad AutĂłnoma donde no tenĂa ninguno, denota que la estrategia ultra de DĂaz Ayuso está calando en GĂ©nova. Y esto sĂ que es serio. Salvo en Austria, las derechas europeas rehĂşyen vincularse a la extrema derecha. Pero en España ocurre lo contrario, la derecha abre paso a la extrema derecha. Probablemente se deba, como he escrito en esta secciĂłn otras veces, a que la derecha española fue cĂłmplice de la dictadura franquista y no ha conseguido liberarse de esa conexiĂłn ideolĂłgica y sentimental. Pero debemos tener en cuenta que la coaliciĂłn derecha / extrema derecha va ganando terreno.
No todo el Partido Popular comparte la táctica agresiva de Casado y su estrategia de aproximaciĂłn a la extrema derecha, pero si no reaccionan pronto, se van a ver inmersos en un partido extremista y bronco que difĂcilmente acabará gobernando España. Si los barones del Partido Conservador británico se desprendieron de Thatcher, Âżno habrá barones en el Partido Popular que corten una carrera que no sacará al partido de la oposiciĂłn?
