Hace escasas semana Mario Draghi presentó junto a Úrsula Von der Leyer el informe que ésta le había encargado sobre la situación de la Unión Europea y las medidas que él consideraba para su relanzamiento. Hay que decir que ve la luz tras el informe anterior del exprimer ministro italiano Leta, presentado hace unos meses, más centrado en el mercado interior, que hasta el día de hoy ha tenido escasa repercusión.

Draghi presentó un plan para impulsar la productividad y su política industrial y revertir el declive comparativo frente a EE.UU y China. Para él, “o la UE se esfuerza en hacer las reformas propuestas, o se enfrenta a una lenta agonía y a la irrelevancia internacional”.

Para evitar esta debacle es preciso, según él, emitir deuda conjunta, invertir mucho más y repensar las reglas de competencia, flexibilizándolas, para apoyar empresas, ganar tamaño y evitar los obstáculos que dificultan la innovación tecnológica.

Según él, para financiar la transición energética, la industria de defensa que se precisa en el nuevo contexto internacional y el liderazgo en tecnologías digitales, serían necesarios entre 750 y 800 mil millones de euros anuales adicionales (cuatro veces más que el Plan Marshal). Es decir, incrementar la inversión productiva del 5% al 27% del PIB europeo. Las emisiones de deuda conjunta, avalada por todos los países miembros como el caso de los recientes fondos Next Generation o las fórmulas utilizadas para las compras de vacunas o materiales clínicos en la pandemia, o los fondos intergubernamentales para comprar armas para la guerra de Ucrania, o incluso el mismo Plan Junquer (de escaso éxito), son iniciativas de donde se puede extraer el modelo adecuado.

Si, como parece, la piedra angular del próximo gobierno de la UE, será mejorar la competitividad, los medios y las propuestas planteadas en el informe encajan como un guante. No por una adecuación teórica, sino motivados por la realidad.

Los datos que el propio informe presenta son demoledores. El ingreso real disponible de los hogares ha crecido el doble en EE. UU que en la UE desde el año 2000. Por otro lado, sólo cuatro de las 50 mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas. Mientras que en EE. UU las tres empresas que más investigación y desarrollo hacen son tecnológicas (Alphabet, Meta y Microsoft), en la UE son de la automoción (VW, Mercedes y Bosch). De seguir así, el PIB de la UE comenzará a menguar a partir del año 2050. Entre las cincuenta universidades más punteras del mundo solo hay cuatro europeas.

El problema no es la falta de competitividad, hay infinidad de empresas europeas que lo son, sino el salto tecnológico que ha dado EEUU y que la UE está a la zaga. Hacer más productivo el tejido empresarial europeo exige revertir esa situación.

Hemos llegado a un momento en el que, si no hacemos nada, tendremos que comprometer nuestro bienestar, nuestro medio ambiente o nuestra libertad, dice Draghi. Y por ello da unas 170 recetas para todos los sectores y busca reorientar el presupuesto para centrarlo más en la necesidad de la UE y no tanto en la dimensión nacional y regional, lo cual lleva inevitablemente a reformar los fondos de cohesión actuales y algunas políticas sectoriales, como la PAC.

El informe recoge tres áreas claves donde la UE debe acelerar su transformación.

La innovación, aunque ya lo he reseñado antes, la falta de inversión en I+D y la necesidad de enfocarla en sectores emergentes cómo la IA o la computación de alto rendimiento es fundamental. Europa debe crear un entorno que facilite estas actividades.

Descarbonización y competitividad: la descarbonización es una oportunidad para la UE, puesto que lidera las tecnologías limpias, pero los altos costes energéticos y la falta de inversiones en infraestructuras energéticas, amenazan esa competitividad. Reducir burocracia para potenciar energías limpias, así como combinar la transformación energética sin comprometer la competitividad es un reto y una fuente de infinitos problemas.

Seguridad y reducción de dependencias; la dependencia de materias primas críticas de China y otros países debilita a la UE. La propuesta es concentrar recursos y fomentar el reciclaje y la inversión en tecnologías para ello.

Reforzamiento de las gobernanzas: si queremos mejorar la competitividad, hay que agilizar los procedimientos legislativos de la UE −que actualmente son muy lentos−, simplificar la burocracia y acelerar los procesos reguladores que hacen la gobernanza más flexible.

A simple vista, parece que el enfoque del libre mercado ha fallado a la hora de generar la innovación y productividad necesaria para que el continente compita con éxito a nivel global. Según el informe, es preciso la intervención estatal. Parece ser que el gobierno es esencial y una parte central de la política de desarrollo pasa por mejorar la actuación del sector público. Lo señala Mariana Mazzcuto cuando describe que el sector privado solo se atreve a invertir después de que el Estado ha realizado las inversiones de alto riesgo. Para ella, el Estado hace que secunden las inversiones privadas, y la prueba está en el análisis preceptivo y las medidas planteadas por este informe.

Piketty asegura que este informe tiene el inmenso mérito de acabar con el dogma de la austeridad presupuestaria. Veremos.