El Partido Popular lleva practicando en varios asuntos lo que podrĂamos llamar con toda propiedad âpolĂticas basuraâ, en la creencia de que estos comportamientos nunca le reportarĂĄn costes electorales. Pero a veces estos cĂĄlculos resultan equivocados y, cuando empiezan a pasarles factura, se hace difĂcil rectificar. Lo estamos viendo en su negativa a aprobar un impuesto extraordinario a las compaĂąĂas energĂŠticas y en su resistencia numantina a cumplir con la ConstituciĂłn y renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).
Los populares votaron ânoâ el 13 de septiembre a la simple toma en consideraciĂłn del Proyecto de Ley del Gobierno para imponer un gravamen extraordinario a las energĂŠticas. En la defensa de ese no, su diputado Mario GarcĂŠs no se anduvo con medias tintas: definiĂł la iniciativa como un âengendro jurĂdicoâ que âsocava principios constitucionalesâ, heredera del âcomunismo mĂĄs bilioso del siglo XXâ y que completa la âfelonĂa fiscal permanenteâ. Al dĂa siguiente, su portavoz, la seĂąora Gamarra, aĂąadiĂł que âno podemos aprobar medidas que solo tienen por objetivo que la caja de SĂĄnchez tenga mĂĄs dinero”. Es decir, trataban de instalar en el cerebro del ciudadano una imagen horrorosa de este gravamen, asociĂĄndola con tĂŠrminos como âcomunismoâ âque ellos entienden como atemorizantesâ e incidiendo, de paso, en su mantra habitual de lo âmaloâ que es cualquier tipo de impuesto. La referencia a la caja del presidente, mejor obviarla.
Tras este ejercicio de polĂtica basura, y para su desgracia, la presidenta de la ComisiĂłn Europea, Ursula von der Leyen, y con ella todo el Partido Popular Europeo, emplearon unos tĂŠrminos muy diferentes para proponer, pocas horas mĂĄs tarde, un gravamen similar a las energĂŠticas en toda la UE: âEn los tiempos en que vivimos no puede ser que algunos obtengan unos beneficios extraordinarios y sin precedentes gracias a la guerra y a costa de los consumidores. En estos momentos, los beneficios deben compartirse y canalizarse hacia quienes mĂĄs los necesitanâ.
El contraste entre la posiciĂłn del PP espaĂąol y la de sus homĂłlogos europeos ha sido tan evidente que les han dejado retratados ante la opiniĂłn pĂşblica: muchos votantes âincluidos muchos conservadores que tambiĂŠn estĂĄn pasando dificultades econĂłmicasâ han entendido perfectamente que, entre aliviar el sufrimiento de los ciudadanos y de las empresas y defender las ganancias extraordinarias de las energĂŠticas a costa de la guerra, el PP espaĂąol prefiere lo segundo.
Como a nada temen mĂĄs que a bajar en las encuestas, despuĂŠs trataron de rectificar a toda prisa, prodigĂĄndose en declaraciones confusas y autoexculpatorias que tan solo intentaban ocultar su error de cĂĄlculo. Siguen convencidos de que no deben tocarse lo beneficios de las energĂŠticas, pero no pueden aparecer ante la opiniĂłn pĂşblica tan distantes de sus homĂłlogos ni tan contrarios a las decisiones europeas.
Con respecto a la negativa del PP a renovar el CGPJ, cuyo mandato lleva caducado cuatro aĂąos, el lector puede encontrar una detallada explicaciĂłn de los avatares de estas renovaciones durante los Ăşltimos treinta aĂąos en el magnĂfico artĂculo de Javier GarcĂa Fernandez âCatedrĂĄtico de Derecho Constitucionalâ publicado en esta misma revista. El aspecto que me interesa destacar aquĂ es que las sucesivas negativas del PP a renovar este Ăłrgano, en 1996, en 2006 y, ahora, desde 2018, las hicieron en el convencimiento de que no les iban a reportar un castigo electoral. Al fin y al cabo, se trata de un tema muy especializado y la mayorĂa de los ciudadanos no saben con certeza cuĂĄles son las funciones del CGPJ.
Sin embargo, en los Ăşltimos dĂas, el panorama parece haber cambiado: por un lado, la insumisiĂłn de un grupo de miembros conservadores tratando de bloquear la renovaciĂłn âtambiĂŠn fuera de plazoâ de dos miembros del Tribunal Constitucional (TC) ha merecido el reproche del presidente del CGPJ, Carlos Lesmes âĂŠl mismo, conservador pero, al parecer, con mĂĄs dignidadâ, que no estĂĄ dispuesto a secundar la maniobra; por otro, el propio Lesmes ha anunciado su dimisiĂłn si no se renueva el CGPJ antes del 12 de octubre, dificultando asĂ el deseo del PP de prolongar su interinidad hasta las prĂłximas elecciones generales; y, finalmente, la vicepresidenta de la ComisiĂłn Europea, Vera JourovĂĄ, se ha dirigido estos dĂas por escrito a Lesmes para denunciar la situaciĂłn de este organismo y exigir su renovaciĂłn.
Los ciudadanos han empezado a percatarse del obstruccionismo del PP a renovar los Ăłrganos constitucionales y a preguntarse por las causas Ăşltimas de esta actitud. Poco a poco, empieza a abrirse paso la cruda verdad: los actuales miembros del CGPJ fueron elegidos por el Congreso y el Senado en 2013, cuando el PP tenĂa mayorĂa absoluta. Debido a ello, la composiciĂłn, tanto del CGPJ como del TC, es de mayorĂa conservadora. La principal funciĂłn del CGPJ es nombrar jueces para cubrir las vacantes de los tribunales superiores. El PP persigue, pues, que los puestos claves de la Justicia estĂŠn ocupados permanentemente por jueces conservadores y que no respondan a la pluralidad ni a las mayorĂas cambiantes de la sociedad. TambiĂŠn quieren convertir al TC en una suerte de tercera cĂĄmara donde tumbar las leyes aprobadas por un Parlamento de mayorĂa progresista. De ahĂ, los continuos recursos al TC, por parte del PP y de Vox, a las leyes que aprueba este.
Esta actitud del PP, que solo cabe calificar de ocupaciĂłn ilegĂtima de los Ăłrganos constitucionales âconcebidos estos para responder a la pluralidad de la sociedad y no a los intereses de un partidoâ, empieza tambiĂŠn a pasarle factura electoral, tal como reflejan las encuestas recientes mĂĄs fiables.
Si no por convicciĂłn democrĂĄtica, al menos por su propia conveniencia electoral, serĂa muy deseable que los recientes acontecimientos hicieran recapacitar al PP y que rectificara su rumbo, sumĂĄndose asĂ al consenso europeo en materia energĂŠtica y poniendo fin a la ocupaciĂłn ilegĂtima de las instituciones.
