Coincidente con el Dia de Internet, el 17 de mayo pasado Save the Children presentó la campaña Sin Conexión, en la que se reivindica que a los niños, niñas y adolescentes han de garantizárseles sus derechos cuando navegan por Internet y hacen uso de las nuevas tecnologías. En ello se vislumbran poderosas razones y causas más que justificadas. No en vano, la edad de inicio de los más pequeños en el mundo virtual, en nuestro país, se produce a los 7 años, siendo aquellas utilizadas por más del 95% de los chicos y las chicas, cuando ya tienen entre 10 y 15 años[1].
Esta situación conlleva determinados riesgos, entre los que resultan consignables los siguientes: 1º. Su acceso a páginas con información perniciosa (de contenidos sexuales, pornográficos, violentos, que incitan al consumo de sustancias psicoactivas o al seguimiento de ideologías extremistas o a sectas). 2.º El ocasionarles consumos adictivos a Internet. 3º. El poder participar en redes sociales indeseables (sexuales, violentas o delictivas). 4º. El llegar a perder su intimidad. 5º. El recibir mensajes personales ofensivos, incluidas amenazas. 6º. Acceder a publicidad engañosa, presionándoles a comprar productos, utilizando los códigos personales de las tarjetas de crédito de sus progenitores y 7º. Sobreestimularles y dispersarles su atención, para dedicarla excesivo tiempo a la búsqueda de información anodina e incluso perjudicial.
Según una investigación de la citada Save the Children, realizada a propósito de la campaña Caja de Herramientas. Si pasa, no pases[2] (dirigida al profesorado), en la que se encuestó a 300 adolescentes de entre 14 y 17 años y se acometieron talleres con expertos en la materia, las modalidades de violencia más distinguidas y utilizadas en este grupo etario fueron las siguientes: las exclusiones de chats o grupos en línea (51%), el control de sus parejas sentimentales (entre los adolescentes, un 49%) o la recepción de mensajes maliciosos (48%). Pudiendo ser una consecuencia de victimizaciones anteriores o simultáneas, tanto de relaciones presenciales como virtuales
Se trata, en definitiva, de una problemática de hondo calado, que arrastramos desde hace años. En 2014 la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género publicó el informe El ciberacoso como forma de ejercer la violencia de género en la juventud: un riesgo en la sociedad de la información y del conocimiento, del que destacamos estas cuestiones de interés: 1ª. El ciberacoso como eventual vía de ejercer violencia de género limita la libertad, dando lugar a un ejercicio de dominación por medio de actuaciones humillantes (involucrando la privacidad e intimidad y dañando la imagen pública), fundamentalmente, de los varones sobre las mujeres, cuando han mantenido una relación sentimental. 2.ª Conlleva añadidamente un efecto acumulativo de envío reiterado de mensajes con claros fines de acoso de la víctima. 3.ª Los más pequeños y los adolescentes tienen una percepción limitada del ciberacoso. 4.ª Las mujeres suelen ser las más vulnerables, a resultas de una sociedad en la que aún siguen funcionando estereotipos tradicionales y patriarcales y 5.ª El ciberacoso se vive con miedo y supone una amenaza continuada para los afectados[3].
A lo anterior, habríamos de añadir todos aquellos impactos potenciales sobre la propia salud mental de las víctimas. Sin que quepa duda de que el incremento entre las nuevas generaciones, a nivel mundial, de este tipo de dolencias procede, entre otros factores, de lo que acabamos de comentar. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada siete personas, comprendidas entre los 10 y 19 años, padece algún trastorno mental (fundamentalmente, depresión, ansiedad y otras patologías del comportamiento). Resultando que la violencia de género se ha convertido en la cuarta causa de muerte entre los jóvenes comprendidos entre los 15 y 29 años.
En nuestro país, un dato revelador al respecto, según Save the Children, es el relativo a que los adolescentes que cometen “ciberbullying” (comportamiento que se repite y que busca atemorizar, enfadar o humillar a otras personas), tienen un mayor riesgo de suicidio, aunque en grado menor que aquellos otros que son sujetos de estos comportamientos[4].
De forma que resulta obligado convertir estos espacios virtuales, en entornos que garanticen su seguridad[5]; de igual modo que lo están con las medidas incluidas en la Ley Orgánica de Protección a la Infancia y Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI)[6].
Todo ello, enmarcado en el superior derecho de proteger al máximo y en todos los ámbitos, a la infancia y la adolescencia. En palabras de Andrés Conde, director de Save the Children:
“Las posibilidades que ofrece el entorno digital son muchas a la hora de poder garantizar que los derechos de los niños y niñas se cumplen, como por ejemplo el derecho a la educación, el de expresar su opinión y ser escuchados, el derecho a recibir información de calidad o el derecho al juego”.
La familia y la escuela, como espacios básicos de socialización, deberían jugar un papel de primer orden a la hora de prevenir y detectar estas conductas perniciosas hacia los pequeños, garantizándoles las herramientas para que se sientan seguros cuando se desenvuelven en los entornos digitales.
La colaboración entre las Administraciones Públicas y las plataformas de Internet es imprescindible, con el objetivo de buscar y encontrar soluciones para que la aplicación de la edad mínima de acceso a estas herramientas se normativice, se respete, se busquen cauces para sancionar su eventual incumplimiento, y se consensúen reglas para el adecuado tratamiento relativo de todos sus derechos fundamentales, como por ejemplo, el relativo a los datos personales de esos usuarios infantiles, o la prohibición de acceso por los mismos a páginas de contenidos abiertamente perjudiciales para su desarrollo como niños, niñas y adolescentes.
Dicho cuanto antecede, deberíamos señalar algunas propuestas concretas a fin de que la sociedad las asuma para conseguir garantizar todos los citados derechos por parte de las nuevas generaciones.
Entre los mismos, destacamos en primer lugar lo concerniente a sensibilizar a la población ante las diversas modalidades de violencia existentes en las redes sociales. Resulta necesario un exhaustivo conocimiento sobre sus potencialidades y sus riesgos, máxime, si cabe, entre los ciudadanos “más bajitos”. En segundo término, se debe respetar su intimidad y su derecho a la privacidad. Añadidamente, es necesaria la colaboración de la ciudadanía para dar fin a estas actuaciones tan perjudiciales para su desarrollo; llevando a la primera línea de la reflexión la actual hipersexualización de los niños y niñas (fundamentalmente de estas) en los medios de comunicación y en las redes sociales… Por último, debe promoverse una educación afectivo-sexual en todo lo concerniente a la igualdad de género y el respeto a la diversidad.
Son muy clarificadoras, para concluir, estas palabras de Andrés Conde, que compartimos plenamente:
“De la misma forma que no prohibimos a la infancia salir de casa porque hay peligros, no podemos con esa excusa prohibirles el acceso a Internet. Al igual que les damos pautas para estar seguros en la vida offline, debemos darles herramientas para estar protegidos online, y como en cualquier otro ámbito de la vida, establecer conjuntamente normas y límites La prohibición no es la solución, porque estaríamos privando a niños y niñas de sus derechos. ¿Qué persona adulta podría vivir hoy sin Internet? La infancia también utiliza las nuevas tecnologías, forman parte de su proceso de socialización, y no podemos privarles de ellas, debemos acompañarlos y poner en marcha todos los mecanismos posibles para establecer espacios seguros en Internet”.
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[1] Véase, https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/informe_violencia_viral_1.pdf
[2] Véase, https://www.savethechildren.es/si-pasa-no-pases/herramientas-castellano
[3] Véase, https://violenciagenero.igualdad.gob.es/violenciaEnCifras/estudios/colecciones/estudio/ciberacoso.htm
[4] Véase, https://www.savethechildren.es/actualidad/suicidios-adolescentes-espana-factores-riesgo-datos
[5] Precisamente ayer 4 de junio el Consejo de Ministros presentó el anteproyecto de Ley para la Protección de la Infancia y la Adolescencia en Entornos Digitales.
[6] Véase, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2021-9347
