Situación general.

Dentro de la complicada, frágil e inestable dinámica que registra el planeta y sus habitantes, destaca una revolución energética no exenta de problemas ni de contradicciones.

Naciones Unidas tiene la costumbre de dedicar un día al año a aquellos aspectos que considera relevantes para el bienestar social y, particularmente, para los temas integrados en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos para la Agenda 2030. De esta forma, ha asignado el 14 de febrero, día de los enamorados, como “Día Mundial de la Energía”, destacando el objetivo de “promover el uso de fuentes alternativas y disminuir la utilización de energías no renovables, en el marco del señalado ODS número 7 cuyo enunciado reza: “Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”, que se concreta en la consecución de cinco subobjetivos específicos a alcanzar antes del 2030:

  1. Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
  2. Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
  3. Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
  4. Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  5. Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países en desarrollo sin litoral, en consonancia con sus respectivos programas de apoyo.

La propia Naciones Unidas, en su Informe de 2019 sobre la situación de consecución de los ODS en el mundo señalaba que el mundo avanza hacia el Objetivo 7[1] con señales alentadoras de que la energía se está volviendo más sostenible y más disponible; si bien más de un tercio de la población mundial no tiene acceso a “formas avanzadas de energía”, siendo los 30 países más desarrollados -con el 15% de la población total- los usuarios del 60% de las nuevas formas de energía. Por ello, destacaba que se necesita mejorar el acceso a tecnologías y combustibles para cocinar limpios y seguros para 3.000 millones de personas, ampliar el uso de energías renovables más allá del sector eléctrico y aumentar la electrificación en África subsahariana.

En todo caso, el acceso a la electricidad en los países más pobres ha comenzado a acelerarse, la eficiencia energética continúa mejorando y la energía renovable está logrando avances impresionantes en el sector eléctrico. Pero, complementariamente, la utilización de energías fósiles y las técnicas empleadas para su extracción, son responsables del orden de un 60% de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) responsables del calentamiento global, y al consumo energético se le asocia el 61% de la huella ecológica per cápita global, con lo que este consumo se convierte en la principal fuente de insostenibilidad del propio planeta.

Prospectiva global

En los distintos Informes científicos que se van publicando[2], la previsión, bajo el Escenario tendencial, de un crecimiento continuo de la población y del consumo mundial va indisolublemente ligado al incremento de la demanda energética y, consecuentemente, a la difícil reducción de las GEI hasta niveles compatibles con el Objetivo de limitar el calentamiento global a menos de 1,5ºC o, como mucho, 2ºC para el horizonte del 2020. Con lo que, en todos los Informes, se hace una llamada a la adopción de medidas necesariamente radicales y urgentes para transformar la relación de la sociedad con la naturaleza y abordar las crisis del clima, la biodiversidad y la contaminación de manera conjunta, con el fin de garantizar un futuro sostenible y prevenir futuras pandemias.

Y, aunque es muy difícil hacer predicciones en la situación actual, dado el elevado grado de incertidumbre ante posibles evoluciones de la pandemia, de la situación socioeconómica y de las contradicciones presentes en la sociedad capitalista de mercado, con sus correspondientes riesgos geoestratégicos y de cambio global, sí podemos considerar tendencias dominantes que pueden definir los Escenarios posibles en campos tan complejos y con tantas presiones e intereses contradictorios en juego, como el energético. Si bien sin olvidar que éste es un ámbito donde los intereses presentes de multinacionales y distintos tipos de organismos (fundamentalmente los fondos especulativos que operan en los mercados de futuro y los países productores integrados en la “OPEP+” que, en algunos casos, se juegan miles de millones en derechos de explotación de energías fósiles consolidados) hacen que las previsiones y tendencias publicadas estén subordinadas a los intereses correspondientes, o dependan de variables con grandes márgenes de variación futura.

En todo caso, y como aproximación más cualitativa que cuantitativa (las cifras deben considerarse con mucha prevención), cabe esperar que un Escenario posible sea el de una transición energética que en la próxima década mantenga la tendencia pre-Covid19, si éste y sus efectos socioeconómicos más significativos se logran recuperar y se vuelve a grandes rasgos, como ya ha sucedido en China, a la dinámica de crecimiento anterior, quedando reducidos dichos efectos, en lo fundamental, a una caída estimada del orden del 7%, para la demanda energética global en 2020, continuando después la tendencia 2015-2020.

Escenarios alternativos, como señala la propia Agencia Internacional de la Energía (2020)[3], vendrían asociados a la evolución derivada de la implantación de políticas de restricción de gases de efecto invernadero, tal y como se comprometieron los distintos países tras la Agenda de París de 2015 (Escenario STEPS), o si se llevan a cabo las políticas que serían necesarias para restringir el calentamiento global a los 1,5ºC-2ºC para 2100 (Escenario SDS), tal y como se aprecia, respectivamente, en la Figura siguiente.

En todo caso, las previsiones irán muy ligadas a la evolución de los precios de las alternativas de oferta energética que, a su vez, van a depender muy directamente de las políticas de los distintos agentes intervinientes en el proceso (gobiernos, multinacionales energéticas, especuladores, transportistas, etc.). Y también, por supuesto, de las inversiones en la red eléctrica para viabilizar las conexiones de las renovables. Así como de las necesarias para asegurar la accesibilidad y costes de las materias primas fundamentales para hacer viable, tanto el incremento de la oferta de energías renovables, como soluciones eléctricas a la movilidad, al almacenamiento energético, a la rehabilitación energética de los edificios, o a desarrollar alternativas para el calentamiento de fábricas, hogares o invernaderos agrícolas que son, en la actualidad, fuentes significativas del consumo energético de energías fósiles.

Por otra parte, en esta Sección ya tuvimos ocasión de referirnos a lo que podríamos considerar la curva de oferta del petróleo en función de la entrada en viabilidad de la explotación de las reservas en los distintos países en función de los precios del petróleo, obteniendo unos resultados (ver Figura siguiente) que nos pueden servir como aproximación a la situación actual, en la que el petróleo –gracias a las políticas restrictivas de la producción de la OPEP+ y, particularmente de Arabia Saudí- se cotiza en el entorno de los 60 $/barril Brent. Obviamente, subidas de precios harían entrar en viabilidad nuevas ofertas que tenderían a limitar –salvo avance hacia un nuevo boom por especulativas alcistas en el mercado de futuros- la magnitud de dichas alzas.

Complementariamente, hay que considerar si la inestabilidad de la situación socioeconómica hará factible continuar con las inmensas inversiones necesarias sólo en el sector eléctrico (generación y redes[4]) que, hasta ahora, se han basado en fuertes ayudas públicas y en unos tipos de interés muy reducidos (véase en la Figura siguiente las perspectivas europeas para el período 2021-2023), cuya continuidad puede poner en cuestión un incremento de la inflación, si el alza especulativa en los precios de las materias primas y el inicio de un nuevo “superciclo económico expansivo”, como señalan de forma interesada ciertos foros económicos, inciden en esa dirección.

En todo caso, el riesgo de un incremento de inflación que obligue a la subida de los tipos de interés de los bancos centrales no estaría cercano. Pero en su origen pueden estar las señaladas variaciones registradas en los precios de las materias primas, que, tras un fuerte descenso de los precios de muchos de los materiales tras el inicio de la pandemia (que llegó a situarlos en los niveles más bajos desde 2009, con el petróleo como principal protagonista de estas caídas) finalizaron 2020 con un crecimiento significativo, pese a que las grandes economías mundiales (excepto China) sufrían caídas significativas en su producción, generándose un desacoplamiento entre dichos precios y la actividad de la economía real.

Y ello, básicamente, como consecuencia de la generación de expectativas especulativas en los mercados de futuros, ante la falta de otras alternativas especulativas de rentabilidad fiable, aunque no hay que desechar también la posible incidencia del auge en dichas expectativas , después del verano, de la actividad industrial (fundamentalmente en China) y del comercio internacional, que terminó superando los niveles de 2019.

 

Gran parte de las expectativas especulativas están asociadas a la previsión de expansión de las políticas de incentivación de las renovables y de la digitalización en el conjunto del mundo, incidiendo en las previsiones de demanda de cobre (ascenso del 70% desde el mínimo de marzo a final de 2020), aluminio, zinc y mineral de hierro, en un marco en el que la pandemia ha roto cadenas de producción y ha hecho caer la oferta en los países productores por las restricciones a la producción y al transporte; sin olvidar que 2020 también ha sido un año caracterizado por extremos climáticos y desastres asociados a los mismos que han dificultado la producción y transporte de esas materias primas.

Factores condicionadores de la “Revolución energética”.

Para terminar esta primera aproximación a la “Revolución energética” que iremos concretando en artículos siguientes para el conjunto del planeta, la Unión Europea y España, señalemos que aspectos fundamentales a tener en cuenta en la misma serán:

  • Una prevista irrupción revolucionaria de las energías renovables en el mix eléctrico, con el utópico resultado final, dada la evolución actual de las principales variables, de que las energías renovables y el gas natural serían las principales fuentes para satisfacer la creciente demanda de energía mundial ya en 2040.
  • La esperada rápida expansión y reducción de costes en las tecnologías energéticas limpias, sobre todo los de la nueva energía solar fotovoltaica, pero también los de la energía eólica y los de las baterías de almacenaje y del hidrógeno “verde”.
  • El carácter intermitente de las principales energías renovables, fundamentalmente eólica y solar, que exigen, o bien soluciones de almacenamiento energético a gran escala conectado a la red, de difícil implantación, o el respaldo de fuentes fósiles o nucleares.
  • La viabilidad de la energía distribuida generalizada en base a “proconsumidores”.
  • La viabilidad de la equiparación de los precios de la electricidad con los de los productos derivados del petróleo para los consumidores.
  • La evolución de la actual quiebra y ausencia de resiliencia de gran parte del gas de esquisto y del gas de formaciones compactas en EEUU, que pierde su posición autosuficiente como mayor productor de petróleo y gas del mundo.
  • La viabilidad de una electrificación suficiente y rentable para los usuarios de los automóviles.
  • Un difícil avance en la mejora de la eficiencia energética en los edificios y en la aportación de calor a la industria y a los invernaderos agrícolas. Si se opta por la solución futura de la electrificación como base energética, se necesitaría generar 2,5 veces más electricidad de la equivalente a la que se usa actualmente para calentar edificios, mover vehículos y alimentar procesos industriales.
  • La viabilidad del mantenimiento de las inversiones petroleras y en gas –de rentabilidades decrecientes con precios competitivos- que eviten un déficit de la oferta convencional de petróleo y gas a medio/largo plazo, que afecte a la función esencial del petróleo y del gas para satisfacer, tanto la nueva demanda previsible mundial de energías fósiles (producción química, plásticos, etc.), como para reemplazar la disminución de la producción de petróleo y gas barato y asegurar el suministro eléctrico ante la variabilidad de las energías renovables en la generación de energía, especialmente eólica y solar.
  • El uso de “biofuels” de nueva generación (no competidores de la alimentación).
  • El avance en la búsqueda de alternativas viables y económicas al petróleo en el transporte de mercancías por carretera o por mar, la aviación y la petroquímica.
  • La internalización de efectos externos en los usuarios, a través del cobro por emisiones de CO2 en todas las actividades generadoras de las mismas, sin generar conflictos políticamente inasumibles con los consumidores.
  • La reducción de las presiones sobre la biosfera por la inversión y funcionamiento de las distintas alternativas de mix energéticos.

Como conclusión, aunque siempre que se entra en análisis de sectores como el energético se pretende dar un carácter científico a las actuaciones y políticas que se proponen, lo cierto es que la principal base es siempre ideológica, en el sentido de asumir unos Objetivos, supuestos de contorno y unas prioridades dadas de manera más o menos implícita, que benefician de manera desigual a multinacionales, empresas locales, distintas actividades productivas y a los ciudadanos. Distintos Objetivos implican la asunción de distintos modelos de desarrollo, e inciden de una manera diferencial en la priorización de medidas y en la asignación de recursos a implementar por los Gobiernos para el cambio necesario. Lo que es fundamental en un sector energético que va a necesitar que se dupliquen o tripliquen los incentivos públicos ahora existentes hasta el 2050, y que se desarrollen políticas estables, sin vaivenes por cambios políticos, que aceleren la implantación de los cambios precisos para mitigar el calentamiento global, modificando radicalmente, al menos, el sistema de generación de electricidad, la producción del acero y del cemento y los hábitos de consumo de los ciudadanos, teniendo en cuenta las diferentes situaciones y necesidades del mundo desarrollado y del mundo en desarrollo.

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[1] https://unstats.un.org/sdgs/report/2019/goal-07/

[2] Los más recientes: de United Nations Environment Programme (2021).- “Making Peace with Nature: A scientific blueprint to tackle the climate, biodiversity and pollution emergencies.” Nairobi. https://www.unep.org/resources/making-peace-nature. United Nations Environment Programme (2021).- “Catalysing Science-based Policy action on Sustainable Consumption and Production – The value-chain approach & its application to food, construction and textiles. Nairobi.” https://www.resourcepanel.org/reports/catalysing-science-based-policy-action-sustainable-consumption-and-production

[3] WEO (2020).- “World Energy Outlook 2020”. 13 October 2020. https://www.iea.org/events/world-energy-outlook-2020

[4] Solo en EEUU se estima que la capacidad de las redes para la transmisión de alto voltaje debería aumentar en un 60% en el transcurso de la próxima década. Y catástrofes cada vez más frecuentes (el actual caso de los apagones en Texas, o por efecto de Filomena, en España, entre otros) avisan de la necesidad de que redes y conexiones gocen de un buen estado y de niveles de redundancia y capacidad para afrontar situaciones extremas (en Texas fallaron energías renovables, centrales de gas e incluso una nuclear). Para España trataremos estos temas en un próximo artículo.

 

Fotografía: Carmen Barrios