La valoración de los españoles sobre la democracia en nuestro país es un indicador central para comprender el grado de consolidación de la democracia y la fortaleza de su legitimidad política, en una sociedad y unos tiempos donde crecen las incertidumbres y aumentan la crispación y la polarización

Tras cincuenta años desde la muerte del dictador Franco, la percepción comparativa entre el régimen democrático y la dictadura franquista adquiere una gran relevancia, porque ofrece una oportunidad para analizar la continuidad del consenso democrático, la evolución de la cultura política y las tensiones derivadas de la desafección política actual.

En el barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del dictador Franco, se incluyó la pregunta siete: Y el actual régimen democrático, en general, ¿cree Ud. que es mucho mejor, mejor, peor o mucho peor que la dictadura franquista?

Los datos de la encuesta revelan que una amplia mayoría de los ciudadanos ven mejor el actual sistema democrático que la dictadura franquista. Concretamente, un 74,6 por ciento de los españoles califica la democracia como mucho mejor (33,8 por ciento) o mejor (40,8 por ciento) que la dictadura franquista.

Frente a ello, un 17,3 por ciento creen que la democracia es peor (11,8 por ciento) o mucho peor (5,5 por ciento) que la dictadura franquista. Un 4,4 por ciento percibe la democracia y la dictadura franquista como igual, mientras que las categorías de no sabe (2,3%) y no contesta (1,4%) tienen valores residuales.

El apoyo mayoritario a la democracia muestra la consolidación de una cultura política democrática en la sociedad española. No obstante, la presencia de una minoría significativa que considera la democracia igual o incluso peor que el régimen franquista señala la existencia de fracturas ideológicas, nostalgia del franquismo, o una desafección política o malestar democrático importante en ciertos sectores de la población.

Aquí, hay que recordar que la desafección no implica necesariamente un rechazo del ideal democrático, sino una crítica al modo en que se gestiona o se percibe su funcionamiento institucional.

En el caso español, la crisis económica de 2008, los escándalos de corrupción y las estrategias de polarización y crispación realizadas por las derechas desde el año 2018 han contribuido a la emergencia de discursos revisionistas que, aunque minoritarios, cuestionan la superioridad de la democracia frente al pasado dictatorial.

En todo caso, los datos reflejan que en España existe una situación de legitimidad democrática consolidada pero no exenta de fragilidades, donde el recuerdo histórico del franquismo actúa como anclaje para la democracia, mientras que la percepción de ineficacia o corrupción deteriora su legitimidad.

Se puede afirmar de este modo, que la estabilidad del sistema democrático español depende tanto del mantenimiento del consenso normativo como del fortalecimiento de la confianza institucional.

Por tanto, la comparación positiva con el franquismo no debe interpretarse como una garantía absoluta de consolidación democrática, sino como un indicador dinámico que requiere constante renovación a través de prácticas políticas inclusivas, rendición de cuentas y políticas de memoria orientadas a la educación cívica y democrática.