La concentración de los medios de comunicación social en grandes conglomerados mediáticos, junto con la desintermediación informativa y la expansión de plataformas digitales, ha transformado el sistema comunicacional en las sociedades democráticas. Ahora, predomina un entorno híbrido en el que circulan múltiples fuentes, frecuentemente no verificadas, lo que ha fragmentado y politizado la confianza tanto en los medios de comunicación social como en las instituciones que estos representan.
En España, esta transformación se refleja en la creciente percepción crítica hacia los medios de comunicación social. La confianza en ellos, que es algo fundamental para la calidad de la democracia, se ha deteriorado, lo que compromete gravemente tanto la función informativa del periodismo, como la integridad del espacio público como ámbito de deliberación colectiva. Se ha pasado de una confianza media de 4,31 en el año 2021 al 4,02 en 2024, donde 1 es la valoración de confianza mínima y 10 es la confianza máxima.
Esta caída refleja una visión negativa sobre la credibilidad, la independencia y la objetividad de los medios de comunicación social. Un fenómeno global, que se intensifica en contextos de polarización política, sobreexposición a la desinformación y concentración mediática. Y que es especialmente grave al tener un papel fundamental en el proceso de socialización política y en la formación de opiniones públicas
¿Una exageración? No. Ante la pregunta: “En general, sobre los medios de comunicación españoles, ¿me podría decir si Ud. está muy de acuerdo, de acuerdo, en desacuerdo o muy en desacuerdo con las siguientes afirmaciones?”, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en su encuesta sobre la calidad de la democracia III, los datos reflejan que:
- Un 88,7% de la ciudadanía considera que los medios de comunicación favorecen unas opciones políticas o intereses económicos más que otros. Lo que significa que lo piensa la inmensa mayoría de la población.
- Un 80,7% que reproducen bulos o informaciones falsas.
- Un 74,7% que los medios están concentrados en pocas manos o grupos de comunicación.
- Un 55,5% creen que no dan acceso a diferentes tipos de opiniones.
Esta ruptura en el espacio público informativo, donde se erosiona la función integradora del periodismo como generador de marcos comunes, se ve amplificada por unas redes sociales que son profundamente corrosivas para la deliberación democrática, al exponer a los ciudadanos a dinámicas de burbujas informativas, tribalismo ideológico, cámaras de eco y desinformación masiva, que afectan directamente a la calidad de la participación política y la gobernabilidad democrática. Además de promover la polarización afectiva, el rechazo al disenso y la deslegitimación de las fuentes oficiales y las instituciones públicas.
En este punto, hay que recordar que, en la encuesta de Audiencia de medios de Comunicación Social realizada por el CIS en el año 2023, el 44,1 por ciento de la población se informa habitualmente a través de redes sociales, proporción que se eleva al 81,4 por ciento entre jóvenes de 18 a 24 años y al 71,2 por ciento en el grupo de 25 a 34 años.
Los datos ofrecen una imagen clara y preocupante: los ciudadanos, en su mayoría, percibe a los medios de comunicación como actores poco fiables, escorados a la derecha y dominados por intereses particulares.
Ante este panorama tóxico, es muy oportuno tomar medidas para que no se siga dopando con dinero público a medios afines ideológicamente o a chiringuitos digitales con nulas audiencias, pero al servicio de la campaña de crispación que las derechas llevar realizando en España desde el año 2018 para derribar al gobierno.
Conocer la propiedad y financiación de los medios; recuperar la credibilidad, la independencia y la objetividad; aumentar el pluralismo en la información y en la opinión; potenciar los medios de comunicación públicos, desterrando la utilización gubernamental o partidista; fomentar la alfabetización mediática y digital desde las escuelas; y abandonar los bulos y las mentiras, son algunas medidas necesarias para la democracia y para afianzar un marco colectivo de convivencia.

