Otra vez se oye hablar de grandeza
(Ana, no llores)
El tendero nos fiará.
Otra vez se oye hablar del honor
(Ana, no llores)
No podemos comer ya.
Otra vez se oye hablar de victorias
(Ana, no llores)
A mi no me tendrán.
Ya desfila el ejercito que marcha
(Ana, no llores)
Ya desertarán.
General, tu tanque es muy potente
aplasta a cien hombres y arrasa el pinar.
General, pero tiene un defecto:
Necesita un hombre que lo pueda guiar.
General, tu avión es poderoso
Vuela como tormenta y destruye la ciudad.
General, pero tiene un defecto:
Necesita un hombre que lo pueda pilotar.
General, el hombre es muy útil,
puede volar, puede matar.
General, pero tiene un defecto:
Puede pensar.
Puede pensar.
El cantautor Adolfo Celdrán musicó este poema de Bertolt Brecht para su disco Silencio, editado en 1970, cuyas canciones no eran radiables por su contenido político. El disco corría de mano en mano entre los militantes antifranquistas y comunistas clandestinos que luchaban contra el régimen. Mi madre y mi padre escuchaban este disco de Celdrán bajito y de forma recurrente, como después lo harían con otro posterior titulado Denegado, que recogía un puñado de canciones prohibidas por la censura de la dictadura. Corrían tiempos de luchas contra el franquismo, en las que el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, las mujeres feministas, los hombres y las mujeres de la cultura y los movimientos vecinales se movilizaban en las calles para exigir la dignificación de la vida y la democracia, los derechos sociales, políticos y sindicales, y amnistía y libertad. A mediados de los años setenta murió el dictador en su cama, pero el franquismo murió en las calles, tal como expresa Nicolás Sartorius cada vez que tienen micrófono delante. Fueron nuestros padres y nuestras madres, personas comunes y trabajadoras las que consiguieron traer la democracia, esta que hoy disfrutamos con tantas imperfecciones, sí, pero lugar de encuentro y convivencia en el que el diálogo entre los diferentes todavía es posible.
Recuerdo esto porque en España el fascismo duró mucho. Europa se liberó, tras vencerlo en 1945 en la II Guerra Mundial, pero aquí nos lo dejaron de regalo. ¿Fuimos “castigados” por haber sido los primeros en retarlo durante la II República? o porque Estados Unidos quería a Franco como aliado contra el bloque del Este con bases estratégicas. Parece que un poco de ambas cosas. El caso es que nos chupamos 40 años de retraso democrático, con respecto a Europa.
Esta democracia que tenemos está hoy en riesgo. Sobra en España, que está resistiendo como faro de los derechos humanos y del respeto al derecho internacional, ante el empuje guerrero del trumpismo y del sionismo, y sobra en todo el mundo. Sobra para los poderosos del planeta. Sobra para el capital transnacional, que no quiere normas ni leyes que lo aten. La cara del fascismo hoy es tecnológica. El trumpismo lo ha traído de la mano de los magnates del tecno capitalismo feudal y tiene satélites y ramificaciones por todo el planeta. En España su satélite es Vox, que engulle al Partido Popular, -con el complemento cómplice de la lideresa del PP madrileño- y que postula sus “prioridades” anticonstitucionales y antidemocráticas, metiendo al país en una conversación racista, excluyente y profundamente xenófoba.
Tal como antes se manifestó el nazifascismo desde Alemania e Italia, como correa de transmisión de un capitalismo salvaje que reaccionaba ante el avance de los movimientos revolucionarios y obreros en Europa -contagiando países y trayendo la guerra a Europa y al mundo- hoy se manifiesta de nuevo y viene del brazo de poderosos magnates de las tecnológicas, que quieren usar su “libertad” contra los derechos humanos y los de millones de seres. Quieren acaparar riquezas tan deprisa ante el fin de la era de los combustibles fósiles, que les sobra la democracia como sistema. El capital siempre puja por hacer las transiciones tecnológicas con los seres humanos como súbditos.
Palantir y la IA
Hoy me he despertado con el poema de Brecht, cantado por Celdrán, golpeando fuerte en mi cabeza. Debe ser porque no dejo de leer noticias que me abruman sobre la Inteligencia Artificial aplicada al desarrollo cruel de la ingeniería militar. El Manifiesto Palantir se ha alojado en uno de los cajoncitos de mi cerebro como una potente alarma que alerta sobre un tipo de fascismo tecnológico, que se desarrolla en toda su amplitud en los centros de investigación financiados por el capitalismo tecno feudal (cuyo epicentro es Silicon Valley). Un fascismo tecnológico que desarrolla la IA como armamento, que tiene la particularidad de no necesitar un humano que piense para tomar una última decisión en la que millones de vidas pueden estar en riesgo de ser segadas.
Hoy los centros de poder militar, entre ellos el Pentágono como el exponente máximo del rearme de un imperio en decadencia, se interesa por el software, la IA y los drones, tal como lo hacía anteriormente por los carros de combate, los misiles o los aviones. Según explica Ramon Aymerich, en un artículo titulado “Bienvenidos a la República de Palantir”, publicado en La Vanguardia el 26 de abril, este gigante del software se presenta como la “infraestructura digital básica de una sociedad que debe rearmarse y en la que la IA sustituirá a las nucleares como arma disuasoria” y además expresa sin ambages que sobra la democracia, llamando a Occidente a “olvidar el pluralismo vacío y hueco”. El máximo exponente de esta aberración fascistoide es Peter Thiel, un inversor blanco y reaccionario que susurra al oído de Donald Trump, y que postula que “la libertad (la suya, claro) no es compatible con la democracia”.
Mientras en Europa se legisla la IA con la idea del “humano en bucle”, también para la IA destinada a lo militar, en Estados Unidos quieren prescindir del humano que pilote, simplemente porque es más lento en la última toma de decisiones, en definitiva, porque piensa. Quieren prescindir de la “humanidad” que albergan las personas para matar más rápido y con más eficacia. Tecnología sin alma. Me pregunto cómo van a resolver esta contradicción dentro de la OTAN, dónde EEUU convive con un montón de países europeos que se deben a la legislación europea. No pinta bien.
Regresando al poema de Brecht, me enorgullece pertenecer al género humano que tiene un defecto, “puede pensar, puede pensar”. Confío en que esa capacidad, la de pensar, nos salve de los HAL 9000 o los Terminator, que algunos en estos días trabajan para que campen por sus respetos.
