El pasado 12 de junio se aprobó el Convenio 193 de la OIT, cuyo objetivo es proteger a quienes trabajan a través de plataformas digitales.
Este sector, que crece exponencialmente en todo el mundo, está generando unas condiciones laborales precarias y de enorme explotación en todos los países. Por eso necesita ser reglado y evitar las condiciones de trabajo indignas a las que se ven arrastradas miles de personas que realizan actividades desde el sector bancario al de los cuidados personales, las redes sociales o la moderación de contenidos, etc.
Aunque ya existe una directiva europea sobre el mismo tema, que recoge mayores garantías para las personas trabajadoras de este sector y cuya transposición está prevista para el mes de diciembre de este año en nuestro país, los convenios de la OIT pueden ser ratificados por los 183 países miembros, lo que hace de su aprobación un paso muy importante.
Son muchos los países que no tienen reguladas, ni mucho menos, las garantías y los derechos recogidos en este convenio. De ahí que las organizaciones sindicales vayan a tener un instrumento para movilizar y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de cada uno de esos países.
Las plataformas, que normalmente tienen sus sedes sociales en los países más industrializados, contratan, a través de intermediarios, a trabajadores en cualquiera de los continentes y países donde normalmente no existen normas que limiten los efectos de los algoritmos, con contratos de trabajo por cuenta propia faltos, en muchísimos casos, de los derechos y garantías mínimos del derecho laboral de sus propios países.
El convenio se aplica a las plataformas digitales de trabajo y a sus trabajadores, estén o no en una relación de empleo, incluidos los trabajadores por cuenta propia. Tanto el trabajo en plataformas como el trabajo en línea están englobados en este convenio.
El convenio aborda cuestiones como los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la seguridad y salud, la violencia y el acoso, la promoción del trabajo decente, las remuneraciones o el pago, la seguridad social, el impacto de los sistemas automatizados en los trabajadores, la protección de datos y la privacidad, la suspensión, desactivación y terminación, la protección de los migrantes y refugiados y el acceso a la justicia.
Este trabajo suele organizarse por encima de las fronteras y con intermediarios. Por eso, el mencionado convenio incluye disposiciones que garantizan la efectividad de sus protecciones, lo cual supone la obligación de aplicar el convenio a las plataformas y a los intermediarios que operan en su territorio. Es muy importante la colaboración entre los Estados miembros para garantizar su efectividad. El objetivo fundamental es que los trabajadores de plataformas que son asalariados estén tan protegidos como otras categorías de asalariados.
Se debe aplicar tanto a los trabajadores de plataformas digitales en la economía formal como en la informal. Es más, los Estados miembros determinarán las medidas para su cumplimiento, de acuerdo con su legislación. Uno de los avances más significativos es el reconocimiento de que la gestión algorítmica es una cuestión laboral. Estos trabajadores tienen tantos derechos como todos los demás, poniendo así fin a la ficción de que este trabajo existe al margen de los derechos laborales.
Como todos los convenios de la OIT, será jurídicamente vinculante para los Estados miembros que lo ratifiquen. Una vez ratificado, deberá transformarse en leyes, reglamentos o cualquier otra medida acorde con el sistema jurídico de cada país.
Seguramente, este Convenio marca el comienzo de un nuevo marco de relaciones laborales para el siglo XXI, donde la empresa ya no es únicamente un espacio físico en el que el jefe está muy perfilado, las personas trabajan bajo una estructura jerárquica y los empleados tienen una relación bilateral entre ellos o en grupo.
En este convenio se reconoce que hay organizaciones que coordinan miles de personas distribuidas en diferentes países, donde los profesionales pueden trabajar en diferentes proyectos simultáneamente, en equipos virtuales que nunca coinciden físicamente. Plataformas capaces de conectar oferta y demanda de trabajo en segundos.
Probablemente, es el primer paso para organizar y ordenar una nueva forma de trabajar.
