El presidente Sánchez está demostrando una enorme cautela con el tema de Ceuta, sobre todo en relación con Marruecos. Cautela que puede creerse que es signo de debilidad, falta de contundencia del Gobierno, incluso dejadez de soberanía. De ahí se desprenden acusaciones graves desde la derecha y ultraderecha: traición, con el objetivo de trasladar a la Sala Segunda del Tribunal Supremo la causa contra el presidente, tal y como ha explicado el periodista Enric Juliana. Este planteamiento de las derechas persigue un objetivo esencial: retirar a Sánchez de las próximas elecciones generales. Desactivar, en definitiva, la posibilidad de rehacer otro gobierno progresista.

En este contexto, el profesor Àlex López, de la Universitat Ramon Llull, ha escrito un extenso artículo que es, tal vez, uno de los más completos que se han publicado sobre lo que está aconteciendo en Ceuta. Entre las citas que nutren el trabajo de López destacan la de Nicolas Maquiavelo (la virtud del Príncipe es tomar decisiones pragmáticas, cuestionables, pero indispensables para el Estado) y la de Hans Morgenthau, abogado y político estadounidense, figura clave en la política internacional (el gobernante debe ser prudente, y esta actitud es la máxima virtud en política internacional). A pesar de costes electorales.

Sostiene López que, si el Gobierno de España respondiera con hostilidad verbal, sanciones diplomáticas o denuncias públicas internacionales, la respuesta de Rabat sería suspender unilateralmente la vigilancia en Castillejos, Nador o las costas saharianas. Lo ha hecho en otras ocasiones; no es una elucubración. Y ha generado un aumento descontrolado de entradas a nado o en patera. Esto, ahora, saturaría en cuestión de días las infraestructuras logísticas y de seguridad españolas. Un concepto aparece entonces: la estrategia de la “Zona Gris” (acuñado durante la Guerra Fría): un Estado busca ventajas sustanciales utilizando medios no militares como los ciberataques, la desinformación, la presión económica y los flujos migratorios forzados. Porque el objetivo principal del agresor en esa “zona gris” —prosigue López— es forzar la división interna del adversario y empujar a una sobrerreacción. Esto, además, alimentado por otros elementos: semanas antes de la crisis, analistas de centros de pensamiento neoconservadores de Estados Unidos (como el Middle East Forum, Middle East Forum) publicaron artículos sugiriendo que Estados Unidos debería reconocer la soberanía de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.

Otro factor: la economía. España es el primer socio comercial de Marruecos en la Unión Europea. El volumen total de la actividad económica entre ambas naciones asciende a unos 23.000 M€. Más de 1.100 empresas españolas están físicamente asentadas y operando en territorio marroquí, abarcando sectores estratégicos como las energías renovables, la automoción, el turismo y la agroindustria; y unas 17.600 organizaciones españolas exportan de manera recurrente hacia el mercado norteafricano. Cautela: geopolítica y economía deben tenerse en la cabeza. Marruecos va a estar ahí, gobierne quien gobierne. Más sentido de Estado en la oposición.