El deterioro de la democracia en el mundo se está acelerando como consecuencia del retroceso de las libertades, el incremento de la desigualdad, y el cuestionamiento de muchos de los consensos políticos alcanzados a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. La democracia tiene reglas escritas y no escritas que hay que respetar para que pueda mantenerse y avanzar en sus objetivos de libertad e igualdad

No todo vale para llegar al poder, y menos plantear como objetivo principal la caza personal del adversario político, considerándolo como un enemigo que obstaculiza tu derecho natural a estar en el poder, que esos “okupas” te han arrebatado. Se les olvida, en esta estrategia suicida para la convivencia, que en democracia son los ciudadanos con su voto los que deciden, y luego sus representantes elegidos en las urnas votan quien gobierna.

La insatisfacción que está provocando en la población la estrategia de crispación que las derechas llevan desarrollando desde el año 2018 aumenta cada día más. Cuando la cacería personal parece que ha llegado al máximo, sobrepasan otra línea roja de bulos y ataques personales con el fin de destruir a la persona y a sus entornos familiares.

El nuevo curso político que acaba de comenzar, desgraciadamente, nos va a traer una sobredosis de crispación y ataques personales aún más brutales contra Pedro Sánchez y su familia, y contra toda aquella persona del gobierno y familiares que el PP considere que les viene bien, por muy descabellado que parezca.

Esta estrategia del PP no es nueva y ya la realizaron contra Felipe González y Zapatero. Lo terrible es que tienen interiorizado que es el camino para volver a gobernar, y que en esta ocasión no hay límite que valga para conseguir el objetivo, como ya hizo Feijóo, que cuando estaba en la oposición en Galicia inició una campaña de acoso y derribo contra Touriño, el presidente socialista de la Xunta, y su vicepresidente Quintana del BNG, que finalmente le llevó al poder.

Por tanto, estamos ante una persona que tiene interiorizada esta estrategia en primera persona, y sobre todo el resultado final de la misma.

En ella, en esta ocasión, otra de las personas que está sufriendo esa campaña de acoso permanente es el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos.

El último ejemplo, se puede ver en el título de la comparecencia que el PP pidió en el Congreso esta semana, en la Comisión Constitucional, para que el presidente del CIS informara “sobre el manifiesto sesgo partidista de las encuestas realizadas bajo su gestión y su impacto en el radical desprestigio alcanzado por el organismo”. Toda una declaración de intenciones y de urbanidad.

Merece la pena ver la comparecencia en youtube, o leer el diario de la comisión, para seguir la intervención de Tezanos, pero, sobre todo, para observar cómo todavía en el PP no han asumido que no gobiernan tras las elecciones generales del año pasado, y que este hecho no es culpa de las encuestas del CIS, que son las de mayor calidad que se hacen en España y donde los datos reflejan única y exclusivamente lo que dicen los encuestados.

Hay que repetirlo una vez más, y denunciar lo que está pasando. El acoso a las personas, pero también la publicación de gran cantidad de encuestas con escaso rigor científico que son un elemento importante de las campañas que realizan algunas elites políticas, económicas y mediáticas, con el objetivo de influir en la opinión pública, especialmente en los procesos electorales, creando una falsa certeza sobre lo que sucederá. Y claro, en esta estrategia les sobra el CIS, porque desenmascara su estrategia.

Las encuestas desempeñan una función clave en toda democracia si son realizadas con criterios científicos. Pero en la última década se están utilizando como arma electoral para incidir en la opinión pública y en los procesos electorales.

Su manipulación es una grave anomalía democrática, que atenta contra el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz, y supone un abuso de poder que va más allá de la posterior coincidencia o no entre las estimaciones y los resultados.

Altera la relación entre representantes y representados por parte de unas elites económicas, mediáticas y políticas que pretenden imponer su agenda a la sociedad. Más aún, en sociedades donde la fragmentación política puede hacer que pequeñas variaciones de voto cambie la gobernabilidad. Por ello, hay que tomar medidas legislativas y en el ámbito de las ciencias sociales.

En este punto, cabe preguntarse si tienen tanta importancia las encuestas. Para responder a esta pregunta vamos a analizar los datos de la encuesta postelectoral de las elecciones europeas realizada por el CIS para ver cuanto conocen las encuestas los ciudadanos:

  • Los ciudadanos mayoritariamente conocen los resultados de algunas encuestas. Concretamente, el 66,5 por ciento de los españoles tuvo conocimiento de los resultados de alguna de las encuestas o sondeos preelectorales que se hicieron sobre las elecciones europeas del 9 de junio. Un 33 por ciento no. Y un 0,5 por ciento no contestas.
  • Mayor conocimiento de los resultados de las encuestas por parte de los hombres, 69,7 por ciento, que, de las mujeres, 63,5 por ciento.
  • Las personas de 45 a 74 años son las que más han conocido los resultados de alguna encuesta. En sentido contrario, las personas más jóvenes son las que menos. Entre 18 y 24 años, un 40,3 por ciento no han tenido conocimiento de los resultados de alguna encuesta, y entre 25 y 34 años, un 42,9 por ciento, tampoco, el dato más alto.

  • Las personas sin estudios y con estudios de primaria presentan un porcentaje superior de desconocimiento de las encuestas. Y en el caso de los que declaran no tener estudios el porcentaje de desconocimiento de las encuestas, 48,2 por ciento, es superior al de conocimiento de los datos de alguna, 44,6 por ciento. Las personas con estudios superiores son las que afirman tener más conocimiento de las encuestas. Concretamente, un 78 por ciento.

  • Los votantes de Sumar y PP son los que tienen más conocimiento de las encuestas. Pero al mismo tiempo estos votantes no las tuvieron muy en cuenta a la hora de votar en las elecciones europeas. Concretamente, los votantes de Sumar afirman que las tuvieron poco o nada en consideración un 84,5 por ciento, y los de el PP poco o nada en consideración un 85,4 por ciento.

Se puede decir que el conocimiento de las encuestas es amplio entre los ciudadanos, pero también que, a pesar de conocerse, fundamentalmente suelen reafirmar la decisión de voto de las personas que ya tenían decidido votar a un partido. Aunque ese tema le trataremos en otro artículo más adelante.

Para finalizar, hay que insistir en que hay que acabar con el ruido, la crispación y la descalificación. Pero, sobre todo, con las cacerías personales, porque se sabe cómo empiezan, pero no como terminan. Y al mismo tiempo, tener altura de miras y dar paso a pactos de Estado en materias claves de la política nacional entre las distintas fuerzas políticas que es lo que demandan los españoles para mejorar sus vidas. ¿Estará el PP dispuesto a ello? Lo dudo, pero hay que insistir en que lo haga por el bien de esta España que dice defender.