Con el reciente apagón en España y Portugal se ha vuelto a poner de moda la leyenda urbana que afirma que, tras el apagón de trece horas del 9 de noviembre de 1965 en la Costa Oeste de Estados Unidos, principalmente Nueva York, se produjo el aumento de natalidad más grande de la historia de la Gran Manzana nueve meses después. Para a continuación, y con cierta sorna, plantearse si eso ocurrirá en España y Portugal dentro de nueve meses.

Ante semejante incertidumbre, hay que señalar que no se producirá un incremento de la natalidad provocada por el apagón. No porque los españoles y portugueses tuvieran baja la libido o prefirieran irse de cañas, sino porque tanto en Nueva York como en el resto de los apagones que se han producido en el mundo no consta un aumento significativo de nacimientos nueve meses después. Como demostró el profesor Morgan de la Universidad de Duke.

Despejada esta incertidumbre, los españoles queremos saber que pasó y que medidas se van a tomar para que no vuelva a ocurrir. Queremos saber quiénes son los responsables porque los hechos fueron muy graves. Más aún, cuando España, en un contexto global marcado por la transición energética global, las crisis climáticas y la volatilidad de los mercados de energía, ha logrado crear y consolidar uno de los sistemas eléctricos más estables, eficaces, limpios, seguros y técnicamente avanzados del mundo.

Así lo afirma el Índice de Transición Energética (ETI) del World Economic Forum que sitúa a España dentro del Top 15 mundial, destacando su modelo de descarbonización sin pérdida de fiabilidad, así como su marco regulador sólido.

Y también se puede ver en la fiabilidad del sistema que recoge el Índice SAIDI (System Average Interruption Duration Index) donde España se sitúa por debajo de los 40 minutos de interrupción media por cliente al año, uno de los más bajos del mundo. Con la media de la OCDE en unos 90 minutos, los Estados Unidos superando los 120 minutos, y otras economías emergentes llegando a 400 minutos o más.

Claro que el apagón nos afectó, pero la sociedad española no vivió el apocalipsis que pretenden dibujar la derecha y la extrema derecha. Hubo un apagón que nadie esperábamos y los ciudadanos de este país dieron una lección de civismo frente a lo ocurrido en casos similares en otros países. Tan es así que el 88,2 por ciento de la población valoran muy bien o bien el comportamiento de sus vecinos y de las personas con las que coincidió durante el apagón, según la encuesta flash realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)

Hubo un apagón y a los ciudadanos de este país en su mayoría no les provocó miedo, porque confían en su país más que algunos carroñeros que pretenden gobernar España. Concretamente, un 78 por ciento afirman que no pasaron miedo, mientras que un 21,5 por ciento reconoce que sí lo tuvo. Las mujeres, con un 29,1 por ciento sintieron más miedo que los hombres, un 13,5 por ciento. Y por edades, los que más miedo pasaron, fueron los grupos de edad entre 25 y 34 años (31,6%), y los de 18 a 24 años (25,3%)

Hubo un apagón y la radio nos unió, mientras otros intentaban difundir bulos a cualquier precio para dañar al gobierno. Cuando hay emergencias hay que estar más unidos que nunca, y los responsables públicos deben dar ejemplo. El gobierno lo hizo estando al mando.

De nuevo, la oposición de la derecha y la extrema derecha falló, porque era el momento de estar con los españoles, y en lugar de eso, prefirieron convertirse en corsarios de lo nuclear, y lo que es peor intentaron dar la imagen de un país fracasado cuando es todo lo contrario, y por eso nos sorprendió que se fuera la luz.

De nuevo primó la estrategia de crispación y polarización también en muchos grupos mediáticos que vieron en el apagón una nueva oportunidad de desgastar al gobierno y ganar dinero, en lugar de cumplir su papel constitucional de trasladar a la ciudadanía una información veraz.

Algo tan escandaloso y evidente que un 88,7 por ciento de los ciudadanos afirma que los medios de comunicación favorecen unas opciones políticas y/o intereses económicos más que otros. Algo tan escandaloso y evidente que sólo un 16,7 por ciento de los españoles cree que los medios no se hacen eco de bulos ni mentiras, mientras un 80,7 por ciento opina que sí, según los datos de la encuesta de calidad de la democracia III del CIS.

Algo, trasladar a la ciudadanía una información veraz, que, si cumplió, entre otras, Radio Nacional de España que fue la más escuchada de nuestro país en esos momentos.

Hubo un apagón, como se han producido en otros países. Pero aquí partimos de contar con uno de los mejores sistemas del mundo, lo que significa que se recuperó pronto la luz, y que se conocerán las causas, los responsables y las medidas a adoptar.

Hubo un apagón, y los españoles creen que hay que modernizar más la red eléctrica, un 44,2 por ciento. Creen que hay que invertir más en infraestructuras críticas como redes, electricidad o movilidad, un 41,7 por ciento. Y consideran que hay que aumentar el número de generadores instalados en entidades y servicios públicos, un 32,6 por ciento. Desgraciadamente no sabemos lo que creen desde la oposición al gobierno.

Por último, en el actual contexto geoestratégico, marcado por la transición energética, el aumento de las desigualdades globales y la concentración de la riqueza en manos de unos pocos con capacidad para intentar controlar las democracias es el momento oportuno para que España impulse la creación de una empresa energética pública o recupere el control mayoritario de alguna de las que fueron privatizadas.

¿Por qué? Porque es una medida estratégica para recuperar soberanía, garantizar el acceso universal y reforzar la seguridad nacional en un sector clave. La energía no es solo un bien económico: es una infraestructura crítica cuya gestión debe responder al interés general, especialmente ante crisis geopolíticas, climáticas o de precios.

Una empresa pública con capacidad industrial, financiera y territorial permitiría al Estado recuperar facultad de orientación estratégica, intervenir con rapidez en momentos críticos, y liderar nuevos sectores como el autoconsumo colectivo o el hidrógeno verde.

Si Francia, Noruega o Alemania pueden hacerlo, nosotros también y mejor.