Claves de la resiliencia

Los agoreros persisten en sus diagnósticos negativos hacia la evolución de la economía española. Todo parece ir hacia el desastre, según los voceros de las derechas y algunos ¿economistas? empecinados en sus pronósticos catastróficos, sin datos robustos que los avalen o, lo peor, tergiversando las variables conocidas. Pero vayamos a las magnitudes que conocemos, que están siendo comentadas –y avaladas– por organismos internacionales.

En los últimos años –desde 2020, para fijar un punto de arranque–, los indicadores de la economía española se han consolidado positivamente, hecho que contrasta con algunos augurios muy pesimistas que se hicieron en su momento y, sobre todo, con lo que se observa en las otras economías europeas. El consenso de los observadores económicos determinaba crecimientos limitados, ante la incertidumbre que se abría paso tras la pandemia. Sin embargo, los datos sobre consumo privado, consumo público y exportaciones turísticas, junto al repunte de las exportaciones de servicios no turísticos, han inferido una situación de mayor robustez de la esperada en ese contexto incierto. Veamos algunas claves que ayudan a entender la resiliencia económica de España en el momento presente y de cara al futuro inmediato:

a/ Relajación de la política monetaria, hecho que ha de suponer un mayor empuje del conjunto de la economía de la eurozona y, por ende, de las demandas externas. Esto viene avalado por los tipos de interés en previsión de recortes en el medio plazo (en tal sentido, cabe ser cautelosos, dados los escenarios convulsos e inciertos que se han comentado al principio de este texto, que podrían variar las perspectivas de bajadas de los tipos).

b/ Una inflación en proceso de moderación. Los datos de contexto conocen una trayectoria de inflación en la eurozona de una cota máxima en octubre de 2022, de 10,6 %, a otra del 2,9 % en diciembre de 2023, con caídas igualmente en la inflación subyacente (que llega al 3,4 % en el cierre de 2023). En España, la inflación se estabilizó imbuida por la caída de los precios energéticos e, igualmente, de los alimentos. A su vez, han sido decisivas las medidas aprobadas por el gobierno (tope ibérico, ayudas a la imposición indirecta), como dique de contención a la espiral de inflación que se empezó a dibujar a raíz de la guerra de Ucrania. Las previsiones auguran –caeteris paribus– una estación de llegada del orden del 2 % en 2026.

c/ El impacto de la política fiscal inherente a los proyectos Next Generation (NGEU), que deben incidir en el avance de la demanda interna. Desde la pandemia, la importancia de la intervención del sector público ha sido capital. Los estímulos fiscales han resultado claves para evitar un colapso mayor. Esto lo están pregonando las instituciones económicas más influyentes, como el FMI, el BM y la OCDE. En Europa, los Fondos NGEU, financiados por primera vez con la mutualización de la deuda, son ejemplo de cómo contemplar la inversión pública como estrategia, planteándose respuestas a retos concretos, como el cambio climático, la transición energética y la diversificación económica. Efectivamente, los 140 mil millones de euros asignados a España como parte de esos fondos, van a significar, repartidos en 5 años entre ayudas y créditos, un 2,2 % de su PIB en promedio anual.

e/ Las exportaciones de servicios no turísticos, y una vinculación a la estructura del mercado laboral: sectores cuaternario y quinario de la economía.

f/ Mejor adaptación a los shocks energéticos. En España se ha asistido a una desaceleración de los precios energéticos en 2023, de tal manera que los diferenciales con la Unión Europea han sido remarcables. Un ejemplo: los precios de gas y electricidad eran, a fines de 2023, inferiores a los conocidos en 2021; en paralelo, los correspondientes a la Unión Europea se situaban entre un 40 % y un 50 % por encima. Sendos factores explican esta situación: la menor dependencia de los materiales energéticos rusos por parte de la economía española; y el incremento de la producción de electricidad mediante energías renovables (entorno al 50 %, frente al 42 % de 2022).

g/ Un mercado laboral dinámico. Los datos de la EPA señalan estos indicadores, para el ejercicio 2023: más de 21 millones de ocupados, 2,8 millones de parados, una tasa de actividad del 58,83 % y una de paro del 11,80 %.

Perspectivas

Enunciamos algunos elementos a destacar:

  • Dinamizar la inversión: persistir en los “activos intangibles” (tecnología, conocimiento), que no es una invención teórica, sino que viene avalada por números; pero no solo en esos intangibles: por ejemplo, es perentorio no descuidar un espacio inversor crucial como la construcción de viviendas sociales, un proceso en el que se deberían involucrar todas las administraciones en colaboración con el sector privado;
  • Seguir invirtiendo en TIC (que va en aumento desde el 2000);
  • Analizar la productividad, que probablemente presenta dualismos (sectores con productividad alta, frente a otros con productividades débiles);
  • Apostar hacia la transición energética, la digitalización y los servicios sociales.

Los problemas: encajar esto con esas reglas fiscales que van a requerir mayor control del gasto público, a la vez que desde la Comisión Europea se reclaman esfuerzos en asignar más recursos a las partidas que (entre otras que podrían citarse) hemos anotado antes. Aquí se abren posibilidades de actuaciones en política tributaria: homologar nuestra fiscalidad a la media comunitaria, ya que estamos a 38 mil millones de euros de menores ingresos fiscales.