La conspiraciĂłn es un plato que se cocina a fuego lento. Y, contrariamente a lo que parece una creencia aceptada, no siempre de forma oculta o clandestina. Por el contrario, cuanta mĂĄs transparencia (aparente), mĂĄs eficaz resulta.

En el proceso de destituciĂłn de la Presidenta Rousseff se viven muchos procesos paralelos: polĂ­ticos, judiciales y mediĂĄticos. Todos mezclados. Sin pudor. Ya nadie puede decir con seriedad que se estĂĄn respetando los roles institucionales. Importa mĂĄs el ruido que el rigor, las apariencias que la verdad, las imputaciones que los hechos.

Lo que empezĂł como una supuesta responsabilidad de la Jefa del Estado en el amparo o la indiferencia ante mecanismos de corrupciĂłn en su partido, el Partido de los Trabajadores, ha derivado en un movimiento de rechazo a su gestiĂłn econĂłmica. No es difĂ­cil entender la razĂłn de este giro.

LA SARTÉN Y EL CAZO

Todo el mundo admite, incluyendo sus crĂ­ticos mĂĄs acervos, que Rousseff pertenece a esa rara especie de polĂ­ticos brasileĂąos que no se ha beneficiado personalmente, de forma ilĂ­cita, en el desempeĂąo de su cargo. Y, sin embargo, el proceso por corrupciĂłn lo inicia un aliado formal de Roussef, Eduardo Cunha, presidente del Congreso de los Diputados, despuĂŠs de iniciarse una investigaciĂłn contra ĂŠl por lavado de dinero y cobros ilegales de comisiones. A continuaciĂłn, lo avalan, amplifican, y pueden determinar su resultado numerosos polĂ­ticos con otros cargos por corrupciĂłn sĂłlidos y, en algunos casos, contrastados. Y, finalmente, puede terminar favoreciendo al vicepresidente de la RepĂşblica, tambiĂŠn incurso en delitos de desviaciĂłn de fondos pĂşblicos para su beneficio personal. Resulta muy ilustrativo echar un vistazo al historial del probable sustituto de Dilma en la jefatura del Estado. Michel Temer es un polĂ­tico taimado y taciturno, que representa una cultura polĂ­tica brasileĂąa detestable, pero en absoluto caducada, desgraciadamente. La sartĂŠn, acusando al cazo de tiznar.

CAMBIO DE ESTRATEGIA SOBRE LA MARCHA

Al flojear el argumento de la corrupciĂłn como causa sĂłlida de destituciĂłn, los enemigos polĂ­ticos de Roussef, convenientemente manejados por intereses superiores en recursos y poder, vieron otro factor potencial de destrucciĂłn de la presidenta brasileĂąa: la gestiĂłn econĂłmica. La ventaja de este otro enfoque era evidente. La situaciĂłn social se deteriorĂł, el apoyo popular al PT se erosionĂł y los medios adversos, casi todos, alimentaron la frustraciĂłn social y ambiental para generar y polarizar en Rousseff una dinĂĄmica de rechazo.

La coyuntura que favoreciĂł el crecimiento y las mejoras sociales durante el mandato de Lula cambiĂł por efecto derivado de la gran crisis financiera y econĂłmica mundial y, mĂĄs recientemente, por el frenazo del crecimiento chino. Al derrumbarse la demanda internacional de materias primas agrĂ­colas, minerales y fĂłsiles en que se habĂ­a sustentado el auge econĂłmico nacional, se puso en evidencia la fragilidad del modelo brasileĂąo, como ha ocurrido en otros paĂ­ses emergentes, y en particular en AmĂŠrica Latina.

Rousseff intentĂł primero mantener el rumbo a la izquierda y, cuando se vio superada por el impacto de la crisis, maniobrĂł hacia posiciones mĂĄs prĂłximas al enfoque neoliberal, con la misma falta de resultados positivos. Finalmente, hizo lo que muchos dirigentes superados por las circunstancias: achicĂł agua como pudo. En su caso, reteniendo transferencias a bancos pĂşblicos para tapar temporalmente los agujeros de las cuentas del Estado. Esta prĂĄctica no era nueva, ni siquiera ilegal. Cuando, con posterioridad, se modificĂł la normativa, el gobierno dejĂł de utilizar este recurso de maquillaje financiero.

Por tanto, por discutibles que hayan sido algunas de sus decisiones, la sanciĂłn que merece, ella y/o su partido, deberĂ­an dirimirse en las prĂłximas elecciones y no fabricando un escĂĄndalo polĂ­tico con aires casi circenses.

Como recuerda la profesora de economía de la Universidad de Sao Paulo, Laura Carvalho, la constitución brasileùa reserva el proceso de destitución del Presidente/a para casos en que Êste/a haya incurrido en responsabilidad criminal. En un sistema presidencialista como el brasileùo, un cambio de mayoría en el Parlamento no puede constituir un atajo para derrotar a un rival político.

LA SOLEDAD DE DILMA

De forma que, en este proceso, se ha terminado por obliterar la causa que lo generĂł, al descubrirse que existĂ­an otros motivos mĂĄs convenientes para alcanzar el fin deseado de antemano, es decir, la destrucciĂłn polĂ­tica de Rousseff, el debilitamiento del PT y, al cabo, la neutralizaciĂłn de la izquierda brasileĂąa con capacidad y fuerza para gobernar.

Dicho esto, Rousseff ha cometido errores de bulto en su defensa. Nombrar a su mentor, el ex-presidente Lula, como jefe de gabinete, para blindarle de una investigaciĂłn judicial basada en una dudosa acusaciĂłn de enriquecimiento ilĂ­cito fue un paso en falso. SĂłlo puede comprenderse desde la soledad polĂ­tica, el debilitamiento institucional y el envilecimiento de la vida pĂşblica nacional.

Rousseff, Lula y el PT estĂĄn pagando ahora un error capital: “acostarse”/aliarse con el adversario mĂĄs abyecto para permanecer como opciĂłn de poder, frente a la fragmentaciĂłn del panorama polĂ­tico brasileĂąo. El Partido por el Movimiento de la Democracia BrasileĂąa (PMDB), aliado parlamentario y gubernamental del PT, no era recomendable porque fuera conservador o de derechas, sino porque su carĂĄcter declaradamente oportunista. Las rivalidades personalistas y casi pueriles en el centro-izquierda brasileĂąo determinaron una coaliciĂłn contra-natura que terminĂł sembrando las semillas de la desgracia.

A Rousseff no se la va a destituir porque sea corrupta. Ni siquiera porque haya sido ineficaz en el intento de capear el desastre econĂłmico. Se la va a destruir porque es dĂŠbil, porque es vulnerable, porque carece de apoyos sĂłlidos para resistir el linchamiento.

En definitiva, un proceso que se iniciĂł para combatir la corrupciĂłn va a reforzar a los corruptos. La mayor corrupciĂłn que hay en Brasil, como en otros paĂ­ses de AmĂŠrica Latina, es la trama organizada de intereses econĂłmicos, financieros y mediĂĄticos con blindaje legal, complicidad jurĂ­dica e impotencia social. Todo apunta a que ese complejo permanecerĂĄ inmune.