Uno de los principales rasgos –y disfuncionalidades– del actual sistema de partidos políticos español es el fracaso recurrente del centrismo político. Algo llamativo en un país en el que las posiciones más centristas tienen bastante respaldo en la opinión pública, hasta el punto que en torno a un tercio de la población mayor de 18 años se ubica en los dos espacios más netos de centro (el 5 y el 6) en una escala decimal de autoubicación política.
CENTRISMO Y TARDOFRANQUISMO EN LA ERA TRUMP
