El 16 de enero de 2025, desde el Despacho Oval, el cuarenta y seis presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, se dirigió por última vez a los estadounidenses.
De ese discurso, quiero destacar dos cuestiones que dependiendo de cómo se resuelvan significara el fin del modelo de sistema democrático que se ha conocido desde la II Guerra Mundial y la instauración de oligarquías por todo el planeta, o un nuevo avance democrático que haga más cercano el sueño de libertad, igualdad, paz y justicia para todos los seres humanos.
La primera cuestión está relacionada con la amenaza real de dar paso de facto a una oligarquía. La segunda, el intento y la presión para ejercer un poder absoluto que es incompatible con la democracia.
En su obra La Republica Platón señala que “la avaricia y la ambición desmedida dan lugar a la oligarquía.” Esta forma de gobierno surge cuando los ciudadanos priorizan la acumulación de dinero, riquezas y bienes materiales dejando de lado la justicia y el bien común (la virtud y la sabiduría).
Esto, genera un sistema político donde solo los más ricos tienen acceso al poder y mandan, porque como escribe Platón: “El hombre oligarca honra la riqueza sobre todas las cosas.” Lo que significa que las decisiones políticas son tomadas en función de los intereses de este grupo reducido de ricos, que excluye a la mayoría de la población (“En una oligarquía, los pobres no tienen parte alguna en el gobierno, sino que solo los ricos mandan.”)
Platón califica la oligarquía como un sistema político injusto al buscar el beneficio de una minoría adinerada y provocar una desigualdad extrema que fragmenta la sociedad (“Es una ciudad dividida en dos: una de los pobres y otra de los ricos, que viven en el mismo lugar, pero están en guerra entre sí.”), mina la estabilidad (“La pobreza hace a los hombres más inclinados a la delincuencia, mientras que la riqueza excesiva los lleva a la ociosidad.”), quebranta la cohesión social (“El deseo de acumular más riquezas lleva a la degradación de la ciudad.”) y da lugar a un gobierno ineficaz e injusto (“Cuando el gobernante es elegido por su riqueza y no por su capacidad, se produce la ruina del Estado.”)
Pues bien, de esto es de lo que ha hablado Joe Biden en su discurso. Pero no como algo retórico, sino como el peligro real que acecha a Estados Unidos, y añado yo a todo el mundo. Por ese motivo, en un tono solemne ha señalado: “Quiero advertir al país sobre algunas cosas que me preocupan mucho”.
Con la intención de que los estadounidenses se pongan en guardia, defiendan la continuidad de la democracia y no se dejen intimidad, porque considera que:
- “hoy, una oligarquía cobra forma en Estados Unidos con una riqueza, poder e influencia extremas que literalmente amenazan nuestra democracia entera, nuestros derechos y libertades básicos”. Añadiendo que se trata de la “peligrosa concentración de poder en manos de muy pocas personas ultrarricas.”
- “La idea de Estados Unidos no la ideó una sola persona.”
- “La prensa libre se desmorona”, y junto a la inteligencia artificial hace que la ciudadanía sea más vulnerable.
- “Los estadounidenses están siendo sepultados bajo una avalancha de desinformación”, lo que permite “el abuso de poder”.
- “Necesitamos enmendar la Constitución para dejar claro que ningún presidente (…) es inmune a los delitos que comete mientras está en el cargo. El poder del presidente no es ilimitado. No es absoluto. No debería ser así”.
Este es el momento político en el que nos encontramos todos. Y por este motivo, tenemos que hacer realidad las últimas palabras del discurso de Biden:
“Ahora les toca a ustedes montar guardia. Que todos ustedes sean guardianes de la llama”
