Todas las personas que fueron detenidas por la Armada israelĂ­ por navegar en la flotilla que pretendĂ­a llegar a Gaza coinciden en el maltrato de los policĂ­as y militares israelĂ­es, maltrato tanto mĂĄs grave cuanto en realidad habĂ­an sido secuestrados por Israel en aguas internacionales. Es cierto que, como explicĂł Ada Colau a La Vanguardia, en comparaciĂłn con el genocidio que sufre Gaza, por muy duro que fuera el trato israelĂ­, no hay comparaciĂłn con lo que sufren los gazatĂ­es. Pero no deja de llamar la atenciĂłn que al Estado de Israel no le importe maltratar y hasta torturar a ciudadanos de paĂ­ses con los que Israel sostiene relaciones diplomĂĄticas y que al llegar a sus paĂ­ses narrarĂĄn el trato degradante que han sufrido de las autoridades de Tel Aviv.

Lo primero que hay que preguntarse es el motivo de este tipo de actuaciones. El periodista de El PaĂ­s, Carlos de BarrĂłn, ha hecho un resumen del trato humillante a unas personas que, ademĂĄs de haber sido secuestradas en sus barcos, no han actuado con violencia. ÂżPor quĂŠ esa respuesta de las autoridades israelĂ­s? Son muchos aĂąos de violencia con los palestinos y gazatĂ­es y, al acostumbrarse a prĂĄcticas degradantes contra cualquier ciudadano de Cisjordania y de Gaza, con nulo respeto a la vida humana y a los restantes derechos de cualquier persona, las fuerzas represivas se acostumbran a la violencia sin lĂ­mites: no se tiene enfrente a un ser humano, sino a un paria que carece de derechos.

Un segundo motivo que puede influir en el trato degradante a los ocupantes de la flotilla lo cuenta el citado periodista de El PaĂ­s, Carlos de BarrĂłn. En la crĂłnica publicada en ese diario el 7 de octubre explica que los militares que les apresaron en los barcos y les condujeron a tierra les dieron un trato correcto. El maltrato se iniciĂł al desembarcar, en el puerto de Asdod, donde estaba presente el Ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ultraortodoxo. No es un dato baladĂ­ porque los ultraortodoxos y Netanyahu estĂĄn aplicando una polĂ­tica de destrucciĂłn de todo lo palestino que no tiene lĂ­mites. Todos los dĂ­as nos recuerdan el terrorismo de Hamas, pero se habla menos del terrorismo de los ultraortordoxos que se apoyan en Netanyahu. Mientras este sector no se sienta seĂąalado y castigado por la opiniĂłn pĂşblica internacional y mientras no se le ponga a la altura de Hamas, su violencia competirĂĄ con la del terrorismo musulmĂĄn en una espiral diabĂłlica.

Un tercer motivo que explica el maltrato a los ocupantes de la flotilla es de carĂĄcter internacional, por el apoyo real de Trump y el ejemplo de Estados Unidos. A diferencia de la flotilla que se dirigĂ­a a Gaza, cuando el Gobierno de Estados Unidos deporta a ciudadanos extranjeros o cuando hunde barcos venezolanos, no hay testigos o periodistas que puedan informar sobre el trato aplicado a los deportados, pero es posible que las personas enviadas a El Salvador o a MĂŠjico hayan sido tratadas de forma muy similar por las autoridades de Estados Unidos. Se van asentando prĂĄcticas represivas que degradan a los seres humanos y que acaban considerĂĄndose usuales sin el menor escrĂşpulo. Lo mismo ocurriĂł en la Alemania hitleriana o en la UniĂłn SoviĂŠtica de Stalin.

Un cuarto motivo que explica el maltrato a los ocupantes de la flotilla es el desprecio del Derecho y, mĂĄs concretamente, del Derecho Internacional. La idea de Estado de Derecho, la exigencia de limitar el poder pĂşblico, la exigencia de respetar la personalidad de cada ser humano, estĂĄn otra vez en retroceso en algunos paĂ­ses, empezando por Estados Unidos e Israel. Si un Estado secuestra barcos en aguas internacionales no ha de extraĂąar que a continuaciĂłn maltrate a los propios secuestrados.

Un quinto motivo que explica el comportamiento de las autoridades israelĂ­es es la hasta ahora benevolencia internacional. Han sido muchos aĂąos en los que la UniĂłn Europea, la ONU, los demĂłcratas estadounidenses han cerrado los ojos ante la persecuciĂłn a los palestinos. La Ăşltima sesiĂłn de la Asamblea General de Naciones Unidas ha sido una excepciĂłn y, esperemos, un cambio de actitud, pero hasta hace muy poco se ha jugado deliberadamente a equiparar la crĂ­tica a la represiĂłn israelĂ­ con antisemitismo. Los extremistas israelĂ­es, los ultraortordoxos, se han visto apoyados por la opiniĂłn pĂşblica internacional (salvo la de los paĂ­ses ĂĄrabes) y ahora se paga porque reprimen sin lĂ­mites, como ya han hecho en Gaza.

Cabe esperar que los maltratos a los miembros de la flotilla, que se han difundido en muchos periĂłdicos europeos, se hayan conocido tambiĂŠn en Israel, y que ese conocimiento refuerce a la minoritaria opiniĂłn pĂşblica israelĂ­ que defiende la paz y el entendimiento con los palestinos. Pero, desgraciadamente, no se pueden tener muchas esperanzas porque igual que la moneda mala desplaza a la buena, los extremismos en ambas partes desplazan a los moderados.