El politólogo Pablo Simón comentó que la buena marcha económica de un país no era causa suficiente para la satisfacción ciudadana. Y parece que no le falta razón. Sobre todo, cuando se provoca intencionadamente un ruido sucio y ensordecedor, hasta insultante y vejatorio, como el que provoca el “deshonorable” diputado de Vox José María Figaredo, quien debería ser reprobado por una cámara parlamentaria democrática a la que él embrutece con su lenguaje y su presencia.
Todo no es libertad de expresión ni todo puede ser admitido y “blanqueado”. Este señor, que insulta y denigra, que escupe odio y fuego por la boca y por los ojos, pretende algún día ser ministro. Y de bárbaros está llena la historia de la humanidad, con resultados crueles y dictatoriales. Así que espero que las urnas eviten este retroceso en la humanización y la convivencia.
Dentro de la confluencia de problemas, desgracias, conflictos, necesidad de mejoras y un sinfín de asuntos que necesitan mejor respuesta por parte del gobierno y del conjunto de los grupos políticos, hay dos buenas noticias.
La primera es el dato histórico de la caída del desempleo en España en 2025 por debajo del 10%. Por primera vez desde el 2008, fruto de la crisis económico, la llegada de la guerra de Ucrania, el covid y los conflictos internacionales. Es cierto que la media europea está en el 6% y que nuestro paro juvenil es el mayor de los problemas. Pero venimos de cifras de parados del 26% de la población en 2013, por lo que hay que ser optimistas ante el camino recorrido. El mercado laboral ha registrado el máximo de ocupación con más de 22 millones de trabajadores. Lo que indica, pese a los agoreros y catastrofistas, una buena gestión del gobierno tanto en materia económica como laboral.
La segunda buena noticia es la regularización extraordinaria de medio millón de migrantes. Una medida respaldada por patronal, sindicatos e Iglesia Católica. Sin embargo, el PP y Vox la rechazaron, haciendo de un tema tan humanamente doloroso una nueva cerilla incendiaria. De Vox ya lo esperamos todo, pero el PP de Feijóo no deja de sorprendernos con su continuo ir y venir, asemejándose más al dúo Ayuso/Abascal.
Es la séptima regularización extraordinaria de inmigrantes aprobada en democracia. Felipe González promovió tres; José María Aznar, dos, y José Luis Rodríguez Zapatero, una. Las personas afectadas deben llevar más de cinco meses viviendo en España y no tener antecedentes penales. Es la primera del gobierno de Pedro Sánchez.
Pero como todo vale, desde la mentira a la manipulación más obscena, el PP de Feijóo (siempre matizo porque espero que dentro de ese gran partido haya otras personas cuyo sentido de la decencia y la nobleza sean mayores) se propone llevar a Europa la regularización para pararla. Eso que él votó a favor de su tramitación, incluso cuando empezó su andadura como líder de la oposición se manifestó a favor de realizarlas, al igual que lo había hecho antes Aznar en dos ocasiones.
En fin, ruido, ruido, ruido para que la superficie se ensucie y no podamos escuchar la verdad que reside en el fondo.
Ahora que está de moda hablar de la Doctrina Monroe en EEUU, recordemos algunas cosas. Esta Doctrina fue una política exterior de EEUU proclamada por su presidente James Monroe en 1823, declarando que cualquier intervención europea sería vista como un acto hostil bajo el lema “America para los americanos”. Una política defensiva inicialmente, que luego evolucionó en una herramienta de hegemonía que justificó las ansias imperialistas de EEUU, especialmente en América Latina, a lo largo del tiempo.
Jürgen Habermas habló de esta Doctrina en un artículo de su libro “El occidente escindido” publicado en 2006 en España. Y recordaba que Carl Schmitt (filósofo, miembro del Partido nazi y gran admirador de Hitler) escogió la Doctrina Monroe como caso modélico de una construcción del derecho internacional que dividía territorialmente al mundo “en grandes espacios”. Una doctrina que se convirtió en modelo de política exterior del nazismo.
Hoy nos encontramos la doctrina Donroe por el gran ego del actual presidente de EEUU, pero con las mismas ansias imperialistas, o más.
Mientras el mundo está preocupado con las “travesuras” de Trump, este señor ha utilizado la presidencia para ganar al menos 1.400 millones de dólares. Parece ser que Trump nunca había ganado tanto dinero como en este último año.
Él, seguramente sus familiares (el famoso yerno incluido) y las élites que bailan a su alrededor. Porque, según Oxfam, mientras casi la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza, la riqueza de los milmillonarios no ha dejado de crecer: lo ha hecho un 81% desde 2020.
Repito: hay quienes hacen mucho ruido para ensordecernos y que la verdad no esté en el primer lugar narrativo.
