Es una constante en la ultraderecha internacional. Trump, Netanyahu y Bolsonaro han cuestionado sin pruebas la limpieza de los sistemas electorales de sus democracias, ante la previsión de perder las elecciones y después de perder las elecciones.

La derecha española está copiando esta estrategia general del trumpismo. Feijóo, Abascal y Ayuso, entre otros, han hecho declaraciones poniendo en duda la integridad de nuestro sistema electoral, sin prueba alguna que las sustente.

La estrategia de cuestionar las elecciones se lleva a cabo fundamentalmente con mentiras, sobre la manipulación de los censos, sobre el voto por correo o sobre el conteo de los sufragios. A veces se toma la parte por el todo, generalizando incidentes o errores que entran dentro de la normalidad. Y siempre se acusa a la izquierda de los pucherazos inventados.

¿Cuál es el propósito de esta estrategia? En primer lugar, evidentemente, negar los resultados cuando han sido o se esperan negativos. Mienten y engañan para justificar sus derrotas o la previsión de sus derrotas.

Se trata también de deslegitimar el sistema democrático en su conjunto. La ultraderecha persigue destruir las instituciones que aseguran el funcionamiento de unos poderes públicos al servicio del interés general, puesto que sus intereses son otros, privados y espurios.

Cuestionar los procedimientos y los resultados de las elecciones contribuye a justificar, además, las iniciativas de desestabilización, la alteración del orden constitucional y los golpes de Estado. Ocurrió con el asalto al Capitolio en los Estados Unidos, con el alzamiento militar frustrado en Brasil, y veremos en qué acaban los movimientos de Netanyahu para mantener el poder en Israel.

Los argumentos de la derecha española para cuestionar nuestro sistema electoral no pueden ser más injustificados y absurdos. Ayuso ha llamado a no votar por correo y Azcón ha hecho viajar a su familia para que vote presencialmente. Ninguno de los dos ha aportado evidencia alguna para sustentar estas declaraciones gratuitas e irresponsables de desconfianza en el voto por correo.

PP y Vox también han denunciado públicamente el falso intento del Gobierno de España para adulterar el censo de votantes CERA (censo de españoles residentes ausentes), mediante la aplicación de las leyes de memoria que reconocen nacionalidad a los descendientes de los exiliados del franquismo.

En realidad, muchos de estos descendientes de quienes hubieron de huir de su país por la persecución de la ultraderecha franquista y la amenaza para sus vidas, ya votaron en las elecciones autonómicas, municipales y generales del año 2023 y algunos lo han hecho también en las elecciones autonómicas de los años 2025 y 2026, sin que nadie hubiera puesto objeción antes, y sin que nadie hubiera denunciado irregularidad alguna después.

En realidad también, el número de los españoles cuya nacionalización cuestionan injustificadamente PP y VOX son apenas algo más de 160.000. Teniendo en cuenta que en ese colectivo podrían estar incluidas personas ya fallecidas, menores de edad y ya retornados a España, es posible que estén hablando realmente de menos de 100.000 personas.

Si la participación electoral del CERA está últimamente por debajo del 10%, el supuesto problema afectaría como mucho a 10.000 personas repartidas por 52 circunscripciones, es decir, a menos de 200 votos por circunscripción.

Cuestionar la limpieza de las elecciones a partir de estos parámetros es, además de irresponsable y mendaz, completamente absurdo.

La potencia de extensión de los bulos sobre la limpieza electoral es extraordinaria, dada la complicidad de los dueños de las redes que las expanden.

Es grave que la ultraderecha internacional y nacional se dedique a minar la confianza de la ciudadanía en el sistema electoral, mediante falsedades, de manera interesada, con procedimientos tramposos. En realidad, se presentan como nostálgicos de la etapa de 40 años en nuestra historia reciente en la que no se votaba.

Pero más preocupante aún resulta que la derecha tradicional, que ha gobernado España, que ha estado al frente de ese mismo sistema electoral en muchas ocasiones, participe en una estrategia tal de minado del sistema democrático.

Pretender ganar unas elecciones intentando que los ciudadanos no voten resulta contradictorio. Y si lo que pretenden es acceder al poder acabando con las elecciones, resulta aún mucho peor.

Lo bueno de esto es que los españoles toman nota, y el 29 de noviembre actuarán en consecuencia.