Este verano he tenido oportunidad de leer un estudio reciente y bien trabajado por los profesores Cordero, RamĂ­rez-DueĂąas y SĂĄnchez sobre la evoluciĂłn ideolĂłgica de la juventud espaĂąola, que puede leerse en el nĂşmero 67 de la Revista EspaĂąola de Ciencia PolĂ­tica. Sus conclusiones son inquietantes. Los valores, actitudes y comportamientos de la ultraderecha ganan adeptos de forma exponencial entre los integrantes de las generaciones Z (nacidos entre 1997 y 2012) e Y (nacidos entre 1981 y 1996), sobre todo entre los hombres.

Se trata de un cambio drĂĄstico y dramĂĄtico en la manera de entender la convivencia. Los valores democrĂĄticos aconsejan enfrentar los problemas con racionalidad, entendiendo su naturaleza, comprendiendo las posiciones ajenas y buscando soluciones juntos. La ultraderecha persigue acentuar el miedo irracional, buscar enemigos y odiarlos. Apelan a los instintos, a la pura emocionalidad, y es mĂĄs fĂĄcil odiar que entender y entenderse.

Durante el Ăşltimo mes, los ultras han alimentado el miedo y el odio contra los niĂąos negros que huyen de la guerra y la miseria para buscar un futuro mejor, arriesgando sus vidas en el camino. Han odiado a quienes les prestan ayuda en barcos de auxilio humanitario, reclamando su hundimiento. Han seĂąalado a periodistas de valores democrĂĄticos, alentando la violencia verbal y fĂ­sica contra ellos. Han organizado actos contra el feminismo que enfrenta la violencia de gĂŠnero. Han promovido el insulto personal al Presidente del Gobierno en estadios y conciertos.

Los ultras no han descansado este verano.

Las estimaciones de voto a la extrema derecha se estĂĄn acercando al PP y el partido de FeijĂło se estĂĄ equivocando de estrategia. Compartir los valores y actitudes de la ultraderecha legitima su discurso y alimenta sus expectativas de voto. Asentir ante el discurso ultra no suma electores al PP sino a los ultras. Cuando lo entiendan puede que sea demasiado tarde.

El odio ultra es un problema electoral para el PP, pero es un cĂĄncer para la convivencia en democracia. Hay que pararlos antes de que destruyan lo que tanto sacrificio costĂł construir.