En los artículos anteriores hemos valorado la insuficiente evolución europea y mundial respecto al logro de los objetivos de la Agenda 2030, así como el papel relativo y también insuficiente de la evolución de España en esos marcos respectivos –europeo y mundial- destacando en el último artículo el grado de avance en los ODS más ligados a la dimensión ambiental: ODS 7 (energía); ODS 12 (Consumo y producción sostenible), ODS 2 (Ausencia de hambruna, seguridad alimentaria y agricultura sostenible), ODS 13 (Acción climática), ODS 15 (Ecosistemas terrestres) y ODS 14 (Pesca sostenible y ecosistemas marítimos). La conclusión alcanzada ha sido que, si bien las evaluaciones recogidas señalan un cierto avance en el logro de esos ODS respecto a su situación en 2015, en materia ambiental se está muy lejos de lograr un verdadero avance en la sostenibilidad ambiental del desarrollo ligado a la necesaria “Transformación del mundo” que exige la Agenda 2030.
Más concretamente, en el último Informe publicado de Naciones Unidas[1], el 14 de julio de 2025, se revela que solo el 17% de las metas de los ODS avanzan según lo previsto para el conjunto del Planeta, en casi la mitad de los ODS se avanza con demasiada lentitud, el 17% no avanza y, alarmantemente, el 18 % está en retroceso en 2025 respecto a su situación en 2015.
Por otro lado, en la comparación internacional cabía destacar la evolución positiva continua de España, desde el Informe relativo a 2015 hasta el de 2025, en el Índice global de sostenibilidad del Sustainable Development Report (SDR) 2025[2] así como en el ranking derivado en el que, para 2025, se sitúa en la posición decimocuarta respecto a 167 países evaluados.
Para la UE mostrábamos cómo distintos objetivos políticos llevaban a diferenciar Indicadores para medir el logro de esos objetivos políticos. Y como, para la UE, existen Objetivos que difieren o complementan los ODS definidos por la ONU. Como consecuencia, apreciábamos fuertes diferencias en los valores resultantes para el logro de los ODS de cada país (y, particularmente para España) derivados del uso de Indicadores diferenciados en el Sustainable Development Report (SDR) 2025[3], respecto al Europe Sustainable Development Report (ESDR) 2025[4], o al de EUROSTAT (2025)[5].
Centrados en este último Informe de EUROSTAT (2025), por su relevancia comparativa de España en el marco de la UE, señalábamos que el progreso hacia cada ODS se registra mediante seis indicadores principales seleccionados por “su relevancia política desde la perspectiva de la UE (dando preferencia a los que forman parte de un cuadro de indicadores de alto nivel de las políticas de la UE, como el Cuadro de Indicadores Sociales del Plan de Acción del Pilar Europeo de Derechos Sociales, o el Marco de Seguimiento del 8.º Programa de Acción en Materia de Medio Ambiente)”[6]. Y, de la valoración relativa comparable, la situación de España ya vimos que no era muy positiva (sólo tres ODS por encima de la media de la UE y progresando; seis en el entorno de la media, con cuatro progresando y dos en retroceso; y ocho por debajo de la media, con tres de ellos empeorando). Situación que, en síntesis, se resume en el Cuadro siguiente:
Como síntesis de los análisis efectuados en los dos artículos anteriores de esta Sección, publicados en el mes de julio de 2025, adicionalmente a los esfuerzos necesarios en los objetivos ambientales antes comentados, en el marco europeo queda claro que también son necesarios fuertes esfuerzos en los ODS en los que España se sitúa por debajo de la media de la UE, ligados, en orden de alejamiento de la media de la UE, a:
- ODS 6 (Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos);
- ODS 10 (Reducir la desigualdad en los países y entre ellos);
- ODS 8 (Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos);
- ODS 1 (Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo);
- ODS 9 (Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación);
- ODS 16 (Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y construir a todos los niveles instituciones eficaces e inclusivas que rindan cuentas);
- ODS 11 (Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles) y
- ODS 3 (Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades)
No obstante, como apreciamos en el Cuadro anterior, exceptuando los ambientales considerados en el artículo anterior, la mayor distancia a la media de la UE (por encima del 20%) se registra en los ODS 6[7], 10, 8 y 1, si bien los que empeoran relativamente en su avance serían los ODS 16, 3 y 11.
En este marco es en el que hay que situar el análisis del avance de la sostenibilidad del desarrollo en España, siendo pertinente reiterar que, fundamentalmente, la valoración de la situación resultante depende de los Objetivos que se definan, de los Indicadores que se utilicen y de la fiabilidad y año a que se refieran los correspondientes valores.
En todo caso, se constataba que, en España, el avance en los ODS se realiza, principalmente, entre los años 2018 y 2025, con las actuaciones del Gobierno socialista de coalición. Y ello pese a los fuertes procesos regresivos generados sobre muchos de los Indicadores tanto por la pandemia de 2020 como por las medidas de la UE asociadas a la guerra de Ucrania iniciada en 2022.
Por último, señalaremos que, complementariamente al análisis de los ODS ambientales realizado en el artículo anterior y a la consideración de la evolución comparada del Índice de Desarrollo Humano, que realizamos en este artículo, en el próximo artículo vamos a valorar hasta qué punto las políticas puestas en marcha desde 2018 y, fundamentalmente, tras el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Español, han incidido en la evolución seguida en los principales ODS socioeconómicos. Para ello valoraremos, entre otros, los indicadores correspondientes que elabora el INE[8] anualmente, considerando, en particular, sus datos actualizados a agosto de 2025 para los indicadores y sub-indicadores definidos por el mismo. Indicadores que, como ya señalábamos en los artículos anteriores, al igual que sucede con los utilizados por otras fuentes (NNUU[9], SDNS[10], o EUROSTAT[11]) varían en número y definición, y se refieren a fechas y fuentes heterogéneas.
Evolución de España en los Informes de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.
La Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, aprobada en Río el 14 de junio de 1992, marcó un hito en el avance de la asunción del concepto de desarrollo sostenible[12], cuyo origen se sitúa en el conocido como Informe Brundtland (ONU 1987)[13].
En esta Cumbre Mundial se aprobó también una nueva agenda sostenible (el Programa/Agenda 21[14]), en virtud de la cual los gobiernos se comprometían a trabajar para lograr un desarrollo sostenible, dando paso a la elaboración de distintas Agendas 21 locales, regionales y estatales, y a distintas Estrategias de Desarrollo Sostenible, con objetivos centrados en afrontar, tanto un crecimiento ambientalmente más sostenible que permitiera evitar los crecientes problemas ambientales, como la necesidad de combatir las desigualdades, la pobreza, el hambre, la precariedad en la salud, o el analfabetismo. La Agenda 21 no solamente trataba de mejorar la protección medio ambiental, sino también mejorar el bienestar social y económico, defendiendo una visión integral de procesos claramente interrelacionados.
Como medio para realizar el seguimiento del bienestar de la población Naciones Unidas pone en marcha los Informes de Desarrollo Humano, con la publicación anual del Índice de Desarrollo Humano (IDH) por parte del PNUD[15] cuya evolución en el tiempo trata de reflejar la mejora de los niveles medios globales de desarrollo humano y de cada país medidos, inicialmente, a través de tres indicadores fundamentales: renta per cápita, esperanza de vida y nivel de enseñanza.
Demostrada su insuficiencia para reflejar la dinámica real de los problemas del desarrollo, el IDH se iría complementando con indicadores de desigualdad, diferencia de género e impacto ambiental con cálculos, fuentes y metodología homogeneizadas[16], que tratan de corregir las escasas aportaciones del IDH al PIB per cápita, dada alta correlación existente entre ambos. Lo que demostraba que no incorporaba las problemáticas, imprescindibles de considerar para medir el desarrollo, asociadas a las desigualdades sociales o a los impactos ambientales del crecimiento.
En este marco, cabe señalar que el último Informe de Desarrollo Humano, de 2025[17], no solo considera la evolución típica de los Indicadores señalados y recogidos en los anteriores Informes anuales, sino que amplía su análisis a la consideración de la incidencia de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) que, superpuesta a las anteriores y previstas transformaciones digitales (ordenadores cuánticos), van a tener indudables repercusiones en las diferencias para el desarrollo humano y sus efectos sobre el Planeta. En ese sentido, destacan la importancia de dilucidar quién produce la IA y para qué; y, sobre todo, quién recoge sus beneficios y a quién afecta negativamente en el Planeta, atendiendo a que alrededor de dos tercios de las personas encuestadas en los países con un Índice de Desarrollo Humano (IDH) bajo, medio, y alto esperan utilizar inteligencia artificial en la educación, la salud y el trabajo durante el próximo año.
Desde la perspectiva de la evolución de los IDH hasta 2024, el nuevo Informe destaca que la persistencia de violentos conflictos y amenazas a la seguridad humana, así como la inseguridad socioeconómica registrada desde 2008, han dado lugar a retrocesos en la dinámica de crecimiento de los valores del IDH mundial, que se han acelerado en el período 2020-2021. Además, las tendencias del período 2021-2024 apuntan a un retraso de décadas en la dinámica de recuperación del IDH, con una dramática ralentización en el avance del IDH que afecta a todas las regiones en desarrollo del mundo. Pese a lo cual, previsiblemente en 2024 se alcanzará el IDH más alto de todos los Informes, si bien muy lejos del que se hubiera alcanzado de seguir la tendencia de 1990 a 2020, tal y como se aprecia en la Figura siguiente.
En paralelo, las brechas entre países con IDH muy altos y países con IDH bajos, que llevaban décadas reduciéndose, han vuelto a aumentar en los últimos cuatro años, pasando del orden de 0,45 puntos en sus valores medios característicos de 1995, a 0,39 puntos en 2020, e incrementándose desde entonces hasta la previsión de 0,4 puntos para 2024.
En lo que se refiere a la evolución comparada de España respecto al Mundo y a los países de IDH más elevados, el Cuadro siguiente sintetiza la situación, mostrando que España se sitúa en la posición vigesimoctava del conjunto del mundo, manteniendo esta posición tanto en 2023 como en 2022, siendo los Emiratos Árabes, Bélgica, Islandia, Malta, Alemania, Australia, Hong Kong, Singapur, EEUU y Francia los que, por este orden más mejoran sus posiciones relativas de 2022 a 2023.
Como apreciamos en el Cuadro, en España incide de forma destacada en su posición en el Índice de Desarrollo Humano su alta Esperanza de Vida, lo que hace que gane nueve posiciones con respecto a la que le correspondería por su nivel de renta per cápita. Y ello, en una dinámica en que su IDH ha crecido de forma continua desde 1990 hasta 2023, ralentizándose su crecimiento en las crisis globales de 2003, 2007 a 2009 y 2017, y registrando descensos acusados en los años 2020, por la crisis del COVID, y en 2022, por la invasión de Ucrania y las medidas impuestas por la UE, con sus graves correspondientes efectos, tal y como apreciamos en la Figura siguiente. De hecho, España, entre 2006 y 2019, había empeorado sensiblemente su posición en el ranking total del IDH, pasando desde la posición decimoquinta a la vigesimoquinta de 2019. Y pasa de la posición vigesimoquinta, de 2019, a la vigesimoctava de 2022:
Por otro lado, cuando se consideran los impactos ambientales asociados al crecimiento económico, la alta correlación entre PIB per cápita e IDH se reduce. En concreto, Naciones Unidas empieza a definir el IDHP (Índice de Desarrollo Humano ajustado a las presiones sobre el Planeta) denominado PHDI en el Informe de 2025, adaptando el IDH para tener en cuenta las presiones ambientales planetarias (emisiones y huella ecológica per cápita) asociadas a la consecución de los correspondientes niveles de desarrollo[18].
En los países desarrollados con un nivel de huella ecológica y emisiones per cápita menor que muchos países con mejor IDH, como España, la consideración de este Índice le lleva a ganar posiciones relativas en la ordenación global de países, mejorando 24 posiciones respecto a la correspondiente al IDH en las clasificaciones del PHDI, calculada sólo para los países para los que se dispone de datos homogéneos para calcular el valor del PHDI para 2023. El resultado conjunto para los países más significativos se recoge en el Cuadro siguiente, donde se destaca, en verde, los países que mejoran su posición por menor presión planetaria, y aquellos otros, en gris, que la empeoran. Cuadro en el que, entodo caso, resalta la muy notable mejora en la posición relativa de España tras la consideración de los Indicadores de Presión correspondientes.
De una manera clara esta mejora de la situación de España en los aspectos ambientales considerados en el PHDI, vuelve a resaltar la importancia de los Objetivos e Indicadores que se utilicen para medirlos para poder valorar los resultados obtenidos; que, en este caso, son muy positivos para España frente a la valoración menos positiva lograda a partir de la consideración del avance en la consecución de los ODS ambientales.
Por último, desde una perspectiva menos positiva hay que considerar la evolución de España cuando se consideran los cambios en el Índice de Desarrollo Humano atendiendo a los niveles de desigualdad social[19]. Como síntesis, pese a que considerando el Índice de Gini ganaría dos posiciones en el ranking, teniendo en cuenta la desigualdad media en los tres factores que considera Naciones Unidas para valorar la desigualdad (diferencias en la esperanza de vida, diferencias en educación y diferencias en niveles de renta) el resultado global es que considerando las desigualdades sociales, España baja a la 34ª posición en el ranking global respectivo, señalando uno de los problemas más significativos de la dinámica de desarrollo en España, que procederemos a considerar con detalle en el artículo siguiente de esta Sección.
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[1] United Nations (2025). The Sustainable Development Goals Report 2025 https://unstats.un.org/sdgs/report/2025/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2025.pdf
[2] Jeffrey D. Sachs, Guillaume Lafortune, Grayson Fuller and Guilherme Iablonovski (2025). Financing Sustainable Development to 2030 and Mid-Century. Sustainable Development Report 2025. https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2025/sustainable-development-report-2025.pdf
[3] Jeffrey D. Sachs, Guillaume Lafortune, Grayson Fuller and Guilherme Iablonovski (2025). Financing Sustainable Development to 2030 and Mid-Century. Sustainable Development Report 2025. https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2025/sustainable-development-report-2025.pdf
[4] https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2025/europe-sustainable-development-report-2025.pdf
[5] EUROSTAT (2025). Sustainable development in the European Union Monitoring report on progress towards the SDGs in an EU context 2025 edition. https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-flagship-publications/w/ks-01-24-018
[6] En total se consideran 102 indicadores, de los que 33 inciden en más de un ODS. De ellos, cerca de dos terceras partes son semejantes a los indicadores actuales de los ODS de la ONU, pero difieren en un tercio de los mismos, refiriéndose, adicionalmente, a datos que recogen valores para los indicadores correspondientes a los años de 2024 o, fundamentalmente, 2023 o años anteriores comparables.
[7] Como señalamos, el ODS 6 relativo al agua no se consideró entre los ambientales porque la problemática asociada al agua, tanto en lo que se refiere al fuerte estrés hídrico (relación entre la demanda y la oferta sostenible), a la sequía, las inundaciones y la contaminación/saneamiento, han sido objeto detallado de análisis en artículos anteriores de esta Sección. Por otra parte, la valoración negativa en los aspectos ambientales de los Informes mundiales, excluye el ODS 6, relativo a conseguir la disponibilidad de unas aguas de calidad y un saneamiento satisfactorio para todos los ciudadanos, para el que la valoración internacional se considera relativamente satisfactoria en términos comparativos.
[8] https://www.ine.es/dyngs/ODS/es/index.htm
[9] https://unstats.un.org/sdgs
[10] SDNS (2024) Sustinable Development Report 2024. https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2024/sustainable-development-report-2024.pdf
[11] Europe Sustinable Development Report 2023/24 https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2024/europe-sustainable-development-report-2023-24.pdf
[12] https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/riodeclaration.htm
[13] https://www.ecominga.uqam.ca/PDF/BIBLIOGRAPHIE/GUIDE_LECTURE_1/CMMAD-Informe-Comision-Brundtland-sobre-Medio-Ambiente-Desarrollo.pdf
[14] https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/agenda21sptoc.htm
[15] PNUD. The 2020 Human Development Report. http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr2020_es.pdf
[16] Las definiciones aplicadas son: Índice de Desarrollo Humano (IDH): Índice compuesto que mide el logro promedio en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: una vida larga y saludable, conocimientos y un nivel de vida digno. Esperanza de vida al nacer: Número de años que un recién nacido podría esperar vivir si las tasas de mortalidad específicas por edad prevalecientes al nacer se mantienen constantes a lo largo de su vida. Años esperados de escolarización: Número de años de escolarización que un niño en edad de ingreso a la escuela puede esperar recibir si las tasas de matriculación específicas por edad prevalecientes persisten a lo largo de su vida. Promedio de años de escolarización: Número promedio de años de educación recibidos por las personas de 25 años o más, convertidos a partir de los niveles de logro educativo utilizando las duraciones oficiales de cada nivel. Ingreso nacional bruto (INB) per cápita: Ingreso agregado de una economía generado por su producción y la propiedad de factores de producción, menos los ingresos pagados por el uso de factores de producción propiedad del resto del mundo, convertidos a dólares internacionales utilizando las tasas de PPA, dividido por la población a mitad de año. La metodología concreta puede verse en https://hdr.undp.org/sites/default/files/2025_HDR/hdr2025_technical_notes.pdf
[17] UNDP. Human Development. Report 2025. https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2025reporten.pdf
[18] El factor de ajuste se calcula como la media aritmética de los índices que miden las emisiones de dióxido de carbono per cápita y la huella ecológica per cápita. Con ello se tiene en cuenta que los países con mayor nivel de desarrollo humano tienden a ejercer una presión mayor -y a mayor escala- sobre el planeta, lo que lleva a menores IDHP para los mismos.
[19] La metodología de cálculo del HDI ajustado por los niveles de desigualdad (IHDI) considerando los mismos en las tres dimensiones básicas de cálculo del HDI puede apreciarse en https://hdr.undp.org/sites/default/files/2025_HDR/hdr2025_technical_notes.pdf. A algunos aspectos de esta metodología nos referiremos de forma comparativa en el próximo artículo sobre los avances de España en los ODS socioeconómicos y de bienestar..






