Según el informe del primer trimestre, presentado en el pasado mes de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) considera que el sistema económico internacional en el que la mayoría de los países han operado en los últimos 80 años, está cambiando, se está reseteando. Las normas existentes se están poniendo en tela de juicio, no han surgido nuevas y prima el desconcierto. Es la oleada de anuncios de aranceles por el presidente de EE. UU, con la caída de unos y la subida de otros, lo que está haciendo que estos países lleguen a tener impuestos a la importación por encima de la etapa de la gran crisis en 1929.
El resultado de todo ello es una incertidumbre epistémica y una imprevisibilidad en torno a las políticas, que son los principales factores que condicionan las perspectivas económicas. Según el FMI, los pronósticos de crecimiento mundial han sufrido notables revisiones a la baja en comparación con las previsiones lanzadas en enero de este año. Por otro lado, en esta situación se ve muy difícil mantener el ritmo de disminución de la inflación.
Como consecuencia de esta situación, las proyecciones de crecimiento mundial se reducen del 3,3% en 2024 al 2’8% en 2025. Se rebaja en EE. UU del 2’8% al 1’8%, en la zona euro del 0’9% al o’8% y en España del 3’2% en 2024 al 2’5% en 2025.Somos el país con más crecimiento de las economías avanzadas, pero también decrecemos.
Pues bien, si una institución como esta deja claro el efecto de las agresivas políticas arancelarias de Trump, si afecta a toda la economía mundial y de paso al crecimiento de nuestro país, con empresas y sectores muy “tocados”, me resulta incomprensible, increíble, que el PP haya rechazado las medidas del Gobierno de España para paliar estos efectos en nuestras empresas y en nuestros trabajadores. Es indecente que el partido de la oposición se enroque para hacer política de ganchillo. La obsesión con Vox, aliado de las políticas de Trump, y su miedo a Ayuso les hacen estar en un bucle permanente de desatinos.
Es más, El FMI considera que los aranceles y la incertidumbre en materia de política comercial de la administración norteamericana, podrían tener efectos más contenidos para nuestro país por la limitada exposición comercial directa e indirecta de España con ese país. Pero, aún contado, está claro que algunos productos del sector primario y el sector de la automoción se verán afectados
Claro que también avisa de que una mayor escalada de la guerra comercial es un riesgo difícil de predecir. La fragmentación de la UE o las posibles preocupaciones en los mercados sobre los riesgos de las deudas soberanas siempre son imposibles de predecir.
En la presentación del mencionado informe, Kristalina Georgieva directora general, plantea entre otras muchas cuestiones, que los efectos de la guerra comercial se dejaran notar por varias vías. La primera, es la incertidumbre, que tiene un coste imprevisible y la segunda, que los productos que entran en la cadena de suministro pueden conllevar incrementos, además, el aumento de las barreras arancelarias afecta al crecimiento inmediatamente, por no hablar de la erosión a la productividad que conllevará a medio plazo.
Aunque las rebajas netas de crecimiento no conllevaran una recesión, ella sí deja claro, que mientras los gigantes económicos se enfrenten (China, UE y EE. UU) los países más pequeños se ven atrapados en las corrientes cruzadas y las dificultades para prevenir sus sectores más afectados.
Es por todo eso, que el Plan de Respuesta y de Relanzamiento Comercial elaborado con gran agilidad por parte del Gobierno para amortiguar el impacto de la crisis con medidas, que se sabe, han tenido efectos positivos en otras crisis es muy positivo. No apoyarlas, sabiendo que protegen a empresarios, autónomos y trabajadores, por un partidismo cortoplacista y por un tacticismo respecto de la extrema derecha es incomprensible en esta coyuntura.
