El lenguaje es una herramienta poderosa. Es el instrumento del pensamiento. Se puede usar para alimentar la arquitectura de la convivencia, la cohesión social, el respeto, la igualdad y la inclusión, que ayudan a levantar sociedades plenas de derechos y cada vez más democráticas. Con esta herramienta positiva de comunicación y respeto, que sirve para nombrar y decir con verdad, para expresar sentires de forma amplia y diversa, llegan las sociedades avanzadas —como la española— a crear una realidad democrática que se ha levantado gracias a un esfuerzo de años de trabajo reivindicativo, cooperativo y solidario, con el objetivo loable de ampliar los derechos para todas las personas. El lenguaje, las palabras, crean conciencia y modifican actitudes; son importantes para construir el edificio de la democracia con estructuras sólidas que permitan un entendimiento basado en el respeto y destierren la estigmatización, la exclusión o el señalamiento.

Por el contrario, se puede optar por convertir el lenguaje en un arma de guerra, usando las palabras a caĂąonazos, creando frases discursivas cargadas de odio que revientan el cuerpo social como las bombas de racimo, destruyendo la realidad y la convivencia democrĂĄtica. Este es el lenguaje de los bĂĄrbaros, de aquellos que aman el totalitarismo y quieren cercenar los derechos que elevan las sociedades a estĂĄndares en los que la evoluciĂłn humana signifique avanzar con las personas dentro, avanzar en comĂşn ensanchando los espacios de la igualdad.

La ola de retorno de líderes que hablan el lenguaje del totalitarismo cuenta con una milicia de voceros mediáticos bien engrasada, que se dedica a la creación de contenidos de perversión política y que está reventando el entendimiento sobre hechos, situaciones y derechos, creando realidades paralelas a base de bulos y mentiras enfocados a confundir a la ciudadanía. Utilizan un tipo de lenguaje político que está diseñado para que las mentiras suenen a verdad y se amparan en una mediocracia donde un medio de comunicación, que debe denunciar el abuso político (que puede tener forma económica, judicial, policial…), forma parte, en realidad, de ese abuso político. Tal como en España está sucediendo con algunos jueces, que realizan abuso de poder para defender determinados intereses.

El PP y Vox hablan el lenguaje de los bĂĄrbaros

Los voceros de PP y Vox hablan en España el lenguaje de los bárbaros. Desde el hallazgo de Ayuso al reducir la “libertad” a tomar cañas y vender el eslogan por infinidad de medios a una sociedad agobiada y vulnerabilizada por los efectos de la pandemia, el ejército de los bárbaros no ha parado de fabricar realidades alternativas para intentar cambiar el rumbo de la opinión pública.

Durante los Ăşltimos meses se les percibe dopados con la adrenalina verborreica del macho dominante. Un esperpento de pelo amarillo y piel naranja que grita agresivas barbaridades desde el otro lado del AtlĂĄntico, cuando tomĂł posesiĂłn de un nuevo mandato hace un aĂąo y medio, que parece un lustro, y que convierte su amenazante griterĂ­o de metralleta en bombas de fuego real.

Trump es el elemento catalizador, que aumenta la velocidad de la reacción de una casta de ultrarricos blancos, decadente, excluyente y fanática, cuyo lenguaje responde a su corrompido pensamiento privativo. Asistimos así a la premisa orwelliana que afirma que “si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también corrompe el pensamiento”.

Así, en España los de Vox, con las “ayudas” y las directrices políticas dictadas por la internacional del odio, lanzaron la perversión político-lingüística del concepto excluyente y antidemocrático de “prioridad nacional”, que, como ya comenté en otro artículo escrito para esta página (titulado “Exclusión, racismo y xenofobia, la prioridad nacional que quieren imponer los bárbaros”), en España tiene tufo a falangismo onesimoredondista.

Y con esta frase pervertida, que significa lisa y llanamente excluir y privar de derechos humanos a personas por su origen (con distinciĂłn de clase, claro, porque a los ricos de otro lugar la derecha patria no los excluye, los venera), este grupĂşsculo oscuro ha metido en vereda a su antigua casa, que ha recordado que tiene el mismo origen y son hijos del mismo padre. Y ahĂ­ tenemos a Ayuso y a FeijĂło lanzados a ver cuĂĄl de los dos supera las andanadas del partido verde vĂłmito con un torpedo mĂĄs fuerte en la lĂ­nea de flotaciĂłn del Estado de derecho y de las conquistas democrĂĄticas.

Ayuso llevó al Parlamento madrileño al paroxismo de votar una ley que garantiza “los derechos del concebido no nacido”, una fórmula con la que pretenden, en realidad, poner en cuestión el derecho al aborto por otras vías. Lo tremendamente escandaloso de esto es que en Madrid hay casi 280.000 menores en situación de pobreza, que ya nacieron y que necesitan recursos reales para vivir con dignidad. Una comunidad con la renta per cápita más alta y, al mismo tiempo, con algunos de los índices de desigualdad y pobreza más elevados. Y no soy jurista, pero con puro sentido común democrático pienso que la Comunidad de Madrid no tiene competencias para legislar sobre derechos fundamentales. Espero que el Tribunal Constitucional actúe y ponga las cosas en su sitio. No se pueden inventar un nuevo derecho que no existe, como es el de la persona no nacida. La legislación española afirma que “la personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”, según el artículo 30 del Código Civil de 1889, cuya redacción se mantuvo en la reforma de dicho código en 2011 en la disposición final tercera.

Abundando en el lenguaje de los bárbaros, el jefe de gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, soltó una granada verbal soez a más no poder, en forma de mensaje en X: “Ley de Ayuso de concebido no nacido. Esto significa que, según termina de fecundar, antes de ducharse, lo que tiene la mujer en su vientre es una persona con derechos. Derechos también para su familia. Esto es la revolución frente a la cultura woke e izquierdista”. En el imaginario de los bárbaros, las mujeres somos vasijas, vientres con patas cuya misión es recibir la “semillita” que deposite el macho de turno. Como digo, van a por los derechos de las mujeres, a por el derecho al aborto por la puerta de atrás. Lo expresan con mensajes de titular, de pura creatividad lingüística que pervierte la legalidad democrática vigente, inventándose asuntos que distraen de la verdadera y dura realidad contrastada, como es que en la Comunidad de Madrid hay un porcentaje exagerado de niños pobres cuyos derechos a una vida digna desprecia la señora Ayuso y todo este ejército ultra.

Lo pasmoso es que el aspirante Núùez Feijóo inmediatamente lo asumió y salió a decir que Êl mås que nadie se compromete con ello.

Y sin dejar pasar ni dos días, el señor Feijóo vuelve a la carga para agredir a toda la clase trabajadora española, en una comparecencia de alto contenido bélico-terminológico que no tiene desperdicio. Cuando escuché lo que dijo sobre que “la incapacidad temporal supone un cáncer que no podemos pagar”, pensé: como lleguen a gobernar los bárbaros, rocían con napalm los derechos de los y las trabajadoras españolas que tanto ha costado conquistar con años de lucha sindical colectiva y los convierten en cenizas. La intencionalidad de confundir bajas laborales por enfermedad con absentismo laboral es perversa y despiadada. Porque cuestiona la dignidad de una clase trabajadora española, que es la que lleva sobre sus hombros el peso del país cada día de su vida, y contradice todos los datos reales, según han expresado los secretarios generales de CCOO y de UGT. Teniendo en cuenta que los y las trabajadores dejan una plusvalía al empresariado patrio que propicia que el 1% más rico concentre el 22% de la riqueza del país, no entiendo cómo se atreve este sujeto a vomitar palabras de desprecio hacia la mayoría social de nuestro país que se deja el pellejo para que los ricos despilfarren a placera su costa. 

Desde esta tribuna le digo a mi clase, la clase trabajadora, que escuche y analice: estos bárbaros vienen a recortar sueldos y prestaciones (tal como hicieron los gobiernos de Rajoy, que no paró de aplicar recortes de todo tipo a la vez que propició una corrupción sistémica animada desde el propio Ministerio de Hacienda con Montoro a la cabeza de un cuerpo gansteril), vienen a desregular, vienen a por nuestros derechos democráticos, a intentar devolvernos a tiempos pretéritos en los que vino “el tío Paco con las rebajas”, fulminando las aspiraciones democráticas y de vidas dignas de las personas de este país.

Conviene estar atentas a la neolengua en la que se manejan estos nuevos bĂĄrbaros y descifrar cada frase, cada contenido podrido que lanzan, para quitarle la espoleta a la bomba involutiva que anuncian y evitar que exploten en nuestra cara derechos democrĂĄticos que tanto ha costado conseguir.

Propongo llenar las urnas de votos de progreso en las elecciones venideras, que es el mejor bĂĄlsamo contra la enfermedad del odio que quieren contagiar a cada hijo e hija del cuerpo social espaĂąol.