Tradicionalmente la edad ha marcado un punto de inflexión en el mercado laboral español. Durante décadas hemos visto como el tramo de los trabajadores con más años tenía una tasa de ocupación muy por encima de la del resto de población en edad de trabajar. Esa situación ha cambiado en los últimos años, a pesar del descenso del paro registrado en España.

En 2025, la tasa de paro de los mayores de 55 años se situó en el 9`8%, un 0`4% más que el tramo de edades comprendidas entre los 25 y 54 años. Esto ocurre cuando históricamente ha sido a la inversa: en 2014 eran 9 puntos menos, en 2020 fueron tres y el escaso porcentaje de diferencia del año 2022, llevó a la situación actual, que la Fundación del BBVA y el Instituto Valenciano de Investigación Económica (IVIE) publicó recientemente.

Según este informe, los trabajadores mayores de 55 años, por primera vez, soportan más desempleo que cualquier otro tramo de edad, salvo los menores de 25 años (el llamado desempleo juvenil). Y, es que, si bien es cierto que este grupo tiene como media empleos de mejor calidad y mayores retribuciones, la clave está en que la búsqueda de nuevas ocupaciones como causa de despido o bajas temporales, es muy complicada, además de tener unas condiciones laborales mucho peores.

Haciendo una comparación salarial en base a la estructura salarial elaborada por el ministerio, el sueldo medio de los mayores de 55 años es más alto (31.000 euros aproximadamente) que el de los trabajadores comprendidos entre los 25 y 54 años (27.000 euros aproximadamente). Ahora bien, cuando estas comparaciones se aplican para estos mayores con escasa antigüedad y empleos precarios, el salario se queda alrededor de los 20.000 euros, muy por debajo del trabajador fijo y con larga permanencia en la empresa.

Además, ser parado con esta edad significa, en la mayoría de los casos, ser parado de larga duración; porque el 58% lleva más de un año sin encontrar trabajo, período muy superior a la de cualquier otra franja de edad, (el 36’1% entre quienes tienen 24 a 54 años y el 17’8% entre los jóvenes de 16 a 24 años). Solo entre aquellos que tienen estudios superiores la tasa de paro cae a la mitad, se mejora la estabilidad, se reduce la precariedad y aumentan los salarios.

La temporalidad de los mayores que han de volver a empezar, es mucho peor que la de los más jóvenes con un 52’6% frente al 44’2% en el caso de las cohortes de edades más tempranas.

Las dificultades para acceder al empleo de este colectivo, en un contexto de envejecimiento de la población como el que experimenta España, donde se ha retrasado la edad de jubilación y planteado medidas para prolongar la vida activa, chocan con la situación que vive este colectivo al que hay que tener en cuenta para dar alternativas en todas las direcciones. Como muestra de la trascendencia que tiene este colectivo en el mercado de trabajo, sirvan estos datos que a día de hoy seguro serán más relevantes: la EPA del último trimestre de 2023 muestra que el 21% de la población activa (5 millones de personas) superan los 55 años, de los cuales 533.000 están en desempleo y el 58% lo hace desde hace más de un año.

“Si vamos hacía un escenario donde los candidatos jóvenes serán cada vez más escasos, las jubilaciones más frecuentes y las dificultades para cubrir vacantes más intensas, es fundamental superar los estereotipos basados en la edad y lograr que las propias empresas inviertan más en formación de los trabajadores senior”, señala el mencionado informe.

Hay que tener en cuenta, que una gran parte de estas cohortes de edades no tuvieron en su juventud las mismas oportunidades educativas que las generaciones posteriores, y, por ello, tienen más dificultades para reinsertarse o reciclarse sin los apoyos necesarios. Por ello, la formación continua a lo largo de la vida laboral y la mejora de las carencias formativas es imprescindible.