El programa polĂ­tico del Gobierno que el candidato a la investidura expone ante el Congreso de los Diputados (artĂ­culo 99.2) posee cierta relevancia jurĂ­dica, pero su alcance polĂ­tico es muy variable. El programa tiene importancia jurĂ­dica en tanto en cuanto es la causa de la relaciĂłn de confianza que se anuda entre el futuro Presidente del Gobierno y el Congreso, aunque posee poca densidad, porque su incumplimiento no conlleva una sanciĂłn directa e inmediata. En sentido polĂ­tico, su importancia estĂĄ en relaciĂłn inversa al nĂşmero de Diputados que van a votar al candidato que solicita la investidura. Cuando el candidato dispone de mayorĂ­a absoluta el programa polĂ­tico pierde relevancia prĂĄctica pero si el candidato tiene poco apoyo parlamentario, el programa de gobierno es el elemento objetivo que le va a permitir convencer a otros grupos parlamentarios para que le otorguen los votos necesarios para ser elegido. En las investiduras de 1993, 1996, 2004 y 2008 el programa de gobierno vino a perfeccionar y exteriorizar los acuerdos polĂ­ticos que los candidatos a Presidente habĂ­an alcanzado con partidos minoritarios.

La elecciĂłn legislativa de 26 de junio, como presumĂ­an todos los analistas, no proporcionĂł una mayorĂ­a suficiente para que un partido gobierne con desahogo. Sigue planeando sobre nuestras cabezas, cada vez con mĂĄs fuerza, el peligro de una tercera elecciĂłn, porque el partido que mĂĄs escaĂąos ha obtenido sigue concitando una gran desconfianza en el principal partido de la oposiciĂłn, el PSOE. La confianza estĂĄ justificada porque no ha habido desde 1977 un Gobierno que haya provocado mĂĄs daĂąos a las clases populares y medias. Pero como el Partido Popular ha tenido resultados mejores que en diciembre de 2015, parece difĂ­cil que otros partidos, como el PSOE o Ciudadanos, puedan exigir la exclusiĂłn de Rajoy para cualquier acuerdo de gobierno o de investidura. Es mĂĄs, Ciudadanos, que podĂ­a pedir que Rajoy no fuera el candidato a cambio de su apoyo, se ha plegado pacĂ­ficamente al antes vetado candidato. No obstante, la situaciĂłn econĂłmica, el Brexit y la complicada situaciĂłn de CataluĂąa nos deberĂ­an alejar de una tercera elecciĂłn, que probablemente contribuirĂ­a a hundir la valoraciĂłn del sistema democrĂĄtico a los ojos de los espaĂąoles. ÂĄCon los aĂąos que costĂł recobrar la democracia!

Tampoco parece posible un Gobierno de izquierda o de centro-izquierda porque Ciudadanos y Podemos no parecen compatibles y porque habrĂ­a que basarse en los votos de Esquerra y de la antigua CiU pero: I) con los enemigos del Estado democrĂĄtico no se pacta y menos aĂşn se pone uno en sus manos; II) con Podemos, como se vio en la pasada y efĂ­mera legislatura, no se puede gobernar a pesar de los cantos de sirena que ahora lanzan a los socialistas.

Por eso, sin ninguna vocaciĂłn arbitrista y como aportaciĂłn a la reflexiĂłn que habrĂĄ de efectuar el PSOE en las prĂłximas semanas, me atrevo a apuntar que el programa de gobierno que Rajoy pueda volver a desplegar ante el Congreso de los Diputados puede ser el instrumento que permita salir del atasco que conduce a unas terceras elecciones. Es entendible que el PSOE se resista a votar a un personaje como Rajoy pero nadie debe desconocer que unas terceras elecciones, con un PSOE descabezado, van a dar mĂĄs escaĂąos (y mĂĄs poder) al Partido Popular. Por eso creo que un buen programa de gobierno podrĂ­a permitir que el PSOE se abstuviera en la votaciĂłn de investidura. Ese programa de gobierno podrĂ­a contener compromisos del futuro Gobierno sobre reforzamiento del Estado social, sobre derechos laborales a los trabajadores, sobre el tipo de ajuste que ha de acordarse con la UniĂłn Europea, sobre una reforma constitucional inmediata que previera incluso la reforma agravada de la ConstituciĂłn al acabar la legislatura, sobran las medidas a negociar con los partidos catalanes (sin referĂŠndum) y sobre criterios para la renovaciĂłn de los Ăłrganos constitucionales y de relevancia constitucional que hayan de producirse a lo largo de la legislatura.

Para garantizar el cumplimiento de ese programa de gobierno el Partido Popular deberĂ­a ofrecer algunas cauciones. Por ejemplo, el compromiso de plantear la cuestiĂłn de confianza al cabo de dos aĂąos de la elecciĂłn. TambiĂŠn podrĂ­a ofrecer el Partido Popular al PSOE la Presidencia del Congreso, dimitiendo una persona tan servil como Ana Pastor, pues lo permite el artĂ­culo 37.1 del Reglamento del Congreso.

Frente a la idea de las cauciones que debe ofrecer Rajoy, segĂşn informaba El Mundo el 3 de octubre (y lo corrobora el editorial de El PaĂ­s del 4 de octubre), el Partido Popular ya no se contenta con la abstenciĂłn: quiere que se le deje gobernar sin limitaciones. Es lĂłgica esta exigencia porque sabe que unas terceras elecciones laminarĂ­an al PSOE y hasta puede poner a subasta las abstenciones que necesita. Por eso el PSOE deberĂ­a poner la pelota en el tejado del Partido Popular y que elija.

Aun asĂ­, el trabajo legislativo del Congreso va a ser muy difĂ­cil para el Gobierno si no median acuerdos con el PSOE. Este partido tiene la llave de la gobernabilidad y sin renunciar a ser el primer partido de la oposiciĂłn, estĂĄ en condiciones de controlar la ejecuciĂłn rigurosa y leal del programa de gobierno. De su capacidad pedagĂłgica ante sus electores y sus militantes dependerĂ­a que el ciudadano percibiera que la polĂ­tica del Gobierno de Rajoy estarĂ­a entreverada de iniciativas socialistas dirigidas a salir de la crisis con el menor daĂąo a las clases medias y trabajadoras.