Esta frase, atribuida a George Bernard Shaw, y que sigue con “y aquellos que no pueden cambiar de opinión no pueden cambiar nada”, nos pone contra el espejo de una sociedad que prima la inmediatez paralizante frente a la reflexión y la acción.

Nos pone contra el espejo de nuestras propias vidas, donde somos bombardeados con información/desinformación, información/desinformación y más información/desinformación. Robándonos el tiempo para la reflexión, el debate y la posible reconsideración de nuestras creencias o posturas, porque prima la inmediatez paralizante frente a la acción y el cambio para el progreso y el bienestar de la humanidad en su conjunto.

Señalo esto, porque vivimos en sociedades donde en muchas ocasiones conocemos los problemas, sabemos cómo se pueden resolver, pero luego priman los intereses de unas élites egoístas, porque la inmensa mayoría de la población, especialmente en las democracias asentadas, ni colectiva ni individualmente participamos activamente para solucionarlos, ya sea con nuestro voto, presionando a nuestros gobiernos o involucrándonos personalmente.

Un ejemplo claro lo tenemos en la cada vez mayor brecha de desigualdad que existe entre los países ricos y pobres. Los distintos informes de Naciones Unidas, ACNUR, Banco Mundial, OMS, IPCC sobre el cambio climático, OIM sobre inmigración, PNUD, Unesco, UNFCCC, y un sin fin de organización más, señalan que las desiguales económicas y sociales entre los países desarrollados y en desarrollo se han acentuado en los últimos años.

Y lo han hecho por factores tan variados como la pandemia de Covid-19; la destrucción del medio ambiente (no me gusta la palabra cambio climático); las guerras, los múltiples conflictos armados y la falta de estabilidad política; y las crisis económicas, la deuda externa y las condiciones comerciales desfavorables. Pero, sobre todo, porque ha primado el egoísmo sobre el trabajo conjunto para aumentar o llevar el bienestar a todos los ciudadanos del planeta.

Siempre hay una excusa para no actuar. Y es el momento de decir basta.

En este sentido, en España no somos diferentes a otros países. Conocemos lo que pasa. Sabemos las soluciones. Pero nos quedamos ahí. Deberíamos preguntarnos ¿Por qué?

En primer lugar, los españoles creen que en la actualidad existen muchas más desigualdades entre los países pobres y los países ricos, que las que existían hace 30 0 35 años. Concretamente, el 54 por ciento de la población opina de esa manera, mientras un 26 por ciento considera que son iguales, y un 13,1 por ciento que son menores, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de septiembre de 2024.

En segundo lugar, existe una preocupación personal por esta cuestión, que se ve reflejada en que el 77,8 por ciento de la población manifiesta que le preocupa mucho o bastante personalmente las desigualdades entre países ricos y pobres. Mientras que a un 19,4 por ciento le preocupa poco o nada.

En tercer lugar, son conscientes que esta brecha de desigualdad entre países tiene consecuencias en la inmigración de millones de personas en el mundo, ya sea por cuestiones económicas, por desplazamientos por el deterioro ambiental y los desastres naturales, o por guerras. Todo ello, a la vez que aumenta el número de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo, que está ya en más de 110 millones. El mayor número jamás conocido en la historia de la humanidad.

Así, el 87,3 por ciento de los españoles creen que las desigualdades existentes entre los países pobres y ricos son una de las causas que explican el aumento de la población inmigrante en países como España. Frente a un 9,5 por ciento que no lo cree.

Y, en cuarto lugar, los ciudadanos mayoritariamente consideran que países como España tendrían que hacer mayores esfuerzos para ayudar a desarrollarse a los países más pobres. Concretamente, un 72,2 por ciento piensa de esa manera, mientras un 21,8 por ciento cree que no.

Con esta realidad, ¿Sería bueno cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible? la respuesta es sí. ¿Sería bueno promover la Paz y la Seguridad Internacional acabando con las guerras? Si. ¿Sería bueno acelerar el cumplimiento de los acuerdos de Paris para dejar de destruir el planeta? Si. ¿Sería bueno establecer vías migratorias seguras y legales? Si. ¿Sería bueno respetar la declaración universal de Derechos Humanos? Si. ¿Sería bueno reducir las desigualdades internas en esos países y también en España? Si.

Como se dice coloquialmente: “pues al tajo”, porque el incremento de las desigualdades entre países ricos y pobres es un desafío global que nos concierne a todos. Al igual que la desigualdad dentro de nuestras fronteras.