En la democracia española la memoria de la dictadura franquista constituye un campo de disputa simbólica donde los distintos actores políticos, no solo los partidos, reconfiguran su significado en función de los conflictos actuales, integrándola en la competencia partidista y en la formación de las identidades políticas.
El franquismo sigue funcionando como un vector ideológico que delimita fronteras morales y culturales entre los bloques políticos. La controversia en torno a la interpretación de lo que supuso la dictadura muestra que el pasado dictatorial ejerce una influencia significativa sobre la cultura política en España.
En el barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del dictador Franco, se incluyó la pregunta seis: “Como Ud. sabe, el próximo mes de noviembre se van a cumplir 50 años de la muerte del General Franco. En general, ¿cree Ud. que los años de dictadura franquista para España y los/as españoles/as fueron muy malos, malos, buenos o muy buenos?”.
En términos globales, el 65,5 por ciento de los españoles creen que los años de la dictadura franquista fueron muy malos o malos para España y los españoles, mientras que un 21,2 por ciento valora ese tiempo como bueno o muy bueno. Un 6,1 por ciento lo califica de regular, y el resto no expresa opinión.
Pero si analizamos la variable de recuerdo de voto, existe una correspondencia casi perfecta entre la identidad partidista y la valoración del franquismo, conformando un panorama de memorias ideológicamente fraccionadas.
En el bloque progresista, la condena del franquismo es prácticamente unánime. Entre los votantes del PSOE, un 60,3 por ciento considera la dictadura “muy mala” y un 26,9 por ciento “mala”. Es decir, un 87,2 de los votantes del PSOE valoran los años de la dictadura franquista como “muy malos” o “malos”.
Las cifras ascienden aún más entre los votantes de SUMAR, donde un 80,8 por ciento los valoran como “muy malos” y un 16,2 por ciento como “malos”, es decir, el 97 por ciento tiene una apreciación negativa.
En el caso de los votantes de las formaciones nacionalistas y de la izquierda independentista, tienen una valoración muy mala/mala el 92,3 por ciento de los votantes de ERC; el 97,4 por ciento de EH Bildu; y el 93,5 por ciento del BNG.
Estas cifras confirman una memoria antifranquista que vincula la dictadura con la represión, la negación de libertades y la ausencia de pluralismo político. En los nacionalismos periféricos, la memoria adquiere además una dimensión territorial y cultural, asociada a la represión de sus identidades.
En la derecha y la extrema derecha, las cosas cambian radicalmente. Entre los votantes del Partido Popular, el porcentaje mayor se encuentra entre los que consideran que los años de la dictadura franquista fueron “buenos”, con un 35,4 por ciento. Solo un 30,9 por ciento, la segunda opción en porcentaje considera los años de dictadura como “malos”.
Es decir, un 41,6 por ciento de los votantes del PP creen que los años de dictadura franquista fueron “buenos” o “muy buenos”, frente a un 37 por ciento que los consideran “muy malos” o “malos”. Esto muestra la coexistencia dentro del electorado del PP de dos visiones de la dictadura. Una justificadora del pasado franquista que es mayoritaria, y otra democrática que se aleja de ese pasado.
En el caso de VOX, la inversión del patrón es total. Solo un 2,1 por ciento de sus votantes considera los años de la dictadura “muy malos”, y un 15,6 por ciento como “malos”, mientras que un 42 por ciento los califica como de “buenos” y un 19,7 por ciento de “muy buenos”.
Estas cifras confirman una visión revisionista del franquismo en el electorado de extrema derecha y de parte de la derecha, donde la dictadura se resignifica como sinónimo de orden, unidad nacional y autoridad moral frente a la fragmentación que creen que existe en el sistema democrático actual.
En cuanto a formaciones independentistas, nacionalistas o regionalistas. Un 83,2 por ciento de los votantes de Junts y un 75,8 por ciento de los de EAJ-PNV creen que los años de dictadura franquista fueron muy malos o malos, manteniendo una posición de condena mayoritaria, aunque menos homogénea. Por el contrario, Coalición Canaria (CCA) y Unión del Pueblo Navarro (UPN) muestran un patrón intermedio: entre los votantes de CCA, un 34,1 por ciento considera los años del franquismo como “buenos” y un 22,2 por ciento “regular”, mientras que en UPN predominan las opiniones “malas” (68,1 %).
Conocer y entender estas dinámicas es vital para fortalecer la democracia y ser conscientes de los riesgos de repolitizaciones autoritaria en la España de hoy.


